viernes, 26 de agosto de 2011

Feliz [No] cumpleaños, Julio Cortázar.

(Ixelles, Bélgica, 26 de agosto de 1914)


Carta a una señorita en París:

Andrée, yo no quería venirme a vivir a su departamento de la calle Suipacha. No tanto por los conejitos, más bien porque me duele ingresar en un orden cerrado, construido ya hasta en las más finas mallas del aire, esas que en su casa preservan la música de la lavanda, el aletear de un cisne con polvos, el juego del violín y la viola en el cuarteto de Rará. Me es amargo entrar en un ámbito donde alguien que vive bellamente lo ha dispuesto todo como una reiteración visible de su alma, aquí los libros (de un lado en español, del otro en francés e inglés), allí los almohadones verdes, en este preciso sitio de la mesita el cenicero de cristal que parece el corte de una pompa de jabón, y siempre un perfume, un sonido, un crecer de plantas, una fotografía del amigo muerto, ritual de bandejas con té y tenacillas de azúcar... Ah, querida Andrée, qué difícil oponerse, aun aceptándolo con entera sumisión del propio ser, al orden minucioso que una mujer instaura en su liviana residencia. Cuán culpable tomar una tacita de metal y ponerla al otro extremo de la mesa, ponerla allí simplemente porque uno ha traído sus diccionarios ingleses y es de este lado, al alcance de la mano, donde habrán de estar. Mover esa tacita vale por un horrible rojo inesperado en medio de una modulación de Ozenfant, como si de golpe las cuerdas de todos los contrabajos se rompieran al mismo tiempo con el mismo espantoso chicotazo en el instante más callado de una sinfonía de Mozart. Mover esa tacita altera el juego de relaciones de toda la casa, de cada objeto con otro, de cada momento de su alma con el alma entera de la casa y su habitante lejana. Y yo no puedo acercar los dedos a un libro, ceñir apenas el cono de luz de una lámpara, destapar la caja de música, sin que un sentimiento de ultraje y desafio me pase por los ojos como un bando de gorriones.
Usted sabe por qué vine a su casa, a su quieto salón solicitado de mediodía. Todo parece tan natural, como siempre que no se sabe la verdad. Usted se ha ido a París, yo me quedé con el departamento de la calle Suipacha, elaboramos un simple y satisfactorio plan de mutua convivencia hasta que septiembre la traiga de nuevo a Buenos Aires y me lance a mí a alguna otra casa donde quizá... Pero no le escribo por eso, esta carta se la envío a causa de los conejitos, me parece justo enterarla; y porque me gusta escribir cartas, y tal vez porque llueve.
Me mudé el jueves pasado, a las cinco de la tarde, entre niebla y hastío. He cerrado tantas maletas en mi vida, me he pasado tantas horas haciendo equipajes que no llevaban a ninguna parte, que el jueves fue un día lleno de sombras y correas, porque cuando yo veo las correas de las valijas es como si viera sombras, elementos de un látigo que me azota indirectamente, de la manera más sutil y más horrible. Pero hice las maletas, avisé a la mucama que vendría a instalarme, y subí en el ascensor. Justo entre el primero y segundo piso sentí que iba a vomitar un conejito. Nunca se lo había explicado antes, no crea que por deslealtad, pero naturalmente uno no va a ponerse a explicarle a la gente que de cuando en cuando vomita un conejito. Como siempre me ha sucedido estando a solas, guardaba el hecho igual que se guardan tantas constancias de lo que acaece (o hace uno acaecer) en la privacía total. No me lo reproche, Andrée, no me lo reproche. De cuando en cuando me ocurre vomitar un conejito. No es razón para no vivir en cualquier casa, no es razón para que uno tenga que avergonzarse y estar aislado y andar callándose.
Cuando siento que voy a vomitar un conejito me pongo dos dedos en la boca como una pinza abierta, y espero a sentir en la garganta la pelusa tibia que sube como una efervescencia de sal de frutas. Todo es veloz e higiénico, transcurre en un brevísimo instante. Saco los dedos de la boca, y en ellos traigo sujeto por las orejas a un conejito blanco. El conejito parece contento, es un conejito normal y perfecto, sólo que muy pequeño, pequeño como un conejilo de chocolate pero blanco y enteramente un conejito. Me lo pongo en la palma de la mano, le alzo la pelusa con una caricia de los dedos, el conejito parece satisfecho de haber nacido y bulle y pega el hocico contra mi piel, moviéndolo con esa trituración silenciosa y cosquilleante del hocico de un conejo contra la piel de una mano. Busca de comer y entonces yo (hablo de cuando esto ocurría en mi casa de las afueras) lo saco conmigo al balcón y lo pongo en la gran maceta donde crece el trébol que a propósito he sembrado. El conejito alza del todo sus orejas, envuelve un trébol tierno con un veloz molinete del hocico, y yo sé que puedo dejarlo e irme, continuar por un tiempo una vida no distinta a la de tantos que compran sus conejos en las granjas.
Entre el primero y segundo piso, Andrée, como un anuncio de lo que sería mi vida en su casa, supe que iba a vomitar un conejito. En seguida tuve miedo (¿o era extrañeza? No, miedo de la misma extrañeza, acaso) porque antes de dejar mi casa, sólo dos días antes, había vomitado un conejito y estaba seguro por un mes, por cinco semanas, tal vez seis con un poco de suerte. Mire usted, yo tenía perfectamente resuelto el problema de los conejitos. Sembraba trébol en el balcón de mi otra casa, vomitaba un conejito, lo ponía en el trébol y al cabo de un mes, cuando sospechaba que de un momento a otro... entonces regalaba el conejo ya crecido a la señora de Molina, que creía en un hobby y se callaba. Ya en otra maceta venía creciendo un trébol tierno y propicio, yo aguardaba sin preocupación la mañana en que la cosquilla de una pelusa subiendo me cerraba la garganta, y el nuevo conejito repetía desde esa hora la vida y las costumbres del anterior. Las costumbres, Andrée, son formas concretas del ritmo, son la cuota del ritmo que nos ayuda a vivir. No era tan terrible vomitar conejitos una vez que se había entrado en el ciclo invariable, en el método. Usted querrá saber por qué todo ese trabajo, por qué todo ese trébol y la señora de Molina. Hubiera sido preferible matar en seguida al conejito y... Ah, tendría usted que vomitar tan sólo uno, tomarlo con dos dedos y ponérselo en la mano abierta, adherido aún a usted por el acto mismo, por el aura inefable de su proximidad apenas rota. Un mes distancia tanto; un mes es tamaño, largos pelos, saltos, ojos salvajes, diferencia absoluta Andrée, un mes es un conejo, hace de veras a un conejo; pero el minuto inicial, cuando el copo tibio y bullente encubre una presencia inajenable... Como un poema en los primeros minutos, el fruto de una noche de Idumea: tan de uno que uno mismo... y después tan no uno, tan aislado y distante en su llano mundo blanco tamaño carta.
Me decidí, con todo, a matar el conejito apenas naciera. Yo viviría cuatro meses en su casa: cuatro -quizá, con suerte, tres- cucharadas de alcohol en el hocico. (¿Sabe usted que la misericordia permite matar instantáneamente a un conejito dándole a beber una cucharada de alcohol? Su carne sabe luego mejor, dicen, aunque yo... Tres o cuatro cucharadas de alcohol, luego el cuarto de baño o un piquete sumándose a los desechos.)
Al cruzar el tercer piso el conejito se movía en mi mano abierta. Sara esperaba arriba, para ayudarme a entrar las valijas... ¿Cómo explicarle que un capricho, una tienda de animales? Envolví el conejito en mi pañuelo, lo puse en el bolsillo del sobretodo dejando el sobretodo suelto para no oprimirlo. Apenas se movía. Su menuda conciencia debía estarle revelando hechos importantes: que la vida es un movimiento hacia arriba con un clic final, y que es también un cielo bajo, blanco, envolvente y oliendo a lavanda, en el fondo de un pozo tibio.
Sara no vio nada, la fascinaba demasiado el arduo problema de ajustar su sentido del orden a mi valija-ropero, mis papeles y mi displicencia ante sus elaboradas explicaciones donde abunda la expresión «por ejemplo». Apenas pude me encerré en el baño; matarlo ahora. Una fina zona de calor rodeaba el pañuelo, el conejito era blanquísimo y creo que más lindo que los otros. No me miraba, solamente bullía y estaba contento, lo que era el más horrible modo de mirarme. Lo encerré en el botiquín vacío y me volví para desempacar, desorientado pero no infeliz, no culpable, no jabonándome las manos para quitarles una última convulsión.
Comprendí que no podía matarlo. Pero esa misma noche vomité un conejito negro. Y dos días después uno blanco. Y a la cuarta noche un conejito gris.
Usted ha de amar el bello armario de su dormitorio, con la gran puerta que se abre generosa, las tablas vacías a la espera de mi ropa. Ahora los tengo ahí. Ahí dentro. Verdad que parece imposible; ni Sara lo creería. Porque Sara nada sospecha, y el que no sospeche nada procede de mi horrible tarea, una tarea que se lleva mis días y mis noches en un solo golpe de rastrillo y me va calcinando por dentro y endureciendo como esa estrella de mar que ha puesto usted sobre la bañera y que a cada baño parece llenarle a uno el cuerpo de sal y azotes de sol y grandes rumores de la profundidad.
De día duermen. Hay diez. De día duermen. Con la puerta cerrada, el armario es una noche diurna solamente para ellos, allí duermen su noche con sosegada obediencia. Me llevo las llaves del dormitorio al partir a mi empleo. Sara debe creer que desconfío de su honradez y me mira dubitativa, se le ve todas las mañanas que está por decirme algo, pero al final se calla y yo estoy tan contento. (Cuando arregla el dormitorio, de nueve a diez, hago ruido en el salón, pongo un disco de Benny Carter que ocupa toda la atmósfera, y como Sara es también amiga de saetas y pasodobles, el armario parece silencioso y acaso lo esté, porque para los conejitos transcurre ya la noche y el descanso.)
Su día principia a esa hora que sigue a la cena, cuando Sara se lleva la bandeja con un menudo tintinear de tenacillas de azúcar, me desea buenas noches -sí, me las desea, Andrée, lo más amargo es que me desea las buenas noches- y se encierra en su cuarto y de pronto estoy yo solo, solo con el armario condenado, solo con mi deber y mi tristeza.
Los dejo salir, lanzarse ágiles al asalto del salón, oliendo vivaces el trébol que ocultaban mis bolsillos y ahora hace en la alfombra efímeras puntillas que ellos alteran, remueven, acaban en un momento. Comen bien, callados y correctos, hasta ese instante nada tengo que decir, los miro solamente desde el sofá, con un libro inútil en la mano -yo que quería leerme todos sus Giraudoux, Andrée, y la historia argentina de López que tiene usted en el anaquel más bajo-; y se comen el trébol.
Son diez. Casi todos blancos. Alzan la tibia cabeza hacia las lámparas del salón, los tres soles inmóviles de su día, ellos que aman la luz porque su noche no tiene luna ni estrellas ni faroles. Miran su triple sol y están contentos. Así es que saltan por la alfombra, a las sillas, diez manchas livianas se trasladan como una moviente constelación de una parte a otra, mientras yo quisiera verlos quietos, verlos a mis pies y quietos -un poco el sueño de todo dios, Andrée, el sueño nunca cumplido de los dioses-, no así insinuándose detrás del retrato de Miguel de Unamuno, en torno al jarrón verde claro, por la negra cavidad del escritorio, siempre menos de diez, siempre seis u ocho y yo preguntándome dónde andarán los dos que faltan, y si Sara se levantara por cualquier cosa, y la presidencia de Rivadavia que yo quería leer en la historia de López.
No sé cómo resisto, Andrée. Usted recuerda que vine a descansar a su casa. No es culpa mía si de cuando en cuando vomito un conejito, si esta mudanza me alteró también por dentro -no es nominalismo, no es magia, solamente que las cosas no se pueden variar así de pronto, a veces las cosas viran brutalmente y cuando usted esperaba la bofetada a la derecha-. Así, Andrée, o de otro modo, pero siempre así.
Le escribo de noche. Son las tres de la tarde, pero le escribo en la noche de ellos. De día duermen ¡Qué alivio esta oficina cubierta de gritos, órdenes, máquinas Royal, vicepresidentes y mimeógrafos! Qué alivio, qué paz, qué horror, Andrée! Ahora me llaman por teléfono, son los amigos que se inquietan por mis noches recoletas, es Luis que me invita a caminar o Jorge que me guarda un concierto. Casi no me atrevo a decirles que no, invento prolongadas e ineficaces historias de mala salud, de traducciones atrasadas, de evasión Y cuando regreso y subo en el ascensor ese tramo, entre el primero y segundo piso me formulo noche a noche irremediablemente la vana esperanza de que no sea verdad.
Hago lo que puedo para que no destrocen sus cosas. Han roído un poco los libros del anaquel más bajo, usted los encontrará disimulados para que Sara no se dé cuenta. ¿Quería usted mucho su lámpara con el vientre de porcelana lleno de mariposas y caballeros antiguos? El trizado apenas se advierte, toda la noche trabajé con un cemento especial que me vendieron en una casa inglesa -usted sabe que las casas inglesas tienen los mejores cementos- y ahora me quedo al lado para que ninguno la alcance otra vez con las patas (es casi hermoso ver cómo les gusta pararse, nostalgia de lo humano distante, quizá imitación de su dios ambulando y mirándolos hosco; además usted habrá advertido -en su infancia, quizá- que se puede dejar a un conejito en penitencia contra la pared, parado, las patitas apoyadas y muy quieto horas y horas).
A las cinco de la mañana (he dormido un poco, tirado en el sofá verde y despertándome a cada carrera afelpada, a cada tintineo) los pongo en el armario y hago la limpieza. Por eso Sara encuentra todo bien aunque a veces le he visto algún asombro contenido, un quedarse mirando un objeto, una leve decoloración en la alfombra y de nuevo el deseo de preguntarme algo, pero yo silbando las variaciones sinfónicas de Franck, de manera que nones. Para qué contarle, Andrée, las minucias desventuradas de ese amanecer sordo y vegetal, en que camino entredormido levantando cabos de trébol, hojas sueltas, pelusas blancas, dándome contra los muebles, loco de sueño, y mi Gide que se atrasa, Troyat que no he traducido, y mis respuestas a una señora lejana que estará preguntándose ya si... para qué seguir todo esto, para qué seguir esta carta que escribo entre teléfonos y entrevistas.
Andrée, querida Andrée, mi consuelo es que son diez y ya no más. Hace quince días contuve en la palma de la mano un último conejito, después nada, solamente los diez conmigo, su diurna noche y creciendo, ya feos y naciéndoles el pelo largo, ya adolescentes y llenos de urgencias y caprichos, saltando sobre el busto de Antinoo (¿es Antinoo, verdad, ese muchacho que mira ciegamente?) o perdiéndose en el living, donde sus movimientos crean ruidos resonantes, tanto que de allí debo echarlos por miedo a que los oiga Sara y se me aparezca horripilada, tal vez en camisón -porque Sara ha de ser así, con camisón- y entonces... Solamente diez, piense usted esa pequeña alegría que tengo en medio de todo, la creciente calma con que franqueo de vuelta los rígidos cielos del primero y el segundo piso.
Interrumpí esta carta porque debía asistir a una tarea de comisiones. La continúo aquí en su casa, Andrée, bajo una sorda grisalla de amanecer. ¿Es de veras el día siguiente, Andrée? Un trozo en blanco de la página será para usted el intervalo, apenas el puente que une mi letra de ayer a mi letra de hoy. Decirle que en ese intervalo todo se ha roto, donde mira usted el puente fácil oigo yo quebrarse la cintura furiosa del agua, para mí este lado del papel, este lado de mi carta no continúa la calma con que venía yo escribiéndole cuando la dejé para asistir a una tarea de comisiones. En su cúbica noche sin tristeza duermen once conejitos; acaso ahora mismo, pero no, no ahora. En el ascensor, luego, o al entrar; ya no importa dónde, si el cuándo es ahora, si puede ser en cualquier ahora de los que me quedan.
Basta ya, he escrito esto porque me importa probarle que no fui tan culpable en el destrozo insalvable de su casa. Dejaré esta carta esperándola, sería sórdido que el correo se la entregara alguna clara mañana de París. Anoche di vuelta los libros del segundo estante, alcanzaban ya a ellos, parándose o saltando, royeron los lomos para afilarse los dientes -no por hambre, tienen todo el trébol que les compro y almaceno en los cajones del escritorio. Rompieron las cortinas, las telas de los sillones, el borde del autorretrato de Augusto Torres, llenaron de pelos la alfombra y también gritaron, estuvieron en círculo bajo la luz de la lámpara, en círculo y como adorándome, y de pronto gritaban, gritaban como yo no creo que griten los conejos.

He querido en vano sacar los pelos que estropean la alfombra, alisar el borde de la tela roída, encerrarlos de nuevo en el armario. El día sube, tal vez Sara se levante pronto. Es casi extraño que no me importe verlos brincar en busca de juguetes. No tuve tanta culpa, usted verá cuando llegue que muchos de los destrozos están bien reparados con el cemento que compré en una casa inglesa, yo hice lo que pude para evitarle un enojo... En cuanto a mí, del diez al once hay como un hueco insuperable. Usted ve: diez estaba bien, con un armario, trébol y esperanza, cuántas cosas pueden construirse. No ya con once, porque decir once es seguramente doce, Andrée, doce que serán trece. Entonces está el amanecer y una fría soledad en la que caben la alegría, los recuerdos, usted y acaso tantos más. Está este balcón sobre Suipacha lleno de alba, los primeros sonidos de la ciudad. No creo que les sea difícil juntar once conejitos salpicados sobre los adoquines, tal vez ni se fijen en ellos, atareados con el otro cuerpo que conviene llevarse pronto, antes de que pasen los primeros colegiales.



Justice.A cross the universe. (CD)


The Party.






Documental.
Preview:

Part 1: 

lunes, 22 de agosto de 2011

RJD2 - Live at the rave - The Colossus

Live at the Rave:
Download it here.


Tracklist:
01. Commissioner Crotchbuttons
02. A Beautiful Mine
03. True Confessions
04. Good Times Roll Part 1 & 2
05. Donkey Kong
06. Let There Be Horns
07. Bus Stop Bitties
08. 1979
09. Smoke And Mirrors
10. The Proxy
11. Get it
12. The Glow
13. The Horror
14. Ghostwriter



RJD2: Live at The Rave (Trailer) from The Belmont Sessions on Vimeo.








The Colossus:
Download it here.

Tracklist:
01. Let There Be Horns
02. Games You Can Win feat. Kenna
03. Giant Squid
04. Salud 2
05. The Glow
06. A Spaceship for Now
07. The Shining Path feat. Phonte Coleman
08. Crumbs off the Table feat. Aaron Livingston
09. A Son's Cycle feat. The Catalyst, Illogic & NP
10. Tin Flower feat. Heather Fortune
11. Small Plans
12. Gypsy Caravan
13. The Stranger
14. Walk with Me



LOLs



¡Jajajajaa!

domingo, 21 de agosto de 2011

Moby - Destroyed.

1.The Broken Places
2.Be The One
3.Sevastopol
4.The Low Hum
5.Rockets
6.The Day
7.The Right Thing
8.After
9.Victoria Lucas
10.Blue Moon
11.Lie Down in Darkness
12.Stella Maris
13.The Violent Bear It Away
14.Lacrimae
15.When You Are Old


Beirut - The Rip Tide


01 “A Candle’s Fire”
02 “Santa Fe”
03 “East Harlem”
04 “Goshen”
05 “Payne’s Bay”
06 “The Riptide”
07 “Vagabond”
08 “The Peacock”
09 “Port of Call
Download it HERE-

Ballroom Stories - Waldeck


1."Make My Day"  2:49
2."Jerry Weintraub"  3:08
3."Memories"  3:53
4."Addicted"  3:56
5."So Black & Blue"  3:28
6."Midsummer Night Blue"  4:37
7."Where Did You Fire The Gun?"  5:35
8."Dope Noir"  4:13
9."Get Up...Carmen"  4:00
10."Bei Mir Bist du Schon [Dub]"  4:09
11."Our Day Will Come" 










Pd. También te mandé a hacer una.







Download it HERE.

Little Dragon - Ritual Union





01. Ritual Union
02. Little Man
03. Brush The Heat
04. Shuffle A Dream
05. Please Turn
06. Crystalfilm
07. Precious
08. Nightlight
09. Summertearz
10. When I Go Out
11. Seconds




Download it here

martes, 16 de agosto de 2011

DSM IV

Digo, uno nunca sabe quién podría necesitarlo de por aquí.

Está la versión para descargar y aquí lo pueden leer más fácil en línea.



domingo, 14 de agosto de 2011

sábado, 9 de julio de 2011

El canto de los cronopios.

Cuando los cronopios cantan sus canciones preferidas, se entusiasman de tal manera que con frecuencia se dejan atropellar por camiones y ciclistas, se caen por la ventana, y pierden lo que llevaban en los bolsillos y hasta la cuenta de los días. Cuando un cronopio canta, las esperanzas y los famas acuden a escucharlo aunque no comprenden mucho su arrebato y en general se muestran algo escandalizados. En medio del corro el cronopio levanta sus bracitos como si sostuviera el sol, como si el cielo fuera una bandeja y el sol la cabeza del Bautista, de modo que la canción del cronopio es Salomé desnuda danzando para los famas y las esperanzas que están ahí boquiabiertos y preguntándose si el señor cura, si las conveniencias. Pero como en el fondo son buenos (los famas son buenos y las esperanzas bobas), acaban aplaudiendo al cronopio, que se recobra sobresaltado, mira en torno y se pone también a aplaudir, pobrecito.


-Julio Cortázar.

viernes, 8 de julio de 2011

Lo que me gusta de leer es encontrarme en lo que leo.
Y miren que...
lean esto.
 
Pueden encontrar a José Jardinero en Tuíter @JoséJardinero
y este texto está publicado en su blog: http://josejardinero.blogspot.com/
 
 
Otra versión de la espera.
-José Jardinero
 
Un trago.

Suspiro. Cerré los ojos y eché la cabeza hacia atrás. Silencio. Le di otro trago. ¿Vas a venir? ¿A qué hora llegas? Se abre la ventana.

Me descubrí esperándote en medio del desierto, sentado en mi silla sin saber exactamente si llegarías o no. No había nada alrededor, sólo el horizonte. Caían unas pobres gotas de lluvia, y eran tan pocas que no estaba seguro si llamarlas lluvia. Aunque por alguna razón las sentía tan adentro que por un momento creí que el desierto era yo. Sé que alguien pasó por aquí antes. Tengo el vago recuerdo que esa persona está enterrada aquí abajo. Quizá las patas de la silla la estén molestando en alguno de sus huesos. También sé que a esa persona la enterré yo, con arena y recuerdos inventados, con restos de insectos que crujen si me balanceo sobre mi silla, con fragmentos de viento que se mezclan con esos crujidos y se convierten en música eterna.

Maldito horizonte, está por todos lados.

Siento que mi luz se apaga, lo siento hasta en las uñas, hasta en la mugre que tengo bajo ellas. También lo siento porque ya no tengo pies. Un día los enterré en la arena y decidí regalárselos al desierto. Lo sé, el resto de mi cuerpo se irá desprendiendo poco a poco si no llegas, si sigue pasando el tiempo a escondidas, disfrazado de arena. Estoy perdiendo la cabeza. O tal vez no es perderla si yo mismo la aventé hacia atrás, para no ver dónde caía. Y pensar sin cabeza se vuelve cada vez más complicado. También recordé que olvidé una mano entre tus piernas, así que solo me queda una. Me la voy a quitar y también la voy a aventar lejos, a ver si de regreso trae algo, a ver si de regreso viene tomada de tu mano, a ver si te trae a ti. La que dejé en tus piernas no la muevas, esa ya no me pertenece. Curioso, cada vez me siento más de arena y menos de piel. Ahora quiero recuperar mi cabeza, pero jamás sabré dónde buscar, o quién sabe, tal vez viendo tu ombligo la encuentre.

No sé si me estoy volviendo desierto o el desierto se está volviendo yo.

Estoy tan débil que creo que el viento me va a deshacer. No podrá conmigo, no podrá con lo poco que soy, no podrá con mi soledad en medio del desierto, no podrá con mi brazo izquierdo, el que me queda. Volteo abajo y veo el brazo derecho, fundiéndose con el suelo caliente bajo la silla y sus patas que hierven, volviéndose también desierto, igual que todo lo demás. ¿A qué hora llegas? ¿Vas a venir? Soy un pedazo de pecho abandonado, no puedo creer que te siga esperando. Aunque ahora que soy desierto no es necesario que llegues, no podría explicártelo pero no me reconocerás, ya no soy yo.

Ahora que soy de arena me dedicaré a contar historias sobre tiempo.

El ruido de la ventana cerrándose me hizo volver a la habitación. Creo haber visto tu silueta acercándose. Beso. Tus labios húmedos hicieron que mi cuerpo se ensamblara de nuevo. Abrí mis ojos, guardé silencio. Me besaste de nuevo. Te estaba esperando. Qué bueno que llegaste, hace unos momentos fui desierto.

¿Un trago?

domingo, 3 de julio de 2011

¿Qué pasó ayer?

No creo que se pregunten por qué dejé de subir la programación de las Jornadas Alarconianas que acaban hoy, pero si acaso mis creencias están equivocadas les digo que pues se murió la cámara, uno no puede pasar la información sin una foto, ay sí, ay sí.

Los amo.

(ay sí, ay sí)

lunes, 27 de junio de 2011

sábado, 25 de junio de 2011

Jornadas Alarconianas, programa sábado 25 de junio.

¿Qué hay para hoy?


12:00 hrs.
Casa Borda
INAUGURACIÓN “RETROSPECTIVAS
DE JORNADAS ALARCONIANAS”
DE JOSÉ ARROYO REYES. Colección:
Propiedad del Consejo Municipal
para el rescate de las costumbres
y tradiciones de Taxco.
Exposición fotográfica
Casa Borda
POÉTICAS DEL VÉRTIGO: HACIA
UNA DECONSTRUCCIÓN DEL TEXTO
TEATRAL CONTEMPORÁNEO.
Imparte:
Mtro. Noé Morales. Taller

12:00 hrs. y 16:00 hrs
Plazas
PREGONEROS. Chitic producciones.
Teatro popular guerrerense
IMPROJORNEANDO. Liga de impro
Guerrero. Teatro popular guerrerense

17:00 hrs.
Muséo de arte virreinal
EL TEATRO DE GUERRERO, UNA
HISTORIA CONSTANTE. Participan:
Mtro. Enrique Caballero, Mtro. Raúl
Soto, Mtra. Malena Steiner, Mtro. Jaime
Figueroa y Josafat Nava. Moderador: Dra.
Blanca Reyna.
Mesa de diálogo
Plaza Borda. Corral plateresco
AMIGOS POR SIEMPRE. El Muro A.C.
Teatro infantil guerrerense

18:00 hrs.
Teatro Juan Ruiz de Alarcón
(Hotel La misión)
ÚLTIMAS PALABRAS. Sabandijas
de palacio. Dramaturgia y dirección:
Mariana Hartasánchez. Teatro
contemporáneo

19:00 hrs.
Auditorio Casa Borda
SOLA, UNIPERSONAL AL ESTILO
DE LOS CLÁSICOS. Apeiron teatro.
Dirección: Fernando Martínez Monroy.
Actúa: Pilar Villanueva.
Teatro contemporáneo

20:30 hrs.
Plaza Borda Corral plateresco
LA PRUEBA DE LAS PROMESAS.
Cía. Nacional de teatro clásico Fénix
Novohipano. Dramaturgia: Juan Ruiz
de Alarcón. Dirección: Francisco
Hernández. Teatro alarconiano


21:00 hrs.
Plazas. Salida del exconvento
de San Bernardino
HISTORIAS Y LEYENDAS DE TAXCO.
Chitic Producciones. Dirección: Yolohtli
Vázquez. Participación especial de la
Estudiantina del Real de Minas de Plata
de Taxco de Alarcón. Teatro popular
guerrerense

22:00 hrs.
Teatro Juan Ruiz de Alarcón
(Hotel La misión)
DIVORCIADAS. Cía. Ouroboro teatro.
Dramaturgia: Humberto Robles.
Dirección: José Miguel Córdova.
Teatro cabaret guerrerense


¿Qué hubo ayer?








 EL KNACK (Y CÓMO LOGRARLO).


Tour parte del Talle de @noemoralesmunoz

jueves, 23 de junio de 2011

Jornadas Alarconianas. Taxco de Alarcón, Guerrero.



Hola guapuras.

Les podría hablar (copy&pastear) sobre la historia de las Jornadas Alarconianas, pero si quieren saber la historia pues googleen.

Es un evento bastante bueno en el que Taxco se convierte por una semana en una ciudad-teatro. Hay teatro para todos los gustos, y no sólo eso, sino que también es una cosa musical y bueno, una maravilla.

Los señores de difusión turística y esas cosas se han quedado cortos todos los años y es triste saber que en ciudades cercanas a Taxco ni se sepa sobre la existencia de las Jornadas. Al menos ahora habrá un turibus México-Taxco, para toda la banda chilanga que quiera lanzarse a tan bonito evento en tan bonita ciudad vea que existe esa posibilidad. El Turibús México-Taxco operará diariamente del 24 junio al 3 de julio. Saldrá de la Ciudad de México en cuatro puntos: Auditorio Nacional, Ángel de la Independencia, Glorieta de Colón y Zócalo, llevando a los visitantes a Taxco con la opción de regresar el mismo día o que alarguen su estadía según su propia agenda. 

Aquí les dejo el programa:
http://i.guerrero.gob.mx/uploads/2011/05/programa-jornadas.pdf


¿Qué hay para el día viernes? Ah pues...

Casa Borda
INAUGURACIÓN “TAXCO DE 
ALARCON: ESCENARIO EN DOS 
DÉCADAS” de David Mijangos. CIPEI
Taxco. Exposición fotográfica

Casa Borda
POÉTICAS DEL VÉRTIGO: HACIA 
UNA DECONSTRUCCIÓN DEL TEXTO 
TEATRAL CONTEMPORÁNEO. 
Imparte: Mtro. Noé Morales. Taller
12:00 hrs. y 16:00 hrs

Plazas
PREGONEROS. Chitic producciones.
Teatro popular guerrerense
IMPROJORNEANDO. Liga de impro
Guerrero. Teatro popular guerrerense
17:00 hrs.
Plaza Borda Corral plateresco
NIÑO DE OCTUBRE. La máquina
de teatro. Autor: Maribel Carrasco.
Dirección: Clarissa Malheiros.
Escenografía: Juliana Faesler
Teatro infantil
18:30 hrs.
Museo de Arte Virreinal

INAUGURACIÓN “DEL TEATRO 
NACIONAL AL PALACIO DE BELLAS 
ARTES”, Historia del Palacio de Bellas
Artes. Exposición documental
18:00 hrs.
Teatro Juan Ruiz de Alarcón
(Hotel La misión)

UN CAMPO, CUANDO LA GUERRA 
LLEGA A TU JARDÍN. Cía. Los
endebles. Dramaturgia: Louise
Bombardier. Dirección: Boris Schoeman.
Teatro contemporáneo
19:00 hrs.
Plazas. Salida de Plaza Borda.

ESTUDIANTINA DEL REAL DE 
MINAS DE PLATA DE TAXCO DE 
ALARCÓN. Ensamble musical: Gerardo
Martínez Méndez, Clemente Avilés y
Julio A. Figueroa. Música


19:30 hrs.
Plaza Borda Corral plateresco
CEREMONIA DE INAUGURACIÓN
Bienvenida a cargo del Lic. Álvaro
Burgos Barrera, Presidente Municipal de
Taxco de Alarcón
Mensaje de Lic. Alejandra Frausto
Guerrero, Directora del Instituto
Guerrerense de la Cultura.
Mensaje de la Mtra. Consuelo Sáizar,
Presidenta del Consejo Nacional para la
Cultura y las Artes.

PREMIO BANDO ALARCONIANO 
A CARGO DEL PATRONATO DE 
JORNADAS ALARCONIANAS: Lic.
Ángel Aguirre Rivero, Lic. Alejandra
Frausto Guerrero, Lic. Manuel Zepeda
Mata, Lic. Gabriel Brito Camacho,
Lic. Carmen Tapia Martínez, Mtra. Sol
Garsidueña Pérez, Dr. Saturnino Abarca
Villada, Mtro. Javier Cuétara Priede y
Lic. Cristian Berger Trawitz.

LECTURA DEL BANDO 
ALARCONIANO Ganador a cargo
de la actriz Isela Vega
Entrega del Premio Juan Ruiz de
Alarcón a cargo de la Mtra. Teresa
Vicencio. Directora Gneral del Instituto
Nacional de Bellas Artes
Palabras Dramaturgo Premiado Mtro.
Flavio González Mello
Mensaje de inauguración del Lic.
Ángel Aguirre Rivero. Gobernador
Constitucional del Estado de Guerrero

20:30 hrs.
Plaza Borda Corral plateresco
EL KNACK (Y CÓMO LOGRARLO). 
Dirección: Odiseo Bichir.
Teatro contemporáneo

21:00 hrs.
Plazas. Salida del exconvento
de San Bernardino
HISTORIAS Y LEYENDAS DE TAXCO.
Chitic Producciones. Dirección: Yolohtli
Vázquez. Participación especial de la
Estudiantina del Real de Minas
de Plata de Taxco de Alarcón.
Teatro popular guerrerense

22:00 hrs.
Teatro Juan Ruiz de Alarcón
(Hotel La misión)
LA EROTICOMEDIA. Sabandijas
de palacio. Dramaturgia y dirección:
Mariana Hartasánchez.
Teatro cabaret




Estaré posteando algunas fotos que logre obtener de los eventos, les agradecería mucho si pueden presentar algunas. Si así lo desean favor de enviar las fotos a mi mail: usdii.utpqm@gmail.com así como el nombre o seudónimo que deseen que aparezca en ella. Muchísimas gracias.


¡Los esperamos!