martes, 29 de diciembre de 2009

Año Feliz Nuevo.


Se lo va a agradecer el corazón.



Fausto
.

Siento revivir en mi corazón los ardientes deseos que antes me animaban por ese vago imperio, por ese mundo de los espíritus tan bello y sosegado; flota mi canto, cual arpa eólica, en sonidos misteriosos, y me causa el sereno vapor que contemplo un estremecimiento de dicha. Corren mis lágrimas; tibio y suave ambiente desvanece el aterismo de mi corazón y veo en lontananza cuanto poseo, y no tardaré en ser nuevamente dueño de todo lo que huyó de mí.

-Goethe.

viernes, 25 de diciembre de 2009

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Wërther (Fragmento)



¿Por qué no te escribo? tú me lo preguntas; ¡tú, que te cuentas entre nuestros sabios! debes adivinar que me encuentro bien y que, en una palabra, he hecho una amistad que interesa a mi corazón. Yo he... yo no sé...

Difícil me será referirte de por sí cómo he conocido a la más amable de las criaturas. Soy feliz y estoy contento; por lo tanto, seré mal historiador.

¡Un ángel! ¡bah! todos dicen lo mismo de la que aman, ¿no es verdad? y, sin embargo, yo no podré decirte cuán perfecta es y por qué es perfecta; en resumen, ha esclavizado todo mi ser.

viernes, 18 de diciembre de 2009




La Tregua.
(Montevideo - 1960)


¿Usted ve alguna salida?

Lo que es yo, por mi parte, no la veo.


Hay gente que entiende lo que está pasando, pero se limitan a lamentarlo. Falta pasión, ese es el secreto de este gran globo democrático en que nos hemos convertido. Durante varios lustros hemos sido serenos, objetivos, pero la objetividad es inofensiva, no sirve para cambiar el mundo, ni siquiera para cambiar un país de bolsillo como éste. Hace falta pasión, y pasión gritada, o pensada a los gritos, o escrita a los gritos. Hay que gritarle en el oído a la gente, ya que su aparente sordera es una especie de autodefensa, de cobarde y malsana autodefensa. Hay que lograr que se despierte en los demás la verguenza de sí mismos, que se sustituya en ellos la autodefensa por el autoasco. El día que sientas asco de tu propia pasividad, ese día te convertirás en algo útil.


-Mario Benedetti.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Yo quería pintar...







Rutinas.

A mediados de 1974 explotaban en Buenos Aires diez o doce bombas por la noche. De distinto signo, pero explotaban. Despertarse a las dos o las tres de la madrugada con varios estruendos en cadena, era casi una costumbre. Hasta los niños se hacían a esa rutina.

Un amigo porteño empezó a tomar conciencia de esa adaptación a partir de una noche en que hubo una fuerte explosión en las cercanías de su apartamento, y su hijo, de apenas cinco años, se despertó sobresaltado.

"¿Qué fue eso?", preguntó. Mi amigo lo tomó en brazos, lo acarició para tranquilizarlo, pero, conforme a sus principios educativos, le dijo la verdad: "Fue una bomba". "¡Qué suerte!", dijo el niño. "Yo creí que era un trueno".

-Mario Benedetti.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

El Oxxero.


Un día cualquiera, de un frío muy cualquiera y obsoleto, el señor oxxero me vio feo; con esa mirada me mentaba mi linda madre o las mentaba al cielo. Se preguntaba por qué tenía ese trabajo, se preguntaba por qué precisamente ese día tenía que llegar alguien sonriendo; por qué precisamente ese día alguien tenía, sin querer, que sacarle una sonrisa como pago por alegrarle 2 segundos de su día. Se preguntaba por qué ese día, ya de noche, en el que se encontraba ya fastidiado de preguntar "¿de qué sabor es tu café?" y de decir "Son $34.50", justamente al decir la frase mágica preguntando por el sabor del café esa persona de suéter azul y sonrisa simple tenía que derramar su café en el mostrador...

Hablando de sonrisas, recuerdo una en especial... Era un señor, se parecía al papá de Gaby, (sólo he visto al Señor Papá de Gaby una vez en mi vida, así que tal vez encontré parecido al recuerdo por una imagen distorsionada) iba yo caminando, (ese día de septiembre que lamenté por última vez mis penas pasadas y juré procurar mi bien para siempre jamás, dejando atrás sucesos y personas provocadoras de esos sucesos en un sitio de nula importancia) iba con la mirada fija al suelo, esquivando personas que eran como bultos inanimados movidos por el humo desprendido de cigarros y escapes de camiones; me decidí a levantar la vista y el señor parecido al papá de Gaby me vio, y me sonrió... y se sintió tan sincero que no me alegró dos segundos como yo al oxxero, me alegró la vida, y en ese instante decidí ser feliz.

Tiré el café, y el monito oxxero no me dejó rellenar el vaso, lo maldije en pensamientos por haberme visto feo, y aún así seguí sonriendo y le pagué amablemente aunque en pensamientos siguiera deseándole un mal por atreverse a verme feo cuando yo sonreía.

Un día tiré el café en la cafetería "El Quirófano", todo mi americano grande se derramó sobre las tortas que recién habían salido. Richard me dijo: "no te preocupes", cuando le pregunté que cuánto le debía de las tortas y el café derramado. Me dió otro café americano grande y no me cobró las tortas porque dijo que había sido un accidente, y la verdad es que así fue.

En definitiva el café regado está y de eso no cabe duda, el vaso vacío, la pena y la sed siguen ahí, las ansias mayores porque tuvo contacto el vaso de unicel con las yemas de mis dedos, además, nunca encanta dañar tortas de gente hambrienta o kinder delice del público en general, o la propaganda de Un Kilo de Ayuda. Pero la gravedad de la fuerza de gravedad sumada a la torpeza de uno dan como resultado que el café, en efecto, caiga por todos lados, y es peor si está caliente.

Unos, como Richard te dejan rellenar el vaso y te dicen que no hay problema (y hasta sonríen), otros como el oxxero te ven feo y te cobran el café que ni probaste. El segundo tiene la justicia de su lado, pero el primero gana mucho más que los diecitantos pesos por el café derramado.

Las acciones que vamos realizando día con día, consciente o inconscientemente, tienen efectos de igual magnitud y opuestos...

Yo sólo quiero que me sonrian sinceramente, aunque me cobren el expresso...

jueves, 3 de diciembre de 2009

El Empleo - Santiago "Bou" Grasso.



Sinopsis
Un hombre realiza su trayecto habitual hacia el trabajo, inmerso en un sistema en el cual el uso de las personas como objetos es algo cotidiano.

Director
Santiago 'Bou' Grasso

Productor
Patricio Gabriel Plaza - Santiago 'Bou' Grasso

Productora
Opusbou

Guionista
Patricio Gabriel Plaza

Montaje
Santiago 'Bou' Grasso - Patricio Gabriel Plaza

Fotografía
Santiago 'Bou' Grasso - Patricio Gabriel Plaza

Música
-

Sonido
Patricio Gabriel Plaza

Dirección Artística
Santiago 'Bou' Grasso

-Átalo en corto.

http://www.ataloencorto.com/


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lunes, 30 de noviembre de 2009

Claudia.


Al parecer Claudia no es más que el simple recuerdo de una vida pasada mejor, una vida pasada feliz, con shorts de color azul y zapatos ortopédicos. Hoy cuando salió a clase de Fisiología me pregunté si en verdad existía, o existió, en algún momento del Bertha. Tal vez sí, tal vez no. Sólo recuerdo que mi madre le compraba aretitos o pulseras de plata cuando íbamos de vacaciones a Taxco.

Era una Claudia sencilla, de vida simple como la mía, de zapatos inolvidables y la típica trencita. De facciones infantiles poco agraciadas como las mías. De esas Claudias que ven hacia el cielo, o a la nada, y sonríen, esa sonrisa simple... como la mía.

Mirábamos con indiferencia los gritos y las críticas infantiles y absurdas prematuras. Los reclamos y las banalidades las veíamos pasar sin que nos tocaran, pasaban, sólo pasaban y no pasaba nada. Preguntábamos que qué era eso y nos contestaban que la Ouija, preguntábamos que para qué era y nos decían que para hablar con el diablo; nos dábamos la vuelta y sin pensar en los portales endemoniados nos íbamos a ver cómo Diego se caía del árbol, o cómo eran atacados los niños castrosos por las abejas indignadas ante la destrucción de su casa, familia y críos. Eso también pasaba, pasaba nada más, y tampoco pasaba nada.

Así era nuestra vida simple, sencilla... llegaba a decirle a mi madre que Sebastián había llorado porque Dafne (su hermana con quien compartiera hasta el útero) le había dicho que no lo quería. Y que además, el cabello de Dafne siempre olía a cigarro. Mamá decía una frase o dos y pasaba, todo pasaba, y no pasaba nada...

Llegaba a casa y hacía mi tarea, dos o tres garabatos, pintar números o letras, o que Anita lava la tina. Jugar con el buen Max, mi ahora anciano perro (quizás muerto), sentarse en la terraza y ver las nubes pasar, y pasar... y no pasaba nada.

Ahora que nada pasa, que todo se queda y deja huella. Ahora que el no pasa nada es de pensarse tres veces, ahora que cuesta trabajo ver que las cosas son más simples de lo que nos interesa saber, ahora que me detengo a ver las nubes pasar arrastradas por el viento, y de paso también acaricia las ramas de los árboles y las hace bailar, noto que es tarde ya... Me pregunto si Claudia alguna vez volverá.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Crimen y Castigo. (Fragmento)








"Ahora bien, soñaba que iba con su padre por el camino que conducía al camposanto y pasaban frente a la taberna; tomado de la mano del padre, miraba con terror hacia el antro. Un detalle singular llamaba su atención: se estaba realizando una verdadera saturnal; había toda una colección de pequeñosburgueses endomingados, mujeres del pueblo con sus maridos y multitud de individuos de bajo fondo. Todos estaban ebrios y cantaban con voces aguardentosas. Frente a la entrada de la taberna había una carreta, uno de esos enormes vehículos a los que de ordinario se enganchan fuertes caballos de tiro para el transporte de mercaderías y toneles de vino. Siempre le gustaba contemplar esos poderosos animales, de largas crines y patas robustas, que marchaban apaciblemente con paso rítmico, arrastrando carretas cuya carga hacíales asemejarse a montañas, sin demostrar la menor fatiga, como si esos fardos fueran para ellos un alivio en lugar de un enorme peso.
Pero, cosa extraña, a ese vehículo estaba atada una escuálida yegua, uno de esos lamentables rocines que arrastran penosamente cargamentos de madera o de heno por caminos intransitables en los que las ruedas de hunden hasta el eje, y que los campesinos castigan sin piedad a latigazos en el hocico y hasta en los ojos, con tal crueldad que daban ganas de llorar al niño y que hacía que su madre lo alejara de la ventana. De pronto se escuchó un gran alboroto: varios robustos mujiks salieron de la taberna gritando, cantando y tocando la balalaika, borrachos perdidos. Llevaban camisas rojas o azules, y la blusa sobre el hombro.
-Suban, suban todos -gritó uno de ellos, un campesino coloradote y con cuello de toro-. Yo los llevo a todos, suban.
Los demás acogieron sus palabras con risas y exclamaciones.
-¿Con esta yegua tísica quieres llevarnos?
-¡Eh, Mikolka! ¿Estás loco? ¿Cómo se te ocurre atar este bicho tan chico a una carreta tan grande?
-¡A fe mía que esta bestia debe tener veinte años, por lo menos!
-¡Suban todos; yo llevaré a todo el mundo! -gritó de nuevo Mikolka y subió de un salto, apoderose de las riendas y se iguió cuan alto era.
-Matvei se llevó el caballo bayo -agregó-, y esta yegua infame es para mí una verdadera plaga. Creo que lo mejor sería matarla; no vale lo que come. ¡Vamos, suban! ¡Van a ver cómo la hago galopar!
Empuñó el látigo con fuerza, como si saboreara de antemano la voluptuosidad de castigar al pobre animal.
-¡Bueno, subamos! -dijo alguien del grupo-. Ya lo han oído. ¡Dice que esta yegua va a galopar!
-¡Pero si debe hacer más de seis años que no corre!
-Ahora va a correr...
-¡No le tengan lástima, amigos! Que cada uno agarre un palo y se disponga a usarlo...
-¡Vamos a golpear sin asco!


-Fedor M. Dostoievski.


domingo, 22 de noviembre de 2009

Señor Tejón.


Si las prioridades de la vida no son las prioridades del momento, y las del momento no son precisamente las de la vida, qué puedo decir mi vida, te he querido, tal vez, toda la vida. O quién sabe, tal vez no. Muy probablemente no.

Es fácil hacerse el desentendido, aunque nunca se me ha dado tampoco. Era una preadolescente de 3 años cuando mi hermano nació, y yo quería que se llamara Pepe. Si nuestra perra paría perritos (tal vez suene muy redundante, pero uno ya no sabe) quería que se llamaran Pepe, pero más quería que se llamara así mi hermano. Mi mamá nunca quiso, y les caía en gracia que quisiera que se llamara Pepe. Quién sabe qué fue de Pepe, era joven al igual que yo, mismo Kínder y todo, nuestras madres eran amigas así que iban a visitarnos o nosotros a ellos y jugaba felizmente con Pepe. Era un niño desproporcionado, aunque qué niño de 3 lo es, tenía una cabeza grande y el cuerpo pequeñito, su nombre real era José Alberto. Les digo que jugábamos en su o mi casa, éramos parte del mismo grupo de preprimaria, fuimos del mismo grupo con la maestra Silvia y le dábamos nuestros sándwiches a los tejones, que bajaban de los tejados por las palmeras, cuando no queríamos comer lo que nos mandaban nuestras respectivas madres, o nada mas para ver a los tejones bajar. Recuerdo que había una historia que jamás supe si era cierta o no: una niña le dio su sándwich al tejón y el ingrato, utilizando sus enormes garras, le soltó un zarpazo en la cara. Tal vez sólo era cuento para que no alimentáramos a los tejones, o quizás sí hubo niña arañada, quién sabe, pero, ahora que lo pienso... ¡¿por qué había tejones?!

El punto es que nunca fui consciente de si me gustaba Pepe o no, éramos amiguitos de siempre, de hecho la mayoría de mi tiempo lo invertía en otra gente, como en los zapatos ortopédicos de Claudia, entonces yo no entiendo por qué quería que mi hermano se llamara Pepe.

Hay veces en las que sin darnos cuenta ya nos estamos haciendo los desentendidos cuando un par de palabras, por simples o superfluas que sean, nos hacen sonreír estúpidamente o quizás hasta nos ruborizan, y te dices "¡Hey, tranquilo muchacho!" y sacudes ligeramente la cabeza tratando de que así se vaya el pensamiento endemoniado de que tal vez haya alguien enamorado. Puede ser el caso de muchos, en cambio yo, cuando un par de palabras simples o superfluas logran hacerme sonreír estúpidamente me limito a reír malévolamente.



And now, Paco smiles. y no Pepe.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Usdii.

Son como las 10 y algo, siento los ojos secos, podría ponerme mis gotitas lubricantes de ojos pero no quiero levantarme y perderme de esta incomodidad que brinda la silla que me soporta, pobre, no le queda de otra.

Casi me terminaba el café de mi taza feliz y me pregunté "¿Lista?", y claro que soy lista, bueno, no mucho, si de la clase de astucia mañosa se trata porque no se me da mucho. Copiar en exámenes nunca se me ha dado, y no por ese golpe del actuar conforme al deber ser que se me ha ido encajando en las ideas como un poema de Benedetti, o peor como una canción de Nacho Vegas, recientemente, si no porque no sé cómo se hace, carezco de la técnica; o como el juego de manos necesario para cambiar el papelito del tema que te tocó del que también carezco, o como el mentirle a tu madre para conseguir permisos o misericordia que tampoco se me da. Pero, cambiando de concepto, sí, estaba lista. Mi libro de fisiología estaba justo frente a mi con plena disposición a ser leido. Había estado leyendo blogcitos, y me dije "hace mucho que no escribo", sí estaba lista para empezar a leer, pero estaba. Hay prioridades en esta vida, pero las prioridades de la vida no son las prioridades del momento, por eso mismo hoy, siendo pasadas las diez y algo de hace un rato, con la canción de "You are my sunshine" recorriendo un maratón por mi corteza, declaro que estoy lista para estudiar después de haber escrito algo.

:D




The other night dear, as I lay sleeping
I dreamed I held you in my arms
But when I awoke, dear, I was mistaken
So I hung my head and I cried.

You are my sunshine, my only sunshine
You make me happy when skies are gray
You'll never know dear, how much I love you
Please don't take my sunshine away

I'll always love you and make you happy,
If you will only say the same.
But if you leave me and love another,
You'll regret it all some day:

You are my sunshine, my only sunshine
You make me happy when skies are gray
You'll never know dear, how much I love you
Please don't take my sunshine away

You told me once, dear, you really loved me
And no one else could come between.
But not you've left me and love another;
You have shattered all of my dreams:

You are my sunshine, my only sunshine
You make me happy when skies are gray
You'll never know dear, how much I love you
Please don't take my sunshine away

In all my dreams, dear, you seem to leave me
When I awake my poor heart pains.
So when you come back and make me happy
I'll forgive you dear, I'll take all the blame.

You are my sunshine, my only sunshine
You make me happy when skies are gray
You'll never know dear, how much I love you
Please don't take my sunshine away

jueves, 29 de octubre de 2009

La catedral del mar (fragmento).


Dicen que es el fin del mundo —se lamentó un día Arnau al entrar en su casa—. Barcelona entera ha enloquecido. Los flagelantes, se hacen llamar. —Maria estaba de espaldas a él. Arnau se sentó a la espera de que su mujer lo descalzase y continuó hablando—:Van por las calles a cientos, con el torso descubierto, gritan que se acerca el día del juicio final, confiesan sus pecados a los cuatro vientos y se flagelan la espalda con látigos. Algunos la tienen en carne viva y continúan...—
Arnau acarició la cabeza de Maria, arrodillada frente a él. Ardía—. ¿Qué...?
Buscó la barbilla de su mujer con la mano. No podía ser. Ella no.
Maria levantó unos ojos vidriosos hacia él. Sudaba y tenía el rostro congestionado. Arnau intentó levantarle más la cabeza para verle el cuello, pero ella hizo un gesto de dolor.
—¡Tú no! —exclamó Arnau.
Maria, arrodillada, con las manos en las esparteñas de su esposo, miró fijamente a Arnau mientras las lágrimas empezaban a caer por sus mejillas.
—Dios, tú no. ¡Dios! —Arnau se arrodilló junto a ella.
—Vete, Arnau —balbuceó Maria—. No te quedes junto a mí.
Arnau intentó abrazarla, pero al cogerla por los hombros, Maria volvió a hacer una mueca de dolor.
—Ven —le dijo alzándola lo más suavemente que pudo. Maria, sollozando, volvió a insistir
en que se fuera—. ¿Cómo voy a dejarte? Eres todo lo que tengo... ¡lo único que tengo! ¿Qué haría yo sin ti? Algunos se curan, Maria. Tú te curarás. Tú te curarás. —Intentando consolarla la llevó hasta la alcoba y la tumbó sobre la cama. Allí pudo ver su cuello, un cuello que recordó precioso y que ahora empezaba a ennegrecer—. ¡Un médico! —gritó abriendo la ventana y asomándose al balcón. Nadie pareció oírle. Sin embargo, aquella misma noche, cuando las bubas empezaban a adueñarse del cuello de Maria, alguien marcó su puerta con una cruz de cal.
Arnau sólo pudo poner paños de agua fría sobre la frente de Maria. Tumbada en la cama, la mujer tiritaba. Incapaz de moverse sin sufrir terribles dolores, sus sordos quejidos erizaban el vello de Arnau. Maria tenía la vista perdida en el techo. Arnau vio cómo crecían las bubas del cuello y la piel se volvía negra.
«Te quiero, Maria. ¿Cuántas veces habría querido decírtelo?» Le cogió la mano y se arrodilló junto a la cama. Así pasó la noche, agarrado a la mano de su mujer, tiritando y sudando con ella, clamando al cielo con cada espasmo que sufría Maria.
La amortajó con la mejor de las sábanas que tenían y esperó a que pasara el carro de los muertos. No la dejaría en la calle. Él mismo la entregaría a los funcionarios. Así lo hizo. Cuando oyó el cansino repiquetear de los cascos del caballo, cogió el cadáver de Maria y lo bajó hasta la calle.
—Adiós —le dijo besándola en la frente.
Los dos funcionarios, enguantados y con los rostros tapados con paños gruesos, miraron sorprendidos cómo Arnau destapaba la cara de Maria y la besaba. Nadie quería acercarse a los apestados, ni siquiera sus seres queridos, que los abandonaban en la calle o, como mucho, los llamaban a ellos para que los recogiesen en los lechos en que habían encontrado la muerte. Arnau
entregó su esposa a los funcionarios, que, impresionados, intentaron dejarla con cuidado sobre la decena de cadáveres que portaban.
Con lágrimas en los ojos, Arnau miró cómo se alejaba el carro hasta que se perdió en las calles de Barcelona.
Él sería el siguiente: entró en su casa y se sentó a esperar la muerte, deseoso de reunirse con Maria. Tres días enteros estuvo Arnau aguardando la llegada de la peste, palpándose constantemente el cuello en busca de una hinchazón que no llegaba. Las bubas no aparecieron y Arnau acabó convenciéndose de que, de momento, el Señor no lo llamaba a su lado, junto a su esposa.


-Ildefonso Falcones.

martes, 13 de octubre de 2009

A pesar dos.

Y sin embargo, al final, voy ganando… a pesar de tus palabras sin rumbo, de tus esfuerzos por humedecer los ojos, mis inundaciones y huracanes traicioneros, a pesar de mis tardes en deambule, de haberme roto las tripas para sacar desde el fondo mis ansias para hacer un coctail con tus dudas para verte a tí beber ese martini, a pesar de ser el de los detalles a tiempo, el de las palabras rítmicas y pausadas, el de los futuros a dosis lógicas, con todo y que fui el que muere de ganas y no de miedo, aún cuando soy el de los post its de frases inquietas, el de los brazos extendidos hasta la fe, el que te timbra cuando quieres y te suelta a tu antojo, el que pone en perspectiva el tiempo y te lo dibuja de cumpleaños, el que se escabulle en tu vida para dejarte sorpresas de sonrisa, el que se desentiende y clama por paz, el que emancipa y el que juega a ser aeropuerto, a pesar de ser el que enferma luego y se emborracha antes, el que vomita sobre tu recuerdo, a pesar de ser el que muerde la almohada para no llamarte, el que se saca del cajón de los recuerdos la capacidad de entendimiento en retaguardia, el que pregunta lo que no quiere saber y el que te odia en silencio, el que borra tu número finalmente, el que se aburre con esto, el que no encuentra en ningún escaparate una foto más linda que tu olor, a pesar de ser el desenterrado y el occiso y timado, el que se quedó con la versión de la soledad para luego chocar con tus dilatadas ganas en otro vaho, a pesar de ser el suscrito, el burlado y el finado, el que descree de todo y se diluye de a poco en otro lado, a pesar de más y todo esto, al final yo me voy ganando.


viernes, 9 de octubre de 2009

he sido moderadamente infeliz...





Como los erizos, ya sabeis, los hombres un dia sintieron sufrir y quisieron compartirlo.
Entonces se inventaron el amor.
El resultado fue, ya sabeis, como en los erizos.



Vivi, sufrí y amé, y todo para qué...

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Soy mi cuerpo.


Soy mi cuerpo. Y mi cuerpo está triste, está cansado.
Me dispongo a dormir una semana, un mes; no me hablen.

Que cuando abra los ojos hayan crecido los niños y todas las cosas sonrían.
Quiero dejar de pisar con los pies desnudos el frío.
Échenme encima todo lo que tenga calor, las sábanas, las mantas, algunos papeles y recuerdos, y cierren todas las puertas para que no se vaya mi soledad.

Quiero dormir un mes, un año, dormirme.
Y si hablo dormido no me hagan caso, si digo algún nombre, si me quejo.
Quiero que hagan de cuenta que estoy enterrado, y que ustedes no pueden hacer nada hasta el día de la resurrección.

Ahora quiero dormir un año, nada más dormir.


-Jaime Sabines.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Para mis septiembres y los de los demás.


[...]
cuidado que me estoy despertando
yo compatriota de ocho años
comienzo a joderme desde infante
a consolarme como si vivir mereciera consuelo

sé que estoy lleno de parientes
de primos segundos
padres equidistantes
grandes trinchantes y roperos
y cómodas sillas con abuelos
monopatines
hermanita
etcétera

tengo en la mano un naipesueño
no está mal pero sobre todo no está bien
debo acostumbrarme de una vez por todas al vacío
y asimismo a la desbordante plenitud

cuidado mundo gente cosas cuidadito
que me estoy despertando
los hermosos tucanes se balancean aún
pero en su inminente desequilibrio
ya no me miran con su ojo lateral y admonitorio

yo compatriota de ocho años
traigo una serie completa de intenciones
que incluye las celestiales y las aviesas
un estuche de intenciones
que todavía no he abierto
porque entiéndanme apenas tengo ocho años
y eso significa caramelos de mentabochones
de colores en maraña
gaudeamus varios de dulce de leche
y maestras de guardapolvo blanco
de las que estoy condenado a enamorarme
nada más que para no defraudar a freud
un baúl de propósitos que aún desconozco
pero que están seguramente en mí
como la pupila el bazo la vejiga

justamente me estoy despertando
y tengo tantas ganas de orinar
como en cualquier día que no sea mi cumpleaños

hola digo con la voz de ayer
corregida por el moho de hoy
que los cumplas muy feliz dice mamá flamenco
poniendo en la sonrisa toda su elegancia
queno es mucha
por qué será que el cariño se rodea de fluoresencias
sin embargo hay que admitir que estos besos me hacen justicia
tiernos y discontinuos besos con gusto a tanjarina
en cierto modo me siento como un precoz profesional de la dicha
aprovechate osvaldo
que el rencor se acerca como un oleaje
la tristeza como una nube de mejillas negras
la hipocresía como una campana venenosa
la soledad como la soledad
y basta.




Feliz cumpleaños.



-Mario Benedetti.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Mucho gusto.


Se habían encontrado en la barra de un bar, cada uno frente a una jarra de cerveza, y habían empezado a conversar al principio, como es lo normal, sobre el tiempo y la crisis, luego, de temas varios, y no siempre racionalmente encadenados. Al parecer, el flaco era escritor, el otro, un señor cualquiera. No bien supo que el flaco era literato, el señor cualquiera, empezó a elogiar la condición de artista, eso que llamaba el sencillo privilegio de poder escribir.
- No crea que es algo tan estupendo -dijo el Flaco-, también hay momentos de profundo desamparo en lo que se llega a la conclusión de que todo lo que se ha escrito es una basura; probablemente no lo sea, pero uno así lo cree. Sin ir más lejos, no hace mucho, junté todos mis inéditos, o sea un trabajo de varios años, llamé a mi mejor y le dije: Mira, esto no sirve, pero comprenderás que para mi es demasiado doloroso destruirlo, así que hazme un favor; quémalos; júrame que lo vas a quemar y me lo juró.
El señor cualquiera quedó muy impresionado ante aquel gesto autocrítico, pero no se atrevió a hacer ningún comentario. Tras un buen rato de silencio, se rascó la nuca y empinó la jarra de cerveza.
- Oiga, don -dijo sin pestañear-, hace rato que hemos hablado y ni siquiera nos hemos presentado, mi nombre es Ernesto Chavez, viajante de comercio y le tendío la mano.
- Mucho gusto -dijo el otro, oprimiéndola con sus dedos huesudos-, Franz Kafka para servirle.

-Mario Benedetti.

domingo, 13 de septiembre de 2009




La famosa Helen Gwynn, al salir cierto día de una casa donde había realizado una breve visita, y al disponerse a subir a su coche, vio congregado en torno al vehículo un grupo de gente, y a su lacayo todo ensangrentado y sucio. Al preguntarle Helen a qué se debía el estado en que se encontraba, el criado repuso:

―He estado luchando, señora, con un villano deslenguado que ha dicho que la señora era una ramera.

―¡Qué estúpido eres! ―respondió Mrs. Gwynn―. Por ese motivo tendrás que pelearte todos los días de tu vida, pues todo el mundo sabe que lo soy.

―¿Que lo saben? ―murmuró el hombre entre dientes, luego de haber cerrado la puerta del coche―. Muy bien, pero a pesar de ello yo no permitiré que nadie me llame el criado de una ramera.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Pausa



De vez en cuando hay que hacer
una pausa
contemplarse a sí mismo
sin la fruición cotidiana
examinar el pasado
rubro por rubro
etapa por etapa
baldosa por baldosa

y no llorarse las mentiras
sino cantarse las verdades.


-Mario Benedetti.

miércoles, 2 de septiembre de 2009





"Yo no sé, mirá, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana, se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes mientras le crece la barriga, ya es una gotaza que cuelga majestuosa y de pronto zup ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol. Pero las hay que se suicidan y se entregan en seguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran, me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós."

-El aplastamiento de las gotas, Julio Cortázar.



lunes, 24 de agosto de 2009


Luego de 50 años trabajando de sol a sol, era lógico que cuando mi abuela se jubilara perdería la razón. Antes de tres meses la pobre Tere ya no tenía memoria. Nos desconocía a todos, hasta a su cuerpo, ahora llagado y de esfínteres rebeldes.

Lo que sigue es lógico: la abuela en estado vegetal, a cuidados intermitentes de sus hijas. El departamento de Eugenia se volvió gris, en la espera lenta de una muerte en silencio.

Hasta que un día el vecino de arriba salió con demasiada prisa y dejó abierto el grifo. El techo no soportó el peso del agua y se desplomó sobre la anciana, que manchaba el último pañal de su vida. La lógica, a veces, también pierde la memoria.

Ruy Feben

miércoles, 19 de agosto de 2009

viernes, 14 de agosto de 2009


Pasarás por mi vida sin saber que pasaste.
Pasarás en silencio por mi amor, y, al pasar,
fingiré una sonrisa, como un dulce contraste
del dolor de quererte... y jamás lo sabrás.

Soñaré con el nácar virginal de tu frente;
soñaré con tus ojos de esmeralda de mar;
soñaré con tus labios desesperadamente;
soñaré con tus besos... y jamás lo sabrás.

Quizás pases con otro que te diga al oído
esas frases que nadie como yo te dirá;
y, ahogando para siempre mi amor inadvertido,
te amaré más que nunca... y jamás lo sabrás.

Yo te amaré en silencio, como algo inaccesible,
como un sueño que nunca lograré realizar,
y el lejano perfume de mi amor imposible
rozará tus cabellos... y jamás lo sabrás.

Y si un día una lágrima denuncia mi tormento,
-el tormento infinito que te debo ocultar-,
te diré sonriente: "No es nada... Ha sido el viento".
Me enjugaré la lágrima... y jamás lo sabrás.


-José Ángel Buesa.

jueves, 13 de agosto de 2009

La era digital.



En el siglo 31, un antropólogo hallará en este blog una frase que demostrará que el DF del siglo 21 no era tan salvaje. El estudioso, que ganará el honoris causa, pronunciará solemnemente el enunciado:

El DF es el clímax de la era digital”.

Todos aplaudirán, sin saber que, igual que Lascaux, y eso del “puto el que lo lea”, y las artimañas de Tito y su dinosaurio (que todos dicen entender a cabalidad), esa frase es un trabalenguas.

Y mientras los del futuro nos imaginan con wi-fi genital y blackberrys del IMSS, no sabrán de nuestra auténtica habilidad digital: el levantamiento del dedo medio (en horas pico), que en esta ciudad logra más que el GPS más avanzado.


Ruy Feben.


martes, 11 de agosto de 2009

Uno no sabe qué puede suceder mañana y estoy más cerca de la muerte que de volver a nacer.




Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la naríz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando Corriente en todo menos en una cosa: tenía Otro Yo.

El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente , se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse imcómodo frente a sus amigos. Por otra parte el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo.

Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó el Otro Yo lloraba con desconsuelo. En el primer momento, el muchacho no supo que hacer, pero después se rehizo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero a la mañama siguiente se habia suicidado.

Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre Armando, pero enseguida pensó que ahora sí podría ser enteramente vulgar. Ese pensamiento lo reconfortó.

Sólo llevaba cinco días de luto, cuando salió la calle con el proposito de lucir su nueva y completa vulgaridad. Desde lejos vio que se acercaban sus amigos. Eso le lleno de felicidad e inmediatamente estalló en risotadas . Sin embargo, cuando pasaron junto a él, ellos no notaron su presencia. Para peor de males, el muchacho alcanzó a escuchar que comentaban: «Pobre Armando.Y pensar que parecía tan fuerte y saludable».

El muchacho no tuvo más remedio que dejar de reír y, al mismo tiempo, sintió a la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia. Pero no pudo sentir auténtica melancolía, porque toda la melancolía se la había llevado el Otro Yo.

El Otro Yo-Mario Benedetti

viernes, 7 de agosto de 2009

Canción de la lluvia.


Acaso está lloviendo también en tu ventana;
acaso esté lloviendo calladamente, así.
Y mientras anochece de pronto la mañana,
yo sé que, aunque no quieras, vas a pensar en mí.



Y tendrá un sobresalto tu corazón tranquilo,
sintiendo que despierta tu ternura de ayer.
Y, si estabas cosiendo, se hará un nudo en el hilo,
y aún lloverá en tus ojos, al dejar de llover.

José Ángel Buesa.

...


Lo planea con precisión de cirujano: se verán a las 17hrs en el restaurante, pedirán pasta y vino. Festejarán su ascenso: será caballeroso con su mujer, fraternal con su amigo. Su gesto no dejará entrever un solo rencor. Sin que nadie lo sepa, la mesa estará a nombre de Edmundo Dantés. Sonrisas, las sonrisas de siempre. Tocará en secreto la pierna de su esposa. Luego, el brindis:

- Quiero agradecerles por el apoyo, en especial a mi esposa y a mi gran amigo, por traicionarme juntos durante años.

Vendrá entonces el estupor colectivo en la mesa del señor Dantés, el silencio sorpresivo, otra sonrisa de despedida, media vuelta y un cigarrillo a la salud del olvido.

Ruy Feben


While you are away
My heart comes undone
Slowly unravels
In a ball of yarn
The devil collects it
With a grin
Our love
In a ball of yarn

He'll never return it

So when you come back
We'll have to make new love

He'll never return it

When you come back
We'll have to make new love

While you are away
My heart comes undone
Slowly unravels
In a ball of yarn
The devil collects it
With a grin
Our love, our love,
In a ball of yarn

He'll never return it

When you come back
We'll have to make new love

He'll never return it

When you come back
We'll have to make new love

He'll never return it

When you come back
We'll have to make new love

miércoles, 5 de agosto de 2009


Dios dijo:
Ama a tu prójimo como a ti mismo.
En mi país
el que ama a su prójimo
se juega la vida.


Download-Radiohead.

http://www.mediafire.com/file/jmjzzudioyj/Amnesiac.rar Amnesiac!
http://www.mediafire.com/?m2dvmjkmjvy Kid A!
http://www.mediafire.com/?qmz4kkket24 Ok Computer.
http://www.mediafire.com/?z2qoi3ntjyb Pablo Honey.

Links feos por causas desconocidas (:

jueves, 30 de julio de 2009

Ruta interior.


Hay momentos en que nuestras acciones -el ir de aquí para allá, el hacer esto o aquello- se desenvuelven de modo tan fácil y libre que nos parece como si todo pudiera ser de otro modo. En otros momentos, en cambio, todo aparece como rígido e inmutable, como si nada fuera libre o fácil y hasta nuestra respiración parece determinada por poderes extraños y por un destino fatal.



Las acciones llamadas "buenas" y de las cuales hablamos con placer, corresponden en general a ese tipo "fácil" y son las que olvidamos rápidamente. En cambio, los actos cuya evocación nos molesta, nunca llegamos a olvidarlos. En cierto sentido, son más nuestros que los otros, y llegan a proyectar sombras que se prolongan sobre todos los días de nuestra vida.


-Hermann Hesse.

sábado, 25 de julio de 2009

Instrucciones. Ejemplos sobre la forma de tener miedo.



En un pueblo de Escocia venden libros con una página en blanco perdida en algún lugar del volumen.
Si un lector desemboca en esa página al dar las tres de la tarde, muere.
En la plaza del Quirinal, en Roma, hay un punto que conocían los iniciados hasta el siglo XIX, y desde el cual, con luna llena, se ven moverse lentamente las estatuas de los Dióscuros que luchan con sus caballos encabritados.
En Amalfí, al terminar la zona costanera, hay un malecón que entra en el mar y la noche. Se oye ladrar a un perro más allá de la última farola.
Un señor está extendiendo pasta dentrífica en el cepillo. De pronto ve, acostada de espaldas, una diminuta imagen de mujer, de coral o quizá de miga de pan pintada.
Al abrir el ropero para sacar una camisa, cae un viejo almanaque que se deshace, se deshoja, cubre la ropa blanca con miles de sucias mariposas de papel.
Se sabe de un viajante de comercio a quien le empezó a doler la muñeca izquierda, justamente debajo del reloj de pulsera. Al arrancarse el reloj, saltó la sangre: la herida mostraba la huella de unos dientes muy finos.
El médico termina de examinarnos y nos tranquiliza. Su voz grave y cordial precede los medicamentos cuya receta escribe ahora, sentado ante su mesa. De cuando en cuando alza la cabeza y sonríe, alentándonos. No es de cuidado, en una semana estaremos bien. Nos arrellanamos en nuestro sillón, felices, y miramos distraídamente en torno. De pronto, en la penumbra debajo de la mesa vemos las piernas del médico. Se ha subido los pantalones hasta los muslos, y tiene medias de mujer.

Julio Cortázar.

jueves, 23 de julio de 2009

La calle de la gran ocasión (fragmento)

Listening to the Earth
ParkeHarrison, Robert and Shana, b.1968/64
21st Journal of Contemporary Photography Vol. II, 1999
21.6 x 16.5 cm


DRAGÓN: No puedo ni siquiera imaginar cómo te has atrevido a entrar en este bosque. No sé qué decirte porque sin duda ya estás enterada del destino que corren todos los que se atreven. O no aprecias la vida o eres el descuido mismo. ¿Nadie te advirtió lo que podía sucederte?
MARTA: Algo me dijeron.
DRAGÓN: Sin embargo, aquí estás. Prepárate. Piensa tu último pensamiento y procura que valga la pena, así tal vez te reconcilies con la idea de lo que te sucederá.
MARTA: Estoy pensándolo.
DRAGÓN: Supongo que sabes que voy a devorarte.
MARTA: ¿Te gusta devorar?
DRAGÓN: Me es indiferente, pero así vivo. Me gusta vivir.
MARTA: A mí también me gusta vivir.
DRAGÓN: No lo parece. ¿Ya estás lista?
MARTA: Sí.
DRAGÓN: ¡Con qué tranquilidad lo dices!
MARTA: ¿Qué esperas?
DRAGÓN: Nada. No sé. Dime, qué pensaste.
MARTA: En ti. Intensamente.
DRAGÓN:¡En mí! ¿Qué pensaste en mí?
MARTA: Que al fin te había encontrado.
Llevo muchos años de pensar. Primero, pensé que lo mejor que podía sucederme era hallar un pastor; uno que se tendiera al sol sobre la hierba y tuviera los cabellos enmarañados y olorosos a campo. Luego, un tiempo después, pensé en un príncipe con los ojos como dos violetas y los cabellos negros... y una espada que brillara con relámpagos deslumbradores. Pero cuando supe que en el bosque había un dragón, mitad hombre, mitad pez, con las alas relucientes y una lengua de fuego, no pude pensar más que en él. Hace noches y noches que pienso en ti. Hasta que hoy al atardecer, decidí venir en tu busca. Te he visto y estoy satisfecha... eres más hermoso de lo que pensaba.
DRAGÓN: Y estás dispuesta a dejarte devorar. ¿No sientes miedo? MARTA: Mucho miedo. Pero como tú dijiste antes, en el fondo me es indiferente. Lo hice para vivir. Tus alas son tornasoladas y el fuego de tu lengua es azul.
DRAGÓN: Me espantas. Por las noches apenas puedo descansar pensando que pronto vendrá una escuadra de jóvenes armados dispuestos a despedazarme. Vivo en acecho... y ahora se presenta una joven envuelta en una túnica que sostiene con un cinturón hecho de cuerdas... ¿No habré sido para ti el monstruo que aparentemente vive en todos los sueños?
MARTA: Eres un sueño. Un sueño muy hermoso. Y tú, ¿no pensabas en nadie?
DRAGÓN: Los seres como yo tenemos alucinaciones. Veo sirenas verdes y gaviotas y mujeres con caudas. A veces una reina con una alta corona bárbara y enjoyada.
MARTA: ¡Qué lástima que no soy una reina!
DRAGÓN: Tú no eres una alucinación.
MARTA: Es lástima. Devórame.
DRAGÓN: No tengas prisa. Esos cabellos rubios tan largos son... ¿son suaves?
MARTA: Tócalos.
DRAGÓN: Te quemaría. Mi fuego azul consume todo lo que toca.
MARTA: Así son las cosas extraordinarias: pueden poseerse pero nunca nos tocan. Un día, va a venir a buscarte una escuadra de jóvenes armados y...
DRAGÓN: Acabaré con ellos. No está escrito que nadie me destruya a parte de mí mismo. ¿Sabes una cosa? Yo conozco el sabor de la carne, pero no el tacto.
MARTA: La carne es suave, dulce, tibia. Imagínatela, es como el viento a las doce de la noche. Es como cuando tu bosque cae en silencio, pero tú sabes que vive y te acaricia. Devórame.
DRAGÓN: No.
MARTA: No podré regresar a mi casa. Me habían prohibido entrar al bosque y al hacerlo me lancé a una gran aventura. ¿Cómo volver?
DRAGÓN: Comerías nueces y hongos. El bosque es como dices, tibio y acogedor. En algunos lugares crecen flores amarillas. Te bañarías en el arroyo... Quisiera tocarte y no puedo.
MARTA: Devórame.
DRAGÓN:
No. No.
MARTA: ¿Qué te sucede?
DRAGÓN: Mi destino se cumple y yo me alegro.
MARTA: No sé qué dices.
DRAGÓN: Digo lo mismo que pensaste tú antes de entrar al bosque. Lo mismo que has repetido tantas veces. Destrúyeme, lo hago para vivir. Obedéceme.
MARTA: ¿Qué quieres que yo haga?
DRAGÓN: Desata la cuerda que llevas a la cintura, átala alrededor de mi cuello y llévame contigo a donde vayas.
MARTA: Obedezco.

-Luisa Josefina Hernández.

lunes, 20 de julio de 2009

Conciliar el sueño.


Lo que ocurre, doctor, es que en mi caso, los sueños vienen por ciclos temáticos. Hubo una época en la que soñaba con inundaciones. De pronto los ríos se desbordaban y anegaban los campos, las calles, las casas y hasta mi propia cama. Fíjense que en mis sueños aprendía a nadar y gracias a eso sobreviví a las catástrofes naturales. Lamentablemente, esa habilidad tuvo una vigencia sólo onírica, ya que un tiempo después pretendí ejercerla, totalmente despierto, en la piscina de un hotel y estuve a punto de ahogarme.
Luego vino un periódo en que soñé con aviones. Más bien, con un solo avión, porque siempre era el mismo. La azafata era feúcha y me trataba mal. A todos les daba champan, menos a mí. Le pregunté por qué y ella me miró con un rencor largamente prolongado y me contestó: «Vos sabés bien por qué». Me sorprendió tanto aquel tuteo que casi me despierto. Además, no imaginaba a qué podía referirse. En esa duda estaba cuando el avión cayó en un pozo de aire y la azafata feúcha se desparramó en el pasillo, de tal manera que la minifalda se le subió y pude comprobar que abajo no llevaba nada. Fue precisamente ahí cuando me desperté, y, para mi sorpresa, no estaba en mi cama de siempre sino en un avión, fila 7 asiento D, y una azafata con rostro de Gioconda me ofrecía en inglés básico una copa de champán. Como ve, doctor, a veces los sueños son mejores que la realidad y también viceversa. ¿Recuerda lo que dijo Kant? «El sueño es un arte poético involuntario.»
En otra etapa soñé reiteradamente con hijos. Hijos que eran míos. Yo que soy soltero y no los tengo ni siquiera naturales. Con el mundo como está. Me parece un acto irresponsable concebir nuevos seres. ¿Usted tiene hijos? ¿Cinco? Excuse me. A veces digo cada pavada.
Los niños de mis sueños eran bastante pequeños. Algunos gateaban y otros se pasaban la vida en el baño. Al parecer, eran huérfanos de madre, ya que ella jamás aparecía y los niños no habían aprendido a decir mamá. En realidad, tampoco me decían papá, sino que en su media lengua me decían «turco». Tan luego a mí, que vengo de abuelos coruñeses y bisabuelos lucenses. «Turco vení», «Turco, quero la papa», «Turco, me hice pipí». En uno de esos sueños, bajaba yo por una escalera medio rota, y zas, me caí. Entonces el mayorcito de mis nenes me miró sin piedad y dijo: «Turco, jodete». Ya era demasiado, así que desperté de apuro a mi realidad sin angelitos.
En un ciclo posterior de fútbol soñado, siempre jugué de guardameta o golero o portero o goalkeeper o arquero. Cuántos nombres para una sola calamidad. Siempre había llovido antes del partido, así que las canchas estaban húmedas y era inevitable que frente a la portería se formara un laguito. Entonces aparecía algún delantero que me fusilaba con ganas y en primera instancia yo atajaba, pero en segunda instancia la pelota mojada se escabullía de mis guantes y pasaba muy oronda la línea de gol. A esa altura del partido (nunca mejor dicho), yo anhelaba con fervor despertarme, pero todavía me faltaba escuchar cómo la tribuna a mis espaldas me gritaba unánimemente: traidor, vendido, cuánto te pagaron y otras menudencias.
En los últimos tiempos mis aventuras nocturnas han siso invadidas por el cine. No por el cine de ahora, tan venido a menos, sino por el de antes, aquél que nos conmovía y se afincaba en nuestras vidas con rostros y actitudes que eran paradigmas. Yo me dedico a soñar con actrices. Y qué actrices: digamos Marilyn Monroe, Claudia Cardinale, Harriet Anderson, Sonia Braga, Catherine Deneuve, Anouk Aimée, Liv Ullmann, Glenda Jackson y otras maravillas. (A los actores, mi Morfeo no les otorga visa.) Como ve, doctor, la mayoría son veteranas o ya no están, pero yo las sueño como aparecían en las películas de entonces. Verbigracia, cuando le digo a Claudia Cardinale, no se trata de la de ahora (que no está mal) sino la de La ragazza con la valiglia, cuando tenía 21. Marilyn, por ejemplo, se me acerca y me dice en un tono tiernamente confidencial: «I don't love Kennedy. I love you. Only you». Sepa usted que en mis sueños las actrices hablan a veces en versión subtitulada y otras veces dobladas al castellano. Yo prefiero los subtítulos, ya que una voz como la de Glenda Jackson o la de Catherine Deneuve son insustituibles.
Bueno, en realidad vine a consultarle porque anoche soñé con Anouk Aimée, no la de ahora (que tampoco está mal) sino la de Montparnasse 19, cuando tenía unos fabulosos 26 años. No piense mal. No la toqué ni me tocó. Simplemente se asomó por una ventana de mi estudio y sólo dijo (versión doblada): «Mañana de noche vendré a verte, pero no a tu estudio sino a tu cama. No lo olvides». Como voy a olvidarlo. Lo que yo quisiera saber, doctor, es si los preservativos que compro en la farmacia me servirán en sueños. Porque ¿sabe? no quisiera dejarla embarazada.

-Mario Benedetti.

domingo, 19 de julio de 2009

Instrucciones para llorar.

Instrucciones para llorar. Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.

-Julio Cortázar

lunes, 13 de julio de 2009

Aquel día...



Aquel día aterrizaron los platillos. Cientos de ellos, dorados,
Silenciosos, bajaron del cielo como inmensos copos de nieve,
Y los terrícolas salieron
a contemplar su descenso,
Expectantes, ansiosos por saber lo que nos esperaba
en su interior
Y sin saber si seguiríamos aquí mañana
Pero tú ni siquiera te diste cuenta porque

Aquel día, el día que llegaron los platillos volantes,
fue a coincidir
Con el día en que las tumbas liberaron a sus muertos
Y los zombis levantaron la mullida tierra
O salieron disparados, tambaleándose y con los ojos
mortecinos, imparables,
Se acercaron a nosotros, los vivos, que gritamos y salimos
corriendo,
Pero tú no te diste cuenta porque

El día de los platillos-zombis-dioses de la guerra
las compuertas se rompieron
Y fuimos arrollados por genios y duendes
Que nos tentaban con deseos y prodigios y eternidades
Y encanto y sabiduría y corazones
fieles y valerosos y calderos de oro
Mientras los gigantes arrasaban la tierra
a su paso, junto con las abejas asesinas,
Pero tú no te enteraste de nada de esto porque

Aquel día, el día de los platillos el día de los zombis
El día del Ragnarok y las hadas, el
día en que se desataron los fuertes vientos
Y las nevadas, y las ciudades se volvieron de cristal, el día
En que murieron todas las plantas, se disolvieron
los plásticos, el día
En que los ordenadores se encendieron con un mensaje
en sus pantallas que nos exhortaba a obedecer, el día
En que los ángeles, borrachos y confusos, salieron de los bares
con paso vacilante,
Y tocaron todas las campanas de Londres, el día
En que los animales comenzaron a hablarnos en asirio,
el día del Yeti,
El día de las capas al viento y de la llegada de
la Máquina del Tiempo,
Tú no te enteraste de nada porque
estabas sentada en tu habitación, sin hacer nada
ni leer siquiera, tan sólo
mirabas el teléfono,
preguntándote si yo volvería a llamarte.

Neil Gaiman

miércoles, 8 de julio de 2009

CARTAS A M / 03 (Video en honor a la perseverancia)





Me preguntaste muchas veces ¿por qué nunca he sabido lo que quiero?

Salgo por las noches, a veces tomo mucho y otras veces nada, pero sí duermo mucho menos de las ocho horas que indica el promedio. Hace unos meses salí a cenar con algunos amigos, el menú ofrecía mas de 6 páginas de opciones y, como a todos, la decisión me costó mucho trabajo. Al final decidí escuchar con detenimiento las elecciones de los demás y repetí alguna de ellas.

Hace unos días buscaba un libro ahora fuera de edición, en las librerías de usado de la ciudad, encontré muchos libros interesantes pero no aquel que yo buscaba, al final llevé todos esos.

La última vez que nos vimos, tú huías de mí y yo te perseguía como en un juego, para eso siempre son necesarios dos participantes y muchas veces yo he querido cambiar de papel.

Hoy he estado pensando mucho en las preguntas que me hacías y creo que una lista de respuestas honestas podría convencerte de que sé exactamente lo que quiero:

Me gusta el helado, en la mayoría de los casos pido uno de chocolate; prefiero definitivamente un expreso, dos cucharadas de azúcar; pasillo en lugar de ventanilla; naranjada y no limonada, agua mineral; los toros y el cine; tomar la foto, no salir en ella; México y Cuba, auque lo de Cuba es toda tu culpa; me gusta la ciudad, caminarla, sufrirla, beberla y atragantarme; el whisky, la cerveza también pero algo menos; el jugo de tomate y mejor revuelto con naranja; las plumas, los relojes y los anteojos, aunque sabes que ese gusto me lo heredó mi padre. Me gustan muchas cosas y sé que las quiero con una sola mirada, con un parpadeo.

La última vez que nos vimos yo sabía lo que quería, jugábamos a perseguir y escapar, entonces yo perseguía por que lo quería así –aunque algunas veces quisiera cambiar de papel. Así, después de platicar en el coche, una de tus preguntas apareció de nuevo. Jamás había tenido una lista de respuestas honestas como hoy para demostrarlo, pero ahí, solos en el auto, no podía mas que mirarte y saber exactamente lo que quería.

martes, 7 de julio de 2009

CARTAS A M / 07


La gente no está acostumbrada a estar sola; yo creo que simplemente nadie soporta platicar consigo mismo. Es una costumbre perdida, como jugar a las escondidillas o a los encantados o a esa cosa rara que se llama “chan-gai”.

La gente pierde sus costumbres, las pierde tal vez cuando se hace de unas nuevas o cuando las viejas ya no se pueden cumplir y entonces dejan de ser costumbre.

Para mí, ha sido difícil adoptar la costumbre esa de platicar conm
igo todo el tiempo, sucede que tengo que reconocer a cada instante, en cada charla, que no me entiendo y eso, me molesta mucho. Creo que tú y yo nos entendíamos, algunas cosas nos molestaban a ti de mí y a mí de ti, pero las teníamos perfectamente bien entendidas.

A ti nunca te gustó que interrumpiera tu siesta, que dejara de llamar o que no me despidiera en cada viaje, que bailara con alguien más –aunque con alguien más siempre bailo mal; pero siempre tolerabas, y algunas veces hasta te gustaban, algunas de mis manías y de mis más extrañas o desagradables costumbres: las uñas largas de mis pies, mis domingos de malas fachas, y mi honestidad, esa honestidad que muchas veces te parecía brutal.

Creo que poco a poco fuimos compartiendo nuestras costumbres, porque yo me dí cuenta, a veces poco a poco y otras muy de repente, de cómo iba repitiendo muchos de tus gestos, tus acentos, tus ademanes y hasta en una que otra ocasión me descubrí cargando algunos de tus aromas.

Ahora entiendo que sí es más fácil verte obligado a cambiar tus costumbres contra tu voluntad. Yo he tenido que dejar algunas costumbres, ¿tú?.

domingo, 5 de julio de 2009

CARTAS A M / 08


La vida es una cadena de finales y ninguno es más definitivo que el anterior. Me he decidido a buscarte de nuevo, y es que no sé si estas cartas te llegan, no sé si alguien te ha contado de ellas, o solamente ha sido mi cambio de domicilio el culpable de que no reciba respuesta tuya. Entonces tendría que preguntarte en esta nueva carta ¿por qué no me respondes?
Hace tiempo te miraba de lejos -nos conocíamos poco- y ya me gustaba verte andar entre la gente, saludar, abrazar, platicar y pasar de un lado a otro, andar frente a mí a la distancia en ese vestido blanco que nunca dejé borrarse en mi memoria, aun cuando la primera vez que te vi en él fue sólo en una fotografía.
Las fotografías son un documento de lo que perdimos, de lo que no regresará y sólo nos recuerdan que nos quedamos cuando los demás ya se han ido, como yo y como tú. Ese vestido blanco, en esa fotografía, nos dice metro a metro la distancia que existe todavía, los trenes que van y vuelven entre nosotros, las carreteras que dejamos de recorrer para encontrarnos, los pasos que no dimos y las miradas que ahora nunca se cruzan.
Salíamos a algunas fiestas juntos pero llegando ahí nos separábamos, tu pasabas de una plática a otra, de un conocido a otro; y a mí me gustaba mucho jugar a cruzar la mirada contigo, te buscaba entre la gente a lo lejos y esperaba con mis ojos clavados en ti, a que tus pupilas y las mías se encontraran en el aire. Quizás todos pensaban que yo platicaba con ellos pero en realidad te buscaba todo el tiempo, podía mantener una charla entera esperando a que voltearas. Así lo hice muchas noches. A mí no me gusta estar entre mucha gente y siempre admiré tu habilidad para soportarlos a todos: en las reuniones siempre fuiste el centro y por eso nunca me negué a acompañarte. Ahora te confieso que sólo disfruté buscándote, a lo lejos, entre la gente, aun cuando tu mirada y la mía nunca se cruzaran.
Sabes que me gustan las cosas difíciles, como esto de adivinar el rumbo de tu mirada… me gusta buscar lo perdido y me aferro hasta encontrarlo; sé que hay cosas que no se pierden nunca y por eso conservo todo lo tuyo en la memoria.
En realidad sé que no he dejado este juego de buscarte a la distancia cuando estamos separados, tal vez por eso no dejo de escribirte y espero que nuestras miradas en algún momento se crucen y entonces no dejes de mirarme.

http://www.ricardoguzman.com.mx

sábado, 4 de julio de 2009

Lo que necesito de ti, no es.




"No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
ah pero las parejas que huyen al Botánico
ya desciendan de un taxi o bajen de una nube
hablan por lo común de temas importantes
y se miran fan ticamente a los ojos
como si el amor fuera un brevísimo túnel
y ellos se contemplaran por dentro de ese amor.

Aquellos dos por ejemplo a la izquierda del roble
(también podría llamarlo almendro o araucaria
gracias a mis lagunas sobre Pan y Linneo)
hablan y por lo visto las palabras
se quedan conmovidas a mirarlos
ya que a mí no me llegan ni siquiera los ecos.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero es lindísimo imaginar qué dicen
sobre todo si él muerde una ramita
y ella deja un zapato sobre el césped
sobre todo si él tiene los huesos tristes
y ella quiere sonreír pero no puede.

Para mí que el muchacho está diciendo
lo que se dice a veces en el Jardín Botánico

ayer llegó el otoño
el sol de otoño
y me sentí feliz
como hace mucho
qué linda estás
te quiero
en mi sueño
de noche
se escuchan las bocinas
el viento sobre el mar
y sin embargo aquello
también es el silencio
mírame así
te quiero
yo trabajo con ganas
hago números
fichas
discuto con cretinos
me distraigo y blasfemo
dame tu mano
ahora
ya lo sabés
te quiero
pienso a veces en Dios
bueno no tantas veces
no me gusta robar
su tiempo
y además está lejos
vos estás a mi lado
ahora mismo estoy triste
estoy triste y te quiero
ya pasarán las horas
la calle como un río
los árboles que ayudan
el cielo
los amigos
y qué suerte
te quiero
hace mucho era niño
hace mucho y qué importa
el azar era simple
como entrar en tus ojos
dejame entrar
te quiero
menos mal que te quiero.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero puedo ocurrir que de pronto uno advierta
que en realidad se trata de algo más desolado
uno de esos amores de tántalo y azar
que Dios no admite porque tiene celos.

Fíjense que él acusa con ternura
y ella se apoya contra la corteza
fíjense que él va tildando recuerdos
y ella se consterna misteriosamente.

Para mí que el muchacho está diciendo
lo que se dice a veces en el Jardín Botánico

vos lo dijiste
nuestro amor
fue desde siempre un niño muerto
sólo de a ratos parecía
que iba a vivir
que iba a vencernos
pero los dos fuimos tan fuertes
que lo dejamos sin su sangre
sin su futuro
sin su cielo
un niño muerto
sólo eso
maravilloso y condenado
quizá tuviera una sonrisa
como la tuya
dulce y honda
quizá tuviera un alma triste
como mi alma
poca cosa
quizá aprendiera con el tiempo
a desplegarse
a usar el mundo
pero los niños que así vienen
muertos de amor
muertos de miedo
tienen tan grande el corazón
que se destruyen sin saberlo
vos lo dijiste
nuestro amor
fue desde siempre un niño muerto
y qué verdad dura y sin sombra
qué verdad fácil y qué pena
yo imaginaba que era un niño
y era tan sólo un niño muerto
ahora qué queda
sólo queda
medir la fe y que recordemos
lo que pudimos haber sido
para él
que no pudo ser nuestro
qué más
acaso cuando llegue
un veintitrés de abril y abismo
vos donde estés
llevale flores
que yo también iré contigo.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el Jardín Botánico es un parque dormido
que sólo despierta con la lluvia.

Ahora la última nube a resuelto quedarse
y nos está mojando como alegres mendigos.

El secreto está en correr con precauciones
a fin de no matar ningún escarabajo
y no pisar los hongos que aprovechan
para nadar desesperadamente.

Sin prevenciones me doy vuelta y siguen
aquellos dos a la izquierda del roble
eternos y escondidos en la lluvia
diciéndose quién sabe qué silencios.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero cuando la lluvia cae sobre el Botánico
aquí se quedan sólo los fantasmas.

Ustedes pueden irse.
Yo me quedo."

-Mario Benedetti.

jueves, 2 de julio de 2009

Porque, trágicamente, las cosas son como las imaginamos...


Esa boca (1955)
(Montevideanos, 1959)

Su entusiasmo por el circo se venía arrastrando desde tiempo atrás. Dos meses, quizá. Pero cuando siete años son toda la vida y aún se ve el mundo de los mayores como una muchedumbre a través de un vidrio esmerilado, entonces dos meses representan un largo, insondable proceso. Sus hermanos mayores habían ido dos o tres veces e imitaban minuciosamente las graciosas desgracias de los payasos y las contorsiones y equilibrios de los forzudos. También los compañeros de la escuela lo habían visto y se reían con grandes aspavientos al recordar este golpe o aquella pirueta. Sólo que Carlos no sabía que eran exageraciones destinadas a él, a él que no iba al circo porque el padre entendía que era muy impresionable y podía conmoverse demasiado ante el riesgo inútil que corrían los trapecistas. Sin embargo, Carlos sentía algo parecido a un dolor en el pecho siempre que pensaba en los payasos. Cada día se le iba siendo más dificil soportar su curiosidad.

Entonces preparó la frase y en el momento oportuno se la dijo a su padre:“¿No habría forma de que yo pudiese ir alguna vez al circo?” A los siete años, toda frase larga resulta simpática y el padre se vio obligado primero a sonreír, luego a explicarse: “No quiero que veas a los trapecistas.” En cuanto oyó esto, Carlos se sintió verdaderamente a salvo, porque él no tenía interés en los trapecistas. “¿Y si me fuera cuando empieza ese número?” “Bueno”, contestó el padre, “así, sí”.

La madre compró dos entradas y lo llevó el sábado de noche. Apareció una mujer de malla roja que hacía equilibrio sobre un caballo blanco. Él esperaba a los payasos. Aplaudieron. Después salieron unos monos que andaban en bicicleta, pero él esperaba a los payasos. Otra vez aplaudieron y apareció un malabarista. Carlos miraba con los ojos muy abiertos, pero de pronto se encontró bostezando. Aplaudieron de nuevo y salieron —ahora sí— los payasos.

Su interés llegó a la máxima tensión. Eran cuatro, dos de ellos enanos. Uno de los grandes hizo una cabriola, de aquellas que imitaba su hermano mayor. Un enano se le metió entre las piernas y el payaso grande le pegó sonoramente en el trasero. Casi todos los espectadores se reían y algunos muchachitos empezaban a festejar el chiste mímico antes aún de que el payaso emprendiera su gesto. Los dos enanos se trenzaron en la milésima versión de una pelea absurda, mientras el menos cómico de los otros dos los alentaba para que se pegasen. Entonces el segundo payaso grande, que era sin lugar a dudas el más cómico, se acercó a la baranda que limitaba la pista, y Carlos lo vio junto a él, tan cerca que pudo distinguir la boca cansada del hombre bajo la risa pintada y fija del payaso. Por un instante el pobre diablo vio aquella carita asombrada y le sonrió, de modo imperceptible, con sus labios verdaderos. Pero los otros tres habían concluido y el payaso más cómico se unió a los demás en los porrazos y saltos finales, y todos aplaudieron, aun la madre de Carlos.

Y como después venían los trapecistas, de acuerdo a lo convenidó la madre lo tomó de un brazo y salieron a la calle. Ahora sí había visto el circo, como sus hermanos y los compañeros del colegio. Sentía el pecho vacío y no le importaba qué iba a decir mañana. Serían las once de la noche, pero la madre sospechaba algo y lo introdujo en la zona de luz de una vidriera. Le pasó despacio, como si no lo creyera, una mano por los ojos, y después le preguntó si estaba llorando. Él no dijo nada. “¿Es por los trapecistas? ¿Tenías ganas de verlos?”

Ya era demasiado. A él no le interesaban los trapecistas. Sólo para destruir el malentendido, explicó que lloraba porque los payasos no le hacían reír.

-Mario Benedetti.