viernes, 22 de enero de 2010

Espantapájaros 18.



Llorar a lágrima viva. Llorar a chorros. Llorar la digestión. Llorar el sueño. Llorar ante las puertas y los puertos. Llorar de amabilidad y de amarillo.

Abrir las canillas, las compuertas del llanto. Empaparnos el alma, la camiseta. Inundar las veredas y los paseos, y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.

Asistir a los cursos de antropología, llorando. Festejar los cumpleaños familiares, llorando. Atravesar el África, llorando.

Llorar como un cacuy, como un cocodrilo... si es verdad que los cacuies y los cocodrilos no dejan nunca de llorar. Llorarlo todo, pero llorarlo bien. Llorarlo con la nariz, con las rodillas. Llorarlo por el ombligo, por la boca.

Llorar de amor, de hastío, de alegría. Llorar de frac, de flato, de flacura. Llorar improvisando, de memoria. ¡Llorar todo el insomnio y todo el día!

-Oliverio Girondo.




Imagenes: Tous les matins du monde.

Audio: El lado oscuro del corazón.


jueves, 21 de enero de 2010

Nocturno en que nada se oye.




En medio de un silencio desierto como la calle antes del crimen
sin respirar siquiera para que nada turbe mi muerte
en esta soledad sin paredes
al tiempo que huyeron los ángulos
en la tumba del lecho dejo mi estatua sin sangre
para salir en un momento tan lento
en un interminable descenso
sin brazos que tender
sin dedos para alcanzar la escala que cae de un piano invisible
sin más que una mirada y una voz
que no recuerdan haber salido de ojos y labios
¿qué son labios? ¿qué son miradas que son labios?
Y mi voz ya no es mía
dentro del agua que no moja
dentro del aire de vidrio
dentro del fuego lívido que corta como el grito
Y en el juego angustioso de un espejo frente a otro
cae mi voz
y mi voz que madura
y mi voz quemadura
y mi bosque madura
y mi voz quema dura
como el hielo de vidrio
como el grito de hielo
aquí en el caracol de la oreja
el latido de un mar en el que no sé nada
en el que no se nada
porque he dejado pies y brazos en la orilla
siento caer fuera de mí la red de mis nervios
mas huye todo como el pez que se da cuenta
hasta ciento en el pulso de mis sienes
muda telegrafía a la que nadie responde
porque el sueño y la muerte nada tienen ya que decirse.

-Xavier Villaurrutia

sábado, 16 de enero de 2010

Vincent.



Vincent Malloy is seven years old
He’s always polite and does what he’s told
For a boy his age, he’s considerate and nice
But he wants to be just like Vincent Price


He doesn’t mind living with his sister, dog and cats
Though he’d rather share a home with spiders and bats
There he could reflect on the horrors he’s invented
And wander dark hallways, alone and tormented


Vincent is nice when his aunt comes to see him
But imagines dipping her in wax for his wax museum


He likes to experiment on his dog Abercrombie
In the hopes of creating a horrible zombie
So he and his horrible zombie dog
Could go searching for victims in the London fog


His thoughts, though, aren’t only of ghoulish crimes
He likes to paint and read to pass some of the times
While other kids read books like Go, Jane, Go!
Vincent’s favourite author is Edgar Allen Poe


One night, while reading a gruesome tale
He read a passage that made him turn pale


Such horrible news he could not survive
For his beautiful wife had been buried alive!
He dug out her grave to make sure she was dead
Unaware that her grave was his mother’s flower bed


His mother sent Vincent off to his room
He knew he’d been banished to the tower of doom
Where he was sentenced to spend the rest of his life
Alone with the portrait of his beautiful wife


While alone and insane encased in his tomb
Vincent’s mother burst suddenly into the room
She said: “If you want to, you can go out and play
It’s sunny outside, and a beautiful day”


Vincent tried to talk, but he just couldn’t speak
The years of isolation had made him quite weak
So he took out some paper and scrawled with a pen:
“I am possessed by this house, and can never leave it again”
His mother said: “You’re not possessed, and you’re not almost dead
These games that you play are all in your head
You’re not Vincent Price, you’re Vincent Malloy
You’re not tormented or insane, you’re just a young boy
You’re seven years old and you are my son
I want you to get outside and have some real fun.”


Her anger now spent, she walked out through the hall
And while Vincent backed slowly against the wall
The room started to swell, to shiver and creak
His horrid insanity had reached its peak


He saw Abercrombie, his zombie slave
And heard his wife call from beyond the grave
She spoke from her coffin and made ghoulish demands
While, through cracking walls, reached skeleton hands


Every horror in his life that had crept through his dreams
Swept his mad laughter to terrified screams!
To escape the madness, he reached for the door
But fell limp and lifeless down on the floor


His voice was soft and very slow
As he quoted The Raven from Edgar Allen Poe:


“and my soul from out that shadow
that lies floating on the floor
shall be lifted?
Nevermore…”

martes, 12 de enero de 2010

¿Qué les queda a los jóvenes?



¿Qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de paciencia y asco?
¿sólo grafitti? ¿rock? ¿escepticismo?
también les queda no decir amén
no dejar que les maten el amor
recuperar el habla y la utopía
ser jóvenes sin prisa y con memoria
situarse en una historia que es la suya
no convertirse en viejos prematuros

¿qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de rutina y ruina?
¿cocaína? ¿cerveza? ¿barras bravas?
les queda respirar / abrir los ojos
descubrir las raíces del horror
inventar paz así sea a ponchazos
entenderse con la naturaleza
y con la lluvia y los relámpagos
y con el sentimiento y con la muerte
esa loca de atar y desatar

¿qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de consumo y humo?
¿vértigo? ¿asaltos? ¿discotecas?
también les queda discutir con dios
tanto si existe como si no existe
tender manos que ayudan / abrir puertas
entre el corazón propio y el ajeno /
sobre todo les queda hacer futuro
a pesar de los ruines de pasado
y los sabios granujas del presente.

-Mario Benedetti.

lunes, 11 de enero de 2010

Como que...








Pasan muchas cosas mientras dormimos, cosas que podemos o no notar, dependiendo del ánimo que profesen nuestros sentidos. Pasan muchas cosas mientras dormimos, algunas nos llegan a gustar, algunas no mucho.

Anoche pasaron muchas cosas, no recuerdo si ocurrieron mientras dormía.

Fue en un lugar lejano, tan lejano que no se podía llegar a pie. Muchos lo intentaron y murieron antes de estar siquiera a un cuarto del camino por recorrer, y no porque los senderos fueran peligrosos, al contrario, era tan agradable y cómodo caminar por ahí que ni siquiera sentían las ámpulas de sus pies, ni el cansancio, ni el hambre; lo único que podían sentir era felicidad. Morían, no viejos, no cansados, morían hastiados de tanta felicidad. Y por lo mismo ese viaje era por avión, se llegaba en en 45 minutos, cosa imposible por otros medios de transporte.

En ese lugar había, como en todos lados, guerra. La guerra había sido tan devastadora que se habían quedado casi sin gente que habitara ese lugar, además, la población sobreviviente estaba conformada sólo por hombres. Por lo tanto, se lanzó una convocatoria; se invitaba a las mujeres del mundo que quisieran gozar de grandes privilegios y comodidades a que se casaran con los habitantes de aquel lugar. El bonito flyer que se exhibía en todas las bardas contenía sólo mentiras y eso era algo que nadie podía saber.

Muchas mujeres se subieron al avión con destino a ese lugar el 23 de agosto del año que cursaba. Eran las 4:35 de la mañana cuando todas las valientes e interesadas mujeres emprendieron el viaje. Incluida yo.
Llegamos todas muy ¿animadas? a esa estación, cargamos nuestro equipaje y atravesamos el lugar pasando por una de esas puertitas de colores que daban vueltas. Al salir de la estación del tren (los aviones aterrizaban ahí) se escucharon como 13 llantos al unísono. Qué puedo decir, las comprendía. Era un lugar gris y feo, con pedazos de personas tirados por doquier, perros flacos y escombros. Si no fuera por los perros se pensaría que nada vivo sería capaz de existir ahí, no se veía nada verde al rededor, pensando en vegetación; lo único verde eran los uniformes de los 46 individuos que fueron a recibirnos.
Fuimos obligadas por esos sujetos (porque a esta altura ya no había alguna convencida de querer estar ahí) a entrar a una especie de cárcel, ahí estaban encerrados todos los hombres, con lágrimas en los ojos y pidiendo que los liberaran. Al notar que llegamos todos guardaron silencio, no se escuchó nada, absolutamente nada, si acaso el sonido de una lágrima inoportuna que se hizo pedacitos al caer de cara al piso polvoso. Me quedé sorprendida por esos ojos de súplica que tenían todos ellos.

Salimos a un patio grande y el general nos dijo que debido a que la propaganda fue engañosa y que por respeto a todas las mujeres y niños que alguna vez habitaron ese lugar ellos no podían obligarnos a permanecer ahí, pero que la ciudad nunca había estado tan necesitada de gente de buen corazón, por lo tanto sólo quien quisiera ayudar a su prójimo se quedaría. Se nos señaló la salida, y obviamente salí corriendo, junto con todas las demás. No, no me remuerde la consciencia ya que nunca dijeron para qué necesitaban nuestra ayuda.

Había unos 16 autobuses enormes esperándonos afuera. Parece ser que el general realmente esperaba que alguien se quedara y por eso nos dejó partir pero al ver que las cosas no sucedieron así olvidó el respeto a sus mujeres y niños y puso señores grandotes en las salidas que sólo permitió la salida de unas cuantas, obviamente me logré escapar. Entraban hombres con su cara de furia, eran también de otras partes del mundo, ellos no habían sido engañados e iban a luchar (aunque tampoco sabían contra qué), y otros tantos intentaban salir, algunos lo conseguían, otros tantos no, ojalá ninguno lo hubiera logrado.
Íbamos todas contentotas en el autobús, el camino era... raro. Y quizás no llegaríamos a nuestras casas ni en 45 años pero íbamos contentas, de la que nos habíamos salvado. A medio camino (sólo es un decir) ya no eran autobuses los que nos transportaban, eran micros, y ya no avanzábamos. Había dos micros volcados delante de nosotros, cuando llegaron los que venían atrás de nosotros nos decidimos a bajar en montón a ver qué pasaba. Salieron hombres rabiosos, o eso parecían. Eran como zombies come cerebros, y querían comerse los nuestros. Si te lograban morder o arañar como que te enfermabas y después de andar medio enfermo te hacías zombie.

Resulta que los hombres que estaban en la como cárcel eran de esos, sólo que unos estaban recién mordidos y otros estaban íntegros aún. Por eso lloraban, porque sabían que se convertirían en uno de esos o se quedarían descerebrados, una de dos.
También resulta que decidimos volver, bueno "decidimos", a matar zombies.

Después me comí una como paleta payaso, y como que me perforó el estómago, y sí... me dolió.







martes, 29 de diciembre de 2009

Año Feliz Nuevo.


Se lo va a agradecer el corazón.



Fausto
.

Siento revivir en mi corazón los ardientes deseos que antes me animaban por ese vago imperio, por ese mundo de los espíritus tan bello y sosegado; flota mi canto, cual arpa eólica, en sonidos misteriosos, y me causa el sereno vapor que contemplo un estremecimiento de dicha. Corren mis lágrimas; tibio y suave ambiente desvanece el aterismo de mi corazón y veo en lontananza cuanto poseo, y no tardaré en ser nuevamente dueño de todo lo que huyó de mí.

-Goethe.

viernes, 25 de diciembre de 2009

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Wërther (Fragmento)



¿Por qué no te escribo? tú me lo preguntas; ¡tú, que te cuentas entre nuestros sabios! debes adivinar que me encuentro bien y que, en una palabra, he hecho una amistad que interesa a mi corazón. Yo he... yo no sé...

Difícil me será referirte de por sí cómo he conocido a la más amable de las criaturas. Soy feliz y estoy contento; por lo tanto, seré mal historiador.

¡Un ángel! ¡bah! todos dicen lo mismo de la que aman, ¿no es verdad? y, sin embargo, yo no podré decirte cuán perfecta es y por qué es perfecta; en resumen, ha esclavizado todo mi ser.

viernes, 18 de diciembre de 2009




La Tregua.
(Montevideo - 1960)


¿Usted ve alguna salida?

Lo que es yo, por mi parte, no la veo.


Hay gente que entiende lo que está pasando, pero se limitan a lamentarlo. Falta pasión, ese es el secreto de este gran globo democrático en que nos hemos convertido. Durante varios lustros hemos sido serenos, objetivos, pero la objetividad es inofensiva, no sirve para cambiar el mundo, ni siquiera para cambiar un país de bolsillo como éste. Hace falta pasión, y pasión gritada, o pensada a los gritos, o escrita a los gritos. Hay que gritarle en el oído a la gente, ya que su aparente sordera es una especie de autodefensa, de cobarde y malsana autodefensa. Hay que lograr que se despierte en los demás la verguenza de sí mismos, que se sustituya en ellos la autodefensa por el autoasco. El día que sientas asco de tu propia pasividad, ese día te convertirás en algo útil.


-Mario Benedetti.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Yo quería pintar...







Rutinas.

A mediados de 1974 explotaban en Buenos Aires diez o doce bombas por la noche. De distinto signo, pero explotaban. Despertarse a las dos o las tres de la madrugada con varios estruendos en cadena, era casi una costumbre. Hasta los niños se hacían a esa rutina.

Un amigo porteño empezó a tomar conciencia de esa adaptación a partir de una noche en que hubo una fuerte explosión en las cercanías de su apartamento, y su hijo, de apenas cinco años, se despertó sobresaltado.

"¿Qué fue eso?", preguntó. Mi amigo lo tomó en brazos, lo acarició para tranquilizarlo, pero, conforme a sus principios educativos, le dijo la verdad: "Fue una bomba". "¡Qué suerte!", dijo el niño. "Yo creí que era un trueno".

-Mario Benedetti.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

El Oxxero.


Un día cualquiera, de un frío muy cualquiera y obsoleto, el señor oxxero me vio feo; con esa mirada me mentaba mi linda madre o las mentaba al cielo. Se preguntaba por qué tenía ese trabajo, se preguntaba por qué precisamente ese día tenía que llegar alguien sonriendo; por qué precisamente ese día alguien tenía, sin querer, que sacarle una sonrisa como pago por alegrarle 2 segundos de su día. Se preguntaba por qué ese día, ya de noche, en el que se encontraba ya fastidiado de preguntar "¿de qué sabor es tu café?" y de decir "Son $34.50", justamente al decir la frase mágica preguntando por el sabor del café esa persona de suéter azul y sonrisa simple tenía que derramar su café en el mostrador...

Hablando de sonrisas, recuerdo una en especial... Era un señor, se parecía al papá de Gaby, (sólo he visto al Señor Papá de Gaby una vez en mi vida, así que tal vez encontré parecido al recuerdo por una imagen distorsionada) iba yo caminando, (ese día de septiembre que lamenté por última vez mis penas pasadas y juré procurar mi bien para siempre jamás, dejando atrás sucesos y personas provocadoras de esos sucesos en un sitio de nula importancia) iba con la mirada fija al suelo, esquivando personas que eran como bultos inanimados movidos por el humo desprendido de cigarros y escapes de camiones; me decidí a levantar la vista y el señor parecido al papá de Gaby me vio, y me sonrió... y se sintió tan sincero que no me alegró dos segundos como yo al oxxero, me alegró la vida, y en ese instante decidí ser feliz.

Tiré el café, y el monito oxxero no me dejó rellenar el vaso, lo maldije en pensamientos por haberme visto feo, y aún así seguí sonriendo y le pagué amablemente aunque en pensamientos siguiera deseándole un mal por atreverse a verme feo cuando yo sonreía.

Un día tiré el café en la cafetería "El Quirófano", todo mi americano grande se derramó sobre las tortas que recién habían salido. Richard me dijo: "no te preocupes", cuando le pregunté que cuánto le debía de las tortas y el café derramado. Me dió otro café americano grande y no me cobró las tortas porque dijo que había sido un accidente, y la verdad es que así fue.

En definitiva el café regado está y de eso no cabe duda, el vaso vacío, la pena y la sed siguen ahí, las ansias mayores porque tuvo contacto el vaso de unicel con las yemas de mis dedos, además, nunca encanta dañar tortas de gente hambrienta o kinder delice del público en general, o la propaganda de Un Kilo de Ayuda. Pero la gravedad de la fuerza de gravedad sumada a la torpeza de uno dan como resultado que el café, en efecto, caiga por todos lados, y es peor si está caliente.

Unos, como Richard te dejan rellenar el vaso y te dicen que no hay problema (y hasta sonríen), otros como el oxxero te ven feo y te cobran el café que ni probaste. El segundo tiene la justicia de su lado, pero el primero gana mucho más que los diecitantos pesos por el café derramado.

Las acciones que vamos realizando día con día, consciente o inconscientemente, tienen efectos de igual magnitud y opuestos...

Yo sólo quiero que me sonrian sinceramente, aunque me cobren el expresso...

jueves, 3 de diciembre de 2009

El Empleo - Santiago "Bou" Grasso.



Sinopsis
Un hombre realiza su trayecto habitual hacia el trabajo, inmerso en un sistema en el cual el uso de las personas como objetos es algo cotidiano.

Director
Santiago 'Bou' Grasso

Productor
Patricio Gabriel Plaza - Santiago 'Bou' Grasso

Productora
Opusbou

Guionista
Patricio Gabriel Plaza

Montaje
Santiago 'Bou' Grasso - Patricio Gabriel Plaza

Fotografía
Santiago 'Bou' Grasso - Patricio Gabriel Plaza

Música
-

Sonido
Patricio Gabriel Plaza

Dirección Artística
Santiago 'Bou' Grasso

-Átalo en corto.

http://www.ataloencorto.com/


Para verlo completo haces Clic Justo Aquí.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Claudia.


Al parecer Claudia no es más que el simple recuerdo de una vida pasada mejor, una vida pasada feliz, con shorts de color azul y zapatos ortopédicos. Hoy cuando salió a clase de Fisiología me pregunté si en verdad existía, o existió, en algún momento del Bertha. Tal vez sí, tal vez no. Sólo recuerdo que mi madre le compraba aretitos o pulseras de plata cuando íbamos de vacaciones a Taxco.

Era una Claudia sencilla, de vida simple como la mía, de zapatos inolvidables y la típica trencita. De facciones infantiles poco agraciadas como las mías. De esas Claudias que ven hacia el cielo, o a la nada, y sonríen, esa sonrisa simple... como la mía.

Mirábamos con indiferencia los gritos y las críticas infantiles y absurdas prematuras. Los reclamos y las banalidades las veíamos pasar sin que nos tocaran, pasaban, sólo pasaban y no pasaba nada. Preguntábamos que qué era eso y nos contestaban que la Ouija, preguntábamos que para qué era y nos decían que para hablar con el diablo; nos dábamos la vuelta y sin pensar en los portales endemoniados nos íbamos a ver cómo Diego se caía del árbol, o cómo eran atacados los niños castrosos por las abejas indignadas ante la destrucción de su casa, familia y críos. Eso también pasaba, pasaba nada más, y tampoco pasaba nada.

Así era nuestra vida simple, sencilla... llegaba a decirle a mi madre que Sebastián había llorado porque Dafne (su hermana con quien compartiera hasta el útero) le había dicho que no lo quería. Y que además, el cabello de Dafne siempre olía a cigarro. Mamá decía una frase o dos y pasaba, todo pasaba, y no pasaba nada...

Llegaba a casa y hacía mi tarea, dos o tres garabatos, pintar números o letras, o que Anita lava la tina. Jugar con el buen Max, mi ahora anciano perro (quizás muerto), sentarse en la terraza y ver las nubes pasar, y pasar... y no pasaba nada.

Ahora que nada pasa, que todo se queda y deja huella. Ahora que el no pasa nada es de pensarse tres veces, ahora que cuesta trabajo ver que las cosas son más simples de lo que nos interesa saber, ahora que me detengo a ver las nubes pasar arrastradas por el viento, y de paso también acaricia las ramas de los árboles y las hace bailar, noto que es tarde ya... Me pregunto si Claudia alguna vez volverá.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Crimen y Castigo. (Fragmento)








"Ahora bien, soñaba que iba con su padre por el camino que conducía al camposanto y pasaban frente a la taberna; tomado de la mano del padre, miraba con terror hacia el antro. Un detalle singular llamaba su atención: se estaba realizando una verdadera saturnal; había toda una colección de pequeñosburgueses endomingados, mujeres del pueblo con sus maridos y multitud de individuos de bajo fondo. Todos estaban ebrios y cantaban con voces aguardentosas. Frente a la entrada de la taberna había una carreta, uno de esos enormes vehículos a los que de ordinario se enganchan fuertes caballos de tiro para el transporte de mercaderías y toneles de vino. Siempre le gustaba contemplar esos poderosos animales, de largas crines y patas robustas, que marchaban apaciblemente con paso rítmico, arrastrando carretas cuya carga hacíales asemejarse a montañas, sin demostrar la menor fatiga, como si esos fardos fueran para ellos un alivio en lugar de un enorme peso.
Pero, cosa extraña, a ese vehículo estaba atada una escuálida yegua, uno de esos lamentables rocines que arrastran penosamente cargamentos de madera o de heno por caminos intransitables en los que las ruedas de hunden hasta el eje, y que los campesinos castigan sin piedad a latigazos en el hocico y hasta en los ojos, con tal crueldad que daban ganas de llorar al niño y que hacía que su madre lo alejara de la ventana. De pronto se escuchó un gran alboroto: varios robustos mujiks salieron de la taberna gritando, cantando y tocando la balalaika, borrachos perdidos. Llevaban camisas rojas o azules, y la blusa sobre el hombro.
-Suban, suban todos -gritó uno de ellos, un campesino coloradote y con cuello de toro-. Yo los llevo a todos, suban.
Los demás acogieron sus palabras con risas y exclamaciones.
-¿Con esta yegua tísica quieres llevarnos?
-¡Eh, Mikolka! ¿Estás loco? ¿Cómo se te ocurre atar este bicho tan chico a una carreta tan grande?
-¡A fe mía que esta bestia debe tener veinte años, por lo menos!
-¡Suban todos; yo llevaré a todo el mundo! -gritó de nuevo Mikolka y subió de un salto, apoderose de las riendas y se iguió cuan alto era.
-Matvei se llevó el caballo bayo -agregó-, y esta yegua infame es para mí una verdadera plaga. Creo que lo mejor sería matarla; no vale lo que come. ¡Vamos, suban! ¡Van a ver cómo la hago galopar!
Empuñó el látigo con fuerza, como si saboreara de antemano la voluptuosidad de castigar al pobre animal.
-¡Bueno, subamos! -dijo alguien del grupo-. Ya lo han oído. ¡Dice que esta yegua va a galopar!
-¡Pero si debe hacer más de seis años que no corre!
-Ahora va a correr...
-¡No le tengan lástima, amigos! Que cada uno agarre un palo y se disponga a usarlo...
-¡Vamos a golpear sin asco!


-Fedor M. Dostoievski.


domingo, 22 de noviembre de 2009

Señor Tejón.


Si las prioridades de la vida no son las prioridades del momento, y las del momento no son precisamente las de la vida, qué puedo decir mi vida, te he querido, tal vez, toda la vida. O quién sabe, tal vez no. Muy probablemente no.

Es fácil hacerse el desentendido, aunque nunca se me ha dado tampoco. Era una preadolescente de 3 años cuando mi hermano nació, y yo quería que se llamara Pepe. Si nuestra perra paría perritos (tal vez suene muy redundante, pero uno ya no sabe) quería que se llamaran Pepe, pero más quería que se llamara así mi hermano. Mi mamá nunca quiso, y les caía en gracia que quisiera que se llamara Pepe. Quién sabe qué fue de Pepe, era joven al igual que yo, mismo Kínder y todo, nuestras madres eran amigas así que iban a visitarnos o nosotros a ellos y jugaba felizmente con Pepe. Era un niño desproporcionado, aunque qué niño de 3 lo es, tenía una cabeza grande y el cuerpo pequeñito, su nombre real era José Alberto. Les digo que jugábamos en su o mi casa, éramos parte del mismo grupo de preprimaria, fuimos del mismo grupo con la maestra Silvia y le dábamos nuestros sándwiches a los tejones, que bajaban de los tejados por las palmeras, cuando no queríamos comer lo que nos mandaban nuestras respectivas madres, o nada mas para ver a los tejones bajar. Recuerdo que había una historia que jamás supe si era cierta o no: una niña le dio su sándwich al tejón y el ingrato, utilizando sus enormes garras, le soltó un zarpazo en la cara. Tal vez sólo era cuento para que no alimentáramos a los tejones, o quizás sí hubo niña arañada, quién sabe, pero, ahora que lo pienso... ¡¿por qué había tejones?!

El punto es que nunca fui consciente de si me gustaba Pepe o no, éramos amiguitos de siempre, de hecho la mayoría de mi tiempo lo invertía en otra gente, como en los zapatos ortopédicos de Claudia, entonces yo no entiendo por qué quería que mi hermano se llamara Pepe.

Hay veces en las que sin darnos cuenta ya nos estamos haciendo los desentendidos cuando un par de palabras, por simples o superfluas que sean, nos hacen sonreír estúpidamente o quizás hasta nos ruborizan, y te dices "¡Hey, tranquilo muchacho!" y sacudes ligeramente la cabeza tratando de que así se vaya el pensamiento endemoniado de que tal vez haya alguien enamorado. Puede ser el caso de muchos, en cambio yo, cuando un par de palabras simples o superfluas logran hacerme sonreír estúpidamente me limito a reír malévolamente.



And now, Paco smiles. y no Pepe.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Usdii.

Son como las 10 y algo, siento los ojos secos, podría ponerme mis gotitas lubricantes de ojos pero no quiero levantarme y perderme de esta incomodidad que brinda la silla que me soporta, pobre, no le queda de otra.

Casi me terminaba el café de mi taza feliz y me pregunté "¿Lista?", y claro que soy lista, bueno, no mucho, si de la clase de astucia mañosa se trata porque no se me da mucho. Copiar en exámenes nunca se me ha dado, y no por ese golpe del actuar conforme al deber ser que se me ha ido encajando en las ideas como un poema de Benedetti, o peor como una canción de Nacho Vegas, recientemente, si no porque no sé cómo se hace, carezco de la técnica; o como el juego de manos necesario para cambiar el papelito del tema que te tocó del que también carezco, o como el mentirle a tu madre para conseguir permisos o misericordia que tampoco se me da. Pero, cambiando de concepto, sí, estaba lista. Mi libro de fisiología estaba justo frente a mi con plena disposición a ser leido. Había estado leyendo blogcitos, y me dije "hace mucho que no escribo", sí estaba lista para empezar a leer, pero estaba. Hay prioridades en esta vida, pero las prioridades de la vida no son las prioridades del momento, por eso mismo hoy, siendo pasadas las diez y algo de hace un rato, con la canción de "You are my sunshine" recorriendo un maratón por mi corteza, declaro que estoy lista para estudiar después de haber escrito algo.

:D




The other night dear, as I lay sleeping
I dreamed I held you in my arms
But when I awoke, dear, I was mistaken
So I hung my head and I cried.

You are my sunshine, my only sunshine
You make me happy when skies are gray
You'll never know dear, how much I love you
Please don't take my sunshine away

I'll always love you and make you happy,
If you will only say the same.
But if you leave me and love another,
You'll regret it all some day:

You are my sunshine, my only sunshine
You make me happy when skies are gray
You'll never know dear, how much I love you
Please don't take my sunshine away

You told me once, dear, you really loved me
And no one else could come between.
But not you've left me and love another;
You have shattered all of my dreams:

You are my sunshine, my only sunshine
You make me happy when skies are gray
You'll never know dear, how much I love you
Please don't take my sunshine away

In all my dreams, dear, you seem to leave me
When I awake my poor heart pains.
So when you come back and make me happy
I'll forgive you dear, I'll take all the blame.

You are my sunshine, my only sunshine
You make me happy when skies are gray
You'll never know dear, how much I love you
Please don't take my sunshine away

jueves, 29 de octubre de 2009

La catedral del mar (fragmento).


Dicen que es el fin del mundo —se lamentó un día Arnau al entrar en su casa—. Barcelona entera ha enloquecido. Los flagelantes, se hacen llamar. —Maria estaba de espaldas a él. Arnau se sentó a la espera de que su mujer lo descalzase y continuó hablando—:Van por las calles a cientos, con el torso descubierto, gritan que se acerca el día del juicio final, confiesan sus pecados a los cuatro vientos y se flagelan la espalda con látigos. Algunos la tienen en carne viva y continúan...—
Arnau acarició la cabeza de Maria, arrodillada frente a él. Ardía—. ¿Qué...?
Buscó la barbilla de su mujer con la mano. No podía ser. Ella no.
Maria levantó unos ojos vidriosos hacia él. Sudaba y tenía el rostro congestionado. Arnau intentó levantarle más la cabeza para verle el cuello, pero ella hizo un gesto de dolor.
—¡Tú no! —exclamó Arnau.
Maria, arrodillada, con las manos en las esparteñas de su esposo, miró fijamente a Arnau mientras las lágrimas empezaban a caer por sus mejillas.
—Dios, tú no. ¡Dios! —Arnau se arrodilló junto a ella.
—Vete, Arnau —balbuceó Maria—. No te quedes junto a mí.
Arnau intentó abrazarla, pero al cogerla por los hombros, Maria volvió a hacer una mueca de dolor.
—Ven —le dijo alzándola lo más suavemente que pudo. Maria, sollozando, volvió a insistir
en que se fuera—. ¿Cómo voy a dejarte? Eres todo lo que tengo... ¡lo único que tengo! ¿Qué haría yo sin ti? Algunos se curan, Maria. Tú te curarás. Tú te curarás. —Intentando consolarla la llevó hasta la alcoba y la tumbó sobre la cama. Allí pudo ver su cuello, un cuello que recordó precioso y que ahora empezaba a ennegrecer—. ¡Un médico! —gritó abriendo la ventana y asomándose al balcón. Nadie pareció oírle. Sin embargo, aquella misma noche, cuando las bubas empezaban a adueñarse del cuello de Maria, alguien marcó su puerta con una cruz de cal.
Arnau sólo pudo poner paños de agua fría sobre la frente de Maria. Tumbada en la cama, la mujer tiritaba. Incapaz de moverse sin sufrir terribles dolores, sus sordos quejidos erizaban el vello de Arnau. Maria tenía la vista perdida en el techo. Arnau vio cómo crecían las bubas del cuello y la piel se volvía negra.
«Te quiero, Maria. ¿Cuántas veces habría querido decírtelo?» Le cogió la mano y se arrodilló junto a la cama. Así pasó la noche, agarrado a la mano de su mujer, tiritando y sudando con ella, clamando al cielo con cada espasmo que sufría Maria.
La amortajó con la mejor de las sábanas que tenían y esperó a que pasara el carro de los muertos. No la dejaría en la calle. Él mismo la entregaría a los funcionarios. Así lo hizo. Cuando oyó el cansino repiquetear de los cascos del caballo, cogió el cadáver de Maria y lo bajó hasta la calle.
—Adiós —le dijo besándola en la frente.
Los dos funcionarios, enguantados y con los rostros tapados con paños gruesos, miraron sorprendidos cómo Arnau destapaba la cara de Maria y la besaba. Nadie quería acercarse a los apestados, ni siquiera sus seres queridos, que los abandonaban en la calle o, como mucho, los llamaban a ellos para que los recogiesen en los lechos en que habían encontrado la muerte. Arnau
entregó su esposa a los funcionarios, que, impresionados, intentaron dejarla con cuidado sobre la decena de cadáveres que portaban.
Con lágrimas en los ojos, Arnau miró cómo se alejaba el carro hasta que se perdió en las calles de Barcelona.
Él sería el siguiente: entró en su casa y se sentó a esperar la muerte, deseoso de reunirse con Maria. Tres días enteros estuvo Arnau aguardando la llegada de la peste, palpándose constantemente el cuello en busca de una hinchazón que no llegaba. Las bubas no aparecieron y Arnau acabó convenciéndose de que, de momento, el Señor no lo llamaba a su lado, junto a su esposa.


-Ildefonso Falcones.

martes, 13 de octubre de 2009

A pesar dos.

Y sin embargo, al final, voy ganando… a pesar de tus palabras sin rumbo, de tus esfuerzos por humedecer los ojos, mis inundaciones y huracanes traicioneros, a pesar de mis tardes en deambule, de haberme roto las tripas para sacar desde el fondo mis ansias para hacer un coctail con tus dudas para verte a tí beber ese martini, a pesar de ser el de los detalles a tiempo, el de las palabras rítmicas y pausadas, el de los futuros a dosis lógicas, con todo y que fui el que muere de ganas y no de miedo, aún cuando soy el de los post its de frases inquietas, el de los brazos extendidos hasta la fe, el que te timbra cuando quieres y te suelta a tu antojo, el que pone en perspectiva el tiempo y te lo dibuja de cumpleaños, el que se escabulle en tu vida para dejarte sorpresas de sonrisa, el que se desentiende y clama por paz, el que emancipa y el que juega a ser aeropuerto, a pesar de ser el que enferma luego y se emborracha antes, el que vomita sobre tu recuerdo, a pesar de ser el que muerde la almohada para no llamarte, el que se saca del cajón de los recuerdos la capacidad de entendimiento en retaguardia, el que pregunta lo que no quiere saber y el que te odia en silencio, el que borra tu número finalmente, el que se aburre con esto, el que no encuentra en ningún escaparate una foto más linda que tu olor, a pesar de ser el desenterrado y el occiso y timado, el que se quedó con la versión de la soledad para luego chocar con tus dilatadas ganas en otro vaho, a pesar de ser el suscrito, el burlado y el finado, el que descree de todo y se diluye de a poco en otro lado, a pesar de más y todo esto, al final yo me voy ganando.


viernes, 9 de octubre de 2009

he sido moderadamente infeliz...





Como los erizos, ya sabeis, los hombres un dia sintieron sufrir y quisieron compartirlo.
Entonces se inventaron el amor.
El resultado fue, ya sabeis, como en los erizos.



Vivi, sufrí y amé, y todo para qué...