lunes, 12 de abril de 2010

Mi ojo derecho.


A veces dudo de la anormalidad de mi ojo anormal.

Tengo el ojo derecho, no sé si más pequeño que el izquierdo, ó el párpado más caído. Según yo, el izquierdo es el normal. El detalle es que la normalidad se utiliza en términos de mayoría, cosa, que teniendo sólo un ojo izquierdo y uno derecho, no se puede aplicar. Probablemente lo comparo con los ojos de la mayoría, aunque es algo poco demostrable también.

Tal vez el anormal es el más abierto. Qué feo es creer algo sin tener un previo pleno conocimiento de la situación. Pobre señor Ojo Derecho.

Cuántas veces hemos tachado de diferentes y/o anormales a ciertos individuos cuando, quizás, los que no encajamos somos nosotros.

Pobre señor Ojo Derecho.

-Usdii

jueves, 8 de abril de 2010

Te espero.

Te espero cuando la noche se haga día,
suspiros de esperanzas ya perdidas.
No creo que vengas,
lo sé, sé que no vendrás.

Sé que la distancia te hiere,
sé que las noches son más frías,
sé que ya no estás.

Creo saber todo de ti.
Sé que el día de pronto se te hace noche:
sé que sueñas con mi amor,
pero no lo dices,
sé que soy un idiota al esperarte,
pues sé que no vendrás.

Te espero cuando miremos al cielo de noche:
tu allá,
yo aquí,
añorando aquellos días
en los que un beso marcó la despedida,
quizás por el resto de nuestras vidas.

Es triste hablar así.
Cuando el día se me hace de noche,
y la luna oculta ese sol tan radiante,
me siento sólo, lo sé;
nunca supe de nada tanto en mi vida,
solo sé que me encuentro muy sólo,
y que no estoy allí.

Mis disculpas por sentir así,
nunca mi intención ha sido ofenderte.
Nunca soñé con quererte,
ni con sentirme así.

Mi aire se acaba como agua en el desierto,
mi vida se acorta pues no te llevo dentro.
Mi esperanza de vivir eres tu,
y no estoy allí.
¿Por qué no estoy allí?,
te preguntarás...
¿Por qué no he tomado ese bus que me llevaría a ti?
Porque el mundo que llevo aquí no me permite estar allí,
porque todas las noches me torturo pensando en ti.
¿Por qué no sólo me olvido de ti?
¿Por qué no vivo sólo así?
¿Por qué no sólo...?
-Mario Benedetti.

[¿Para quién más podría ser ésto?]
A quien corresponda:
Cuando el sol de las 6:30 se empieza a ir... Dice Benedetti: Te espero. Y es cuando aún más creo que ésto ha llegado a su fin. -Usdii.

domingo, 28 de marzo de 2010

Curiosidades: uno.


Cuando uno separa los labios en señal de emisión de voz, pocas son las veces en que se presta atención a lo que se va a decir, ya que, se habla con la razón que es propia, la que nos adjudicamos, la que adquirimos mientras caminamos, la que, aún así, no nos pertenece.
Uno habla.
Puede que dos también.
Pero cuando en una plática, después de muchos años, de pronto te dicen: Como tú dijiste una vez "Las personas nunca cambian, conforme pasa el tiempo sólo nos vamos haciendo más nosotros mismos". Noto que ya no sólo es mi razón, sino la tuya también.
Y la de tres puede que también.
Por eso mismo creo que debería pulir mis palabras antes de dejarlas salir a vivir. Porque, en una de esas, igual y tengo razón, tu razón, en ellas.

Usdii.

Poema frustrado - Mario Benedetti.


Poema frustrado


Mi amigo
que es un poeta
convocó a los poetas.

Hay que escribir un poema
sobre la bomba atómica
es un horror,
nos dijo,
un horror horroroso,
es el fin es la nada,
es la muerte.

Nos dijo,
no es que te mueras sólo
en tu cama,
rodeado
del llanto y la familia,
del techo y las paredes.

No es que llegue una bala
perdida o encontrada
a cortarte el aliento,
a meterse en tu sueño.

No es que el cáncer te marque
te perfore,
te borre.

No es tu muerte,
la tuya,
la nada que ganaste,
es el aire viciado,
es la ruina de todo
lo que existe,
de todo.

Nadie llorará a nadie,
nadie tendrá sus lágrimas.

Y eso es lo más horrible,
la muerte sin testigos,
sin últimas palabras
y sin sobrevivientes.
La muerte toda muerte,
toda muerte.

¿Me entienden?

Hay que escribir un poema
sobre la bomba atómica.

Quedamos en silencio
con las bocas abiertas,
tragamos el terror
como saliva helada,
luego nos fuimos todos
a cumplir la consigna.

Juro que lo he intentado
que lo estoy intentando,
pero pienso en la bomba
y el lápiz se me cae
de la mano.

No puedo.

A mi amigo el poeta,
le dire que no puedo.

jueves, 25 de marzo de 2010

Ecos de guerra civil.

Las declaraciones del ex zar antidrogas del gobierno de Estados Unidos, Barry McCaffrey, vinieron a recordarnos algo que ya sabíamos: vivir en Ciudad Juárez es más peligroso que vivir en Kabul o en Bagdad (EL UNIVERSAL 23 de marzo de 2010).

Los saldos de la “guerra” contra el narco son cada vez más impresionantes. Hemos pasado de tener mil 80 personas ejecutadas en el año 2001, hasta la increíble cifra de 7 mil 724 ejecuciones en el año 2009. Durante los primeros dos meses y medio de 2010 ya se han superado las 2 mil 800 ejecuciones (más de 250 se produjeron la semana pasada, la más sangrienta desde 2006).

La enorme indignación pública que ha causado la muerte de dos estudiantes del Tecnológico de Monterrey es solamente la gota que derrama el vaso de una sociedad cuyas perspectivas parecen cerrarse cada día. Por una parte tenemos un Estado que parece inerme y que, cuando actúa, no siempre lo hace bien; por otro lado, nos amenazan las redes criminales y mafiosas de los cárteles que siguen obteniendo miles de millones de dólares por traficar las muchas toneladas de droga que se consumen año con año en Estados Unidos. En medio del fuego cruzado está la sociedad mexicana, abatida y temerosa.

Aunque el epicentro de la violencia que es Ciudad Juárez (2 mil 635 ejecutados durante 2009 en ese municipio), no permite advertir la gravedad de la situación en otras partes del país, lo cierto es que el fuego cruzado se sigue extendiendo. Policías y militares mexicanos están librando una lucha sin cuartel, heroica en muchos casos. También, desgraciadamente, hay oficiales públicos que trabajan para el narco y que están hasta el cuello de corrupción y podredumbre. Ha habido excesos, violaciones de derechos humanos, torturas. Todo eso se ha documentado y la sociedad debe estar atenta para que no se queden impunes esos abusos.

Pero debemos también proponer medidas que nos hagan mirar más allá de la penosa, dramática situación en la que nos encontramos. Una de ellas acaba de ser solicitada por la Conago al Congreso de la Unión: modificar el artículo 115 constitucional para efecto de “desaparecer” las corporaciones policiacas municipales y avanzar hacia un esquema de policías estatales con 32 mandos a nivel nacional. Se trata de una idea que va en la línea de lo que ha propuesto desde hace tiempo el secretario de Seguridad Pública federal, Genaro García Luna. El punto es interesante precisamente porque la mayor vulnerabilidad (no la única) del Estado mexicano frente a la delincuencia se ha dado en ese primer nivel de gobierno.

Atender los temas locales de inseguridad debe ser una prioridad absoluta, dado que 93% de todos los delitos cometidos en México son de competencia local. Las policías municipales y estatales representan 91% del total de la fuerza disponible en el país, pero su equipamiento y su capacitación son bastante precarios.

Algunos datos ilustran bien la debilidad de los cuerpos policiacos locales: 40% de los policías municipales gana menos de 4 mil pesos al mes, 38% gana entre 4 y 10 mil pesos; solamente 0.7% gana más de 10 mil pesos mensuales. El 55% de ellos tiene una instrucción equivalente o inferior a primaria. El 70% de ellos tiene un nivel inferior a los 10 años de escolaridad (en Estados Unidos los policías tienen, en promedio, dos años de estudios universitarios). La Auditoría Superior de la Federación sostuvo en 2007 que solamente uno de cada cuatro policías locales tuvieron algún tipo de capacitación.

Esa es la realidad que tenemos frente a nosotros. La gran pregunta que le hace la Conago al Congreso de la Unión es si vale la pena caminar hacia un esquema de mayor concentración de responsabilidades y, se supone, de más simple rendición de cuentas (no es lo mismo exigirle a 32 jefes policiacos estatales que a los 2 mil 500 jefes de policía municipal que hoy tenemos en México).

Con independencia de la mejor manera en que se distribuyan las competencias policiacas, también habrá que trabajar en dos asuntos complementarios e igualmente importantes: a) hacer de la profesión policial algo digno, bien reconocido socialmente y con un sueldo adecuado; b) contribuir desde la sociedad civil en el combate a la inseguridad, por medio de un debate público bien fundamentado y, sobre todo, a través de la denuncia permanente cuando seamos víctimas o testigos de un delito. El Estado mexicano no puede solo. La sociedad debe poner de su parte. Lo que está en juego es el país.

www.miguelcarbonell.com twitter: miguelcarbonell

Investigador del IIJ-UNAM

http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/47779.html

martes, 16 de marzo de 2010

Fotostática.


No tengo más opción que despedirme de ellos. Así que lo mejor fue explicarles.

Hoy por la mañana el Partido Oficial decretó que todos los clones deberían destruirse. La polémica ardió con un asesinato por el cual no se supo si incriminar al clon o a su dueño. Tras una serie de pesquisas, se descubrió que los clones habían adquirido independencia: vivían vidas propias cuando sus dueños no los urgían a salvar citas duplicadas. Así que volveremos al mundo anterior, de cancelaciones y decisiones.
Mis tres me miran sin entender. El timbre suena. Vienen por ellos; indico que están en la sala. El soldado me mira extrañado y apunta a mi cabeza, mirándome sin entender.

- Ruy Febén.

domingo, 14 de marzo de 2010

Besos.


Hay besos que pronuncian por sí solos
la sentencia de amor condenatoria,
hay besos que se dan con la mirada,
hay besos que se dan con la memoria.

Hay besos silenciosos, besos nobles,
hay besos enigmáticos, sinceros,
hay besos que se dan sólo las almas,
hay besos por prohibidos, verdaderos.

Hay besos que calcinan y que hieren,
hay besos que arrebatan los sentidos,
hay besos misteriosos que han dejado
mil sueños errantes y perdidos.

Hay besos problemáticos que encierran
una clave que nadie ha descifrado,
hay besos que engendran la tragedia,
cuántas rosas en broche han deshojado.

Hay besos perfumados, besos tibios
que palpitan en íntimos anhelos,
hay besos que en los labios dejan huellas
como un campo de sol entre dos hielos.

Hay besos que parecen azucenas
por sublimes, ingenuos y por puros,
hay besos traicioneros y cobardes,
hay besos maldecidos y perjuros.

Judas besa a Jesús y deja impresa
en su rostro de Dios, la felonía,
mientras la Magdalena con sus besos
fortifica piadosa su agonía.

Desde entonces en los besos palpita
el amor, la traición y los dolores,
en las bodas humanas se parecen
a la brisa que juega con las flores.

Hay besos que producen desvaríos
de amorosa pasión ardiente y loca,
tú los conoces bien son besos míos
inventados por mí, para tu boca.

Besos de llama que en rastro impreso
llevan los surcos de un amor vedado,
besos de tempestad, salvajes besos
que solo nuestros labios han probado.

¿Te acuerdas del primero? Indefinible;
cubrió tu faz de cárdenos sonrojos,
y en los espasmos de emoción terrible,
llenáronse de lágrimas tus ojos.

¿Te acuerdas que una tarde en loco exceso
te vi celoso imaginando agravios,
te suspendí en mis brazos, vibró un beso,
y qué viste después? Sangre en mis labios.

Yo te enseñe a besar: los besos fríos
son de impasible corazón de roca,
yo te enseñé a besar con besos míos
inventados por mí, para tu boca.


-Gabriela Mistral.

lunes, 8 de marzo de 2010

O’Grimm’s Sleeping Beauty



-Muy buen trabajo dirigido por Nicky Phelan estuvo nominado al Oscar como mejor corto en la categoría de Mejor Cortometraje de Animación en este 2010. Producido por Brown Bag Films, y escrito por Kathleen O'Rourke.

Está muy bueno :D

viernes, 5 de marzo de 2010

"¿Por qué reconocíamos y sentíamos tan hondamente la belleza y la justicia de los buenos propósitos, si la vida hedía a trivialidad y estaba organizada para el triunfo de la mezquinidad y lo vulgar?"

miércoles, 3 de marzo de 2010

Place des Fetes. Oliver Schmitz.

De Paris Je t'aime éste corto es de los que más me ha gustado.
Una búsqueda, y una espera que termina...

domingo, 28 de febrero de 2010

En tus brazos.

Como un mar me presenté ante ti, en parte agua y en parte sal, lo que no se puede desunir es lo que nos habrá de separar.


martes, 23 de febrero de 2010

Historia de María Magdalena al estilo de Wilde.


[Oscar Wilde] habría relatado como nadie la historia de María Magdalena, despeinada y medio desnuda, apenas salida de su largo viaje por la locura, llorando a los pies de Jesús, después de que el Rabí le quitase de la cabeza todas sus penas y el peor de sus demonios: su manía de contar mentiras.

Os contaré una historia que pasó hace tanto tiempo que bien podríamos llamarla... sagrada. Las mujeres no podían participar entonces en los asuntos de los hombres, incluso cuando eran tan libres como María Magdalena. Supongo que habéis oído hablar de ella. Había sido muy desgraciada hasta que el Rabbí Jesús le sacó del cuerpo los demonios que la hacían parecer tan bella. Y desde aquel día permaneció al lado de su Maestro: piadosa y seria, sensata y, seguramente, aburrida como todas las esposas que se olvidan de contar mentiras.

Sólo porque era una mujer no le permitieron estar con los hombres en la Última Cena. Pero no la conocían bien si pensaban que se encerraría en su casa, acobardada y sumisa. ¿Quién de aquellos pescadores iba a preparar la comida? No era lo mismo asar unos pescados en las orillas del lago de Tiberíades o repartir unos panes, que cocinar el cordero pascual con su salsa de hierbas amargas. Y fue precisamente ella, escondida en la cocina, quien preparó la cena. Aquella noche añadió a la salsa unos granos de mostaza, como al Rabbí le gustaba. Y, amparada por las sombras, se asomó disimuladamente a la puerta en el momento en que Jesús bendecía el pan y el vino. Su escondite le permitía ver perfectamente la escena, porque la puerta estaba justo... donde se escondería también Leonardo da Vinci para pintar su cuadro. A María Magdalena se le hizo un nudo en la garganta porque se dio cuenta —ya sabéis que las mujeres tienen un instinto para las tragedias— de que Jesús estaba despidiéndose de los suyos. Y se sintió incluso celosa, porque aquella tarde había salido de casa sin decirle nada a ella ni a su pobre madre.

María Magdalena tampoco pudo entrar en el huerto de Getsemaní, porque las mujeres no debían salir de noche y, menos aún, en una Pascua tan peligrosa y alborotada como aquella. Los conspiradores acechaban en todas las esquinas de Jerusalén. Bueno, digamos que María Magdalena no estuvo en Getsemaní. Pero, mientras los discípulos dormían y el Maestro estaba solo en su dolor, alguien vio una sombra que le secaba el sudor. Ella era así y, en sus años de locura, había aprendido a andar por la oscuridad, huyendo de los que tiran piedras. Jesús hablaba del Cielo, pero ella había aprendido también lo difícil que es salir del Infierno. Luego ya vino lo que todo el mundo sabe. Hizo el camino hasta el Monte de las Calaveras, acompañando a las Marías.

Cuando María Magdalena vio a Jesús en la cruz, tenso, amoratado, en las ansias de la congestión, fue ella quien pidió que le diesen vinagre. Pensó que eso podía aliviarle. Y había allí un cubo, porque los soldados romanos bebían un vino aguado y avinagrado.

El domingo, al acabar la Pascua, al despuntar la primera luz, corrió llorando hasta el sepulcro para enfrentarse sola a la Muerte, para decirle a la reina de las sombras lo que había visto cuando Jesús resucitó a Lázaro. Y, al llegar al huerto donde le habían enterrado vio algo, creyó verlo, lo vio, le vio..., lo suficiente para regresar corriendo, fuera de sí, enloquecida, y contarles una historia descabellada a los apóstoles... ¿Y sabéis qué hizo? ¡Les contó que Jesús había resucitado! Sin duda había vuelto a contar mentiras...
-Mauricio Wiesenthal

domingo, 21 de febrero de 2010

Aquí sí está cabrón.

Esta es una entrevista realizada a un miembro de la Policía Federal y su punto de vista en su trabajo.


Porfirio, de 29 años de edad, es uno de los mil 600 elementos de la Policía Federal enviados a Ciudad Juárez desde hace cuatro meses. Y así define a esta ciudad asolada por la violencia, y el pavor que implica vivir en ella:

“Aquí sí está cabrón. Están bien locos. Bien salvajes. Aquí sí da miedo. Esta es la ciudad más violenta del mundo, me cae. Hay más muertos que en Irak. Una noche nos tocaron 23 ejecutados. Eran como dos cada hora, puros levantados y aventados… Aquí toda la gente tiene temor: se ve, se siente y te lo dicen.

“Hasta uno: cuando andamos francos (en día libre), a mis compañeros les ando texteando (enviando mensajes desde su teléfono móvil) cada media hora, pa’ que sepan dónde ando… Mira, aquí en el 2002 había 155 bandas, ¿sabes cuántas hay ahora? Más de 900, para que te des una idea. ¡Imagínate: se pelean hasta por una puta calle! Está cabrón… No, aquí yo sí rezo: “Chuchito, estoy en tus manos y hágase tu voluntad. Tú sabes si hoy regreso vivo…”

Porfirio es un ex militar que tomó en el Ejército numerosos cursos de adiestramiento, como el impartido por los Gafes (Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales). Es miembro de un agrupamiento de 400 policías considerado de élite. Su mejor jefe, dice, ha sido un oficial boina verde, “un cabrón que no se andaba con chingaderas” y que, cuando iban a un operativo peligroso, reunía a la tropa y le decía:

“Yo no pongo dedo (obligar a alguien a participar). No quiero culeros. El que va se la va a rifar conmigo porque quiere… —los azuzaba, y todos iban, dice el policía federal.
Porfirio afirma que él y los suyos son los mejores en la guerra contra el narco (“somos los que más enfrentamientos tenemos, los que menos muertos tenemos y los que más resultados hemos dado”). Por ello han sido enviados a diferentes “frentes de batalla”: Michoacán, Durango, Guerrero, Tamaulipas y Chihuahua.

“Donde está caliente, ahí nos mandan”. Orgulloso, presume que participó en la detención de narcos como Jaime González Durán, El Hummer, capturado en Reynosa, Tamaulipas, en noviembre de 2008.

El Hummer es desertor del Ejército y junto con otros dos ex militares, Arturo Guzmán Decena, El Z1, y Heriberto Lazcano, El Lazca, fundó Los Zetas, brazo armado del cártel del Golfo.


Adrenalina al disparar.

El agente de élite habla, cuenta lo que siente cuando los narcos los emboscan y cae uno de los suyos: “Al que no le da miedo en estas acciones está fuera de sus cinco sentidos… Da coraje, impotencia, rencor. Y odio, porque son cobardes, no le entran de frente, y tú quisieras que dieran la cara y reventarles su madre…

También narra sus emociones al capturar, e incluso matar, a un criminal: “Vas a creer que estoy loco, pero da gusto. La adrenalina hace que no sientas nada a la hora de los balazos. Es como si no fueras tú, pero después da gusto, orgullo, desquite verlo ahí, muerto al cabrón. Y también sientes chido cuando agarras a uno vivo y le das unos chingadazos. Son asesinos seriales, no te olvides. ¿A cuántos habrán quebrado? Por ejemplo, El Hummer, ¿a cuántos mató o mandó a matar?

Porfirio, quien decidió entrar al Ejército para emular a su padre, está orgulloso de pertenecer a la Policía Federal: “Te motiva estar en una corporación chingona, que ya se ha ganado su prestigio. Nosotros sí sentimos el orgullo de la patria”, dice, y, ufano, muestra un video de 3:41 minutos con el himno de la corporación.

Luego pone otro video, de 6:51 minutos, tomado con un teléfono móvil desde la parte trasera de una camioneta policial durante un operativo (“vas a 170 kilómetros por hora y piensas: ‘Voy a llegar al lugar, pero no sé cómo voy a salir’”). Ahí se ve cómo persiguen a unos maleantes, los someten, les quitan sus armas, los golpean hasta que sangran los rostros y los interrogan.

Percibe asombro y se justifica: “¿Por qué si ellos no tienen piedad, nosotros sí vamos a tenerla?

—¿Y cuando está en combate, qué siente?

—Primero es la pura adrenalina y el miedo. Luego, vas a creer otra vez que estoy loco, pero te emocionas y disparas y disparas. Es como si no fueras tú. No mides el riesgo. Luego como que regresas a tus cinco sentidos, y dices: ‘No mames, cómo le brinqué tan cabrón, me pudieron matar’. Pero lo que yo siento es que quiero que se los cargue su pinche madre, porque esto es una guerra. Sí, es una guerra…

—¿Y la muerte?

—Mira, aquí estás jugando con la muerte a diario y lo que te rescata es entregarte a tu chamba, entender que alguien tiene que hacer el trabajo sucio, y ése eres tú…

—¿Van ganando la guerra o la van perdiendo? —se le pregunta y responde enfático.

—Yo creo que sí la vamos ganando… ¿Y sabes por qué? Porque la empezamos, y eso ya va de gane… El Presidente, no sé si sea bueno o malo, pero ha sabido enfrentar la delincuencia… Lo único que falta es que la inteligencia chambee más…

—¿Cómo se mide eso?

—Si hay tantos muertos, secuestros y levantones es porque les estamos pegando. Es una venganza de ellos…

Un policía federal en Ciudad Juárez, donde juega con la muerte a diario, y sus emociones al estar en guerra contra el narco.

Juan Pablo Becerra-Acosta [Milenio]

Al pie desde su niño.



El pie del niño aún no sabe que es pie,
y quiere ser mariposa o manzana.

Pero luego los vidrios y las piedras,
las calles, las escaleras,
y los caminos de la tierra dura
van enseñando al pie que no puede volar,
que no puede ser fruto redondo en una rama.
El pie del niño entonces
fue derrotado, cayó
en la batalla,
fue prisionero,
condenado a vivir en un zapato.

Poco a poco sin luz
fue conociendo el mundo a su manera,
sin conocer el otro pie, encerrado,
explorando la vida como un ciego.

Aquellas suaves uñas
de cuarzo, de racimo,
se endurecieron, se mudaron
en opaca substancia, en cuero duro,
y los pequeños pétalos del niño
se aplastaron, se desequilibraron,
tomaron formas de reptil sin ojos,
cabezas triangulares de gusano.
Y luego encallecieron,
se cubrieron
con mínimos volcanes de la muerte,
inaceptables endurecimientos.

Pero este ciego anduvo
sin tregua, sin parar
hora tras hora,
el pie y el otro pie,
ahora de hombre
o de mujer,
arriba,
abajo,
por los campos, las minas,
los almacenes y los ministerios,
atrás,
afuera, adentro,
adelante,
este pie trabajó con su zapato,
apenas tuvo tiempo
de estar desnudo en el amor o el sueño,
caminó, caminaron
hasta que el hombre entero se detuvo.

Y entonces a la tierra
bajó y no supo nada,
porque allí todo y todo estaba oscuro,
no supo que había dejado de ser pie,
si lo enterraban para que volara
o para que pudiera
ser manzana.


-Pablo Neruda.

jueves, 18 de febrero de 2010

La doctrina del shock.

Con al gira de documentales que presenta Ambulante viene "La doctrina del shock", para todos aquellos que no han podido verlo aquí se los dejo.


"La doctrina del shock es la historia no oficial del libre mercado. Desde Chile hasta Rusia, desde Sudáfrica hasta Canadá la implantación del libre mercado responde a un programa de ingeniería social y económica que Naomi Klein identifica como «capitalismo del desastre».


Tras una investigación de cuatro años, Klein explora el mito según el cual el mercado libre y global triunfó democráticamente, y que el capitalismo sin restricciones va de la mano de la democracia. Por el contrario, Klein sostiene que ese capitalismo utiliza constantemente la violencia, el choque, y pone al descubierto los hilos que mueven las marionetas tras los acontecimientos más críticos de las últimas cuatro décadas.

Klein demuestra que el capitalismo emplea constantemente la violencia, el terrorismo contra el individuo y la sociedad. Lejos de ser el camino hacia la libertad, se aprovecha de las crisis para introducir impopulares medidas de choque económico, a menudo acompañadas de otras forma de shock no tan metafóricas: el golpe de la porra de los policías, las torturas con electroshocks o la picana en las celdas de las cárceles.

En este relato apasionante, narrado con pulso firme, Klein repasa la historia mundial reciente (de la dictadura de Pinochet a la reconstrucción de Beirut; del Katrina al tsunami; del 11-S al 11-M, para dar la palabra a un único protagonista: las diezmadas poblaciones civiles sometidas a la voracidad despiadada de los nuevos dueños del mundo, el conglomerado industrial, comercial y gubernamental para quien los desastres, las guerras y la inseguridad del ciudadano son el siniestro combustible de la economía del shock."




La doctrina del shock consiste en crear panico entre una persona o poblacion para poder manipularla y someterla de forma voluntaria a algun tipo de imposesion. Eso es lo que normalmente hacen los gobiernos para someter a su gente a reformas impopulares que son en beneficio de un pequeño grupo y en perjucio de una poblacion entera.

Me volé la sinopsis de aquí.

"Information is shock resistence, Arm yourself".


viernes, 12 de febrero de 2010

La gente que me gusta.


Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace.

Me gusta la gente con capacidad para medir las consecuencias de sus acciones, la gente que no deja las soluciones al azar.

Me gusta la gente justa con su gente y consigo misma, pero que no pierda de vista que somos humanos y nos podemos equivocar.

Me gusta la gente que piensa que el trabajo en equipo entre amigos, produce más que los caóticos esfuerzos individuales.

Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría.

Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos serenos y razonables a las decisiones de un jefe.

Me gusta la gente de criterio, la que no traga entero, la que no se avergüenza de reconocer que no sabe algo o que se equivocó

Me gusta la gente que, al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos.

Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente, a éstos les llamo mis amigos.

Me gusta la gente fiel y persistente, que no desfallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata.

Con gente como ésa, me comprometo a lo que sea, ya que con haber tenido esa gente a mi lado me doy por bien retribuido.

-Mario Benedetti.

lunes, 8 de febrero de 2010

Es que somos muy pobres.


Aquí todo va de mal en peor. La semana pasada se murió mi tía Jacinta, y el sábado, cuando ya la habíamos enterrado y comenzaba a bajársenos la tristeza, comenzó a llover como nunca. A mi papá eso le dio coraje, porque toda la cosecha de cebada estaba asoleándose en el solar. Y el aguacero llegó de repente, en grandes olas de agua, sin darnos tiempo ni siquiera a esconder aunque fuera un manojo; lo único que pudimos hacer, todos los de mi casa, fue estarnos arrimados debajo del tejaván, viendo cómo el agua fría que caía del cielo quemaba aquella cebada amarilla tan recién cortada.

Y apenas ayer, cuando mi hermana Tacha acababa de cumplir doce años, supimos que la vaca que mi papá le regaló para el día de su santo se la había llevado el río. El río comenzó a crecer hace tres noches, a eso de la madrugada.

Yo estaba muy dormido y, sin embargo, el estruendo que traía el río al arrastrarse me hizo despertar enseguida y pegar el brinco de la cama con mi cobija en la mano, como si hubiera creído que se estaba derrumbando el techo de mi casa. Pero después me volví a dormir, porque reconocí el sonido del río y porque ese sonido se fue haciendo igual hasta traerme otra vez el sueño.

Cuando me levanté, la mañana estaba llena de nublazones y parecía que había seguido lloviendo sin parar. Se notaba en que el ruido del río era más fuerte y se oía más cerca. Se olía, como se huele una quemazón, el olor a podrido del agua revuelta.

A la hora en que me fui a asomar, el río ya había perdido sus orillas.

Iba subiendo poco a poco por la calle real, y estaba metiéndose a toda prisa en la casa de esa mujer que le dicen la Tambora. El chapaleo del agua se oía al entrar por el corral y al salir en grandes chorros por la puerta. La Tambora iba y venía caminando por lo que era ya un pedazo de río, echando a la calle sus gallinas para que se fueran a esconder a algún lugar donde no les llegara la corriente.

Y por el otro lado, por donde está el recodo, el río se debía de haber llevado, quién sabe desde cuándo, el tamarindo que estaba en el solar de mi tía Jacinta, porque ahora ya no se ve ningún tamarindo.

Era el único que había en el pueblo, y por eso nomás la gente se da cuenta de que la creciente esta que vemos es la más grande de todas las que ha bajado el río en muchos años.

Mi hermana y yo volvimos a ir por la tarde a mirar aquel amontonadero de agua que cada vez se hace más espesa y oscura y que pasa ya muy por encima de donde debe estar el puente. Allí nos estuvimos horas y horas sin cansarnos viendo la cosa aquella. Después nos subimos por la barranca, porque queríamos oír bien lo que decía la gente, pues abajo, junto al río, hay un gran ruidazal y sólo se ven las bocas de muchos que se abren y se cierran y como que quieren decir algo; pero no se oye nada. Por eso nos subimos por la barranca, donde también hay gente mirando el río y contando los perjuicios que ha hecho.

Allí fue donde supimos que el río se había llevado a la Serpentina la vaca esa que era de mi hermana Tacha porque mi papá se la regaló para el día de su cumpleaños y que tenía una oreja blanca y otra colorada y muy bonitos ojos.

No acabo de saber por qué se le ocurriría a La Serpentina pasar el río este, cuando sabía que no era el mismo río que ella conocía de a diario. La Serpentina nunca fue tan atarantada. Lo más seguro es que ha de haber venido dormida para dejarse matar así nomás por nomás.

A mí muchas veces me tocó despertarla cuando le abría la puerta del corral porque si no, de su cuenta, allí se hubiera estado el día entero con los ojos cerrados, bien quieta y suspirando, como se oye suspirar a las vacas cuando duermen.

Y aquí ha de haber sucedido eso de que se durmió. Tal vez se le ocurrió despertar al sentir que el agua pesada le golpeaba las costillas.

Tal vez entonces se asustó y trató de regresar; pero al volverse se encontró entreverada y acalambrada entre aquella agua negra y dura como tierra corrediza. Tal vez bramó pidiendo que le ayudaran.

Bramó como sólo Dios sabe cómo.

Yo le pregunté a un señor que vio cuando la arrastraba el río si no había visto también al becerrito que andaba con ella. Pero el hombre dijo que no sabía si lo había visto. Sólo dijo que la vaca manchada pasó patas arriba muy cerquita de donde él, estaba y que allí dio una voltereta y luego no volvió a ver ni los cuernos ni las patas ni ninguna señal de vaca. Por el río rodaban muchos troncos de árboles con todo y raíces y él estaba muy ocupado en sacar leña, de modo que no podía fijarse si eran animales o troncos los que arrastraba.

Nomás por eso, no sabemos si el becerro está vivo, o si se fue detrás de su madre río abajo.

Si así fue, que Dios los ampare a los dos.

La apuración que tienen en mi casa es lo que pueda suceder el día de mañana, ahora que mi hermana Tacha se quedó sin nada. Porque mi papá con muchos trabajos había conseguido a la Serpentina, desde que era una vaquilla, para dársela a mi hermana, con el fin de que ella tuviera un capitalito y no se fuera a ir de piruja como lo hicieron mis otras dos hermanas, las más grandes.

Según mi papá, ellas se habían echado a perder porque éramos muy pobres en mi casa y ellas eran muy retobadas. Desde chiquillas ya eran rezongonas. Y tan luego que crecieron les dio por andar con hombres de lo peor, que les enseñaron cosas malas. Ellas aprendieron pronto y entendían muy bien los chiflidos, cuando las llamaban a altas horas de la noche. Después salían hasta de día. Iban cada rato por agua al río y a veces, cuando uno menos se lo esperaba, allí estaban en el corral, revolcándose en el suelo, todas encueradas y cada una con un hombre trepado encima.

Entonces mi papá las corrió a las dos. Primero les aguantó todo lo que pudo; pero más tarde ya no pudo aguantarlas más y les dio carrera para la calle. Ellas se fueron para Ayutla o no sé para dónde; pero andan de pirujas.

Por eso le entra la mortificación a mi papá, ahora por la Tacha, que no quiere vaya a resultar como sus otras dos hermanas, al sentir que se quedó muy pobre viendo la falta de su vaca, viendo que ya no va a tener con qué entretenerse mientras le da por crecer y pueda casarse con un hombre bueno, que la pueda querer para siempre. Y eso ahora va a estar difícil. Con la vaca era distinto, pues no hubiera faltado quien se hiciera el ánimo de casarse con ella, sólo por llevarse también aquella vaca tan bonita.

La única esperanza que nos queda es que el becerro esté todavía vivo. Ojalá no se le haya ocurrido pasar el río detrás de su madre.

Porque si así fue, mi hermana Tacha está tantito así de retirado de hacerse piruja. Y mamá no quiere.

Mi mamá no sabe por qué Dios la ha castigado tanto al darle unas hijas de ese modo, cuando en su familia, desde su abuela para acá, nunca ha habido gente mala. Todos fueron criados en el temor de Dios y eran muy obedientes y no le cometían irreverencias a nadie.

Todos fueron por el estilo. Quién sabe de dónde les vendría a ese par de hijas suyas aquel mal ejemplo. Ella no se acuerda. Le da vueltas a todos sus recuerdos y no ve claro dónde estuvo su mal o el pecado de nacerle una hija tras otra con la misma mala costumbre. No se acuerda. Y cada vez que piensa en ellas, llora y dice: "Que Dios las ampare a las dos."

Pero mi papá alega que aquello ya no tiene remedio. La peligrosa es la que queda aquí, la Tacha, que va como palo de ocote crece y crece y que ya tiene unos comienzos de senos que prometen ser como los de sus hermanas: puntiagudos y altos y medio alborotados para llamar la atención.

-Sí -dice-, le llenará los ojos a cualquiera dondequiera que la vean. Y acabará mal; como que estoy viendo que acabará mal.

Ésa es la mortificación de mi papá.

Y Tacha llora al sentir que su vaca no volverá porque se la ha matado el río. Está aquí a mi lado, con su vestido color de rosa, mirando el río desde la barranca y sin dejar de llorar. Por su cara corren chorretes de agua sucia como si el río se hubiera metido dentro de ella.

Yo la abrazo tratando de consolarla, pero ella no entiende.

Llora con más ganas. De su boca sale un ruido semejante al que se arrastra por las orillas del río, que la hace temblar y sacudirse todita, y, mientras, la creciente sigue subiendo. El sabor a podrido que viene de allá salpica la cara mojada de Tacha y los dos pechitos de ella se mueven de arriba abajo, sin parar, como si de repente comenzaran a hincharse para empezar a trabajar por su perdición.
-Juan Rulfo.

lunes, 1 de febrero de 2010

La llamada.


La noche había sido muy larga y muy oscura.
Quería oír tu voz.
Que tus dulces palabras
me trajeran un poco de calma.
Que el cariño que sentías por mí viajara por teléfono
hacia mi corazón maltrecho y derrotado.
Quería oír tu voz y oí la de tu amante.


Luis Alberto de Cuenca.

Imagen: Susana y la muerte. Josephine Sacabo

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Me dijo Chucho -"¿Ya viste 500 days of summer?." Y yo... -No.
Y que la veo. Me había dicho que el soundtrack de la película estaba bueno, y pues total que se me acabó instalando en la cabeza el quelqu'un m'a dit de Carla Bruni. Aquí les dejo el video y el disco de la ahora esposa del presidente de Francia.

Pourtant quelqu'un m'a dit... que tu m'aimais encore.



Download Carla Bruni.Quelqu'un m'a dit.