domingo, 22 de noviembre de 2009

Señor Tejón.


Si las prioridades de la vida no son las prioridades del momento, y las del momento no son precisamente las de la vida, qué puedo decir mi vida, te he querido, tal vez, toda la vida. O quién sabe, tal vez no. Muy probablemente no.

Es fácil hacerse el desentendido, aunque nunca se me ha dado tampoco. Era una preadolescente de 3 años cuando mi hermano nació, y yo quería que se llamara Pepe. Si nuestra perra paría perritos (tal vez suene muy redundante, pero uno ya no sabe) quería que se llamaran Pepe, pero más quería que se llamara así mi hermano. Mi mamá nunca quiso, y les caía en gracia que quisiera que se llamara Pepe. Quién sabe qué fue de Pepe, era joven al igual que yo, mismo Kínder y todo, nuestras madres eran amigas así que iban a visitarnos o nosotros a ellos y jugaba felizmente con Pepe. Era un niño desproporcionado, aunque qué niño de 3 lo es, tenía una cabeza grande y el cuerpo pequeñito, su nombre real era José Alberto. Les digo que jugábamos en su o mi casa, éramos parte del mismo grupo de preprimaria, fuimos del mismo grupo con la maestra Silvia y le dábamos nuestros sándwiches a los tejones, que bajaban de los tejados por las palmeras, cuando no queríamos comer lo que nos mandaban nuestras respectivas madres, o nada mas para ver a los tejones bajar. Recuerdo que había una historia que jamás supe si era cierta o no: una niña le dio su sándwich al tejón y el ingrato, utilizando sus enormes garras, le soltó un zarpazo en la cara. Tal vez sólo era cuento para que no alimentáramos a los tejones, o quizás sí hubo niña arañada, quién sabe, pero, ahora que lo pienso... ¡¿por qué había tejones?!

El punto es que nunca fui consciente de si me gustaba Pepe o no, éramos amiguitos de siempre, de hecho la mayoría de mi tiempo lo invertía en otra gente, como en los zapatos ortopédicos de Claudia, entonces yo no entiendo por qué quería que mi hermano se llamara Pepe.

Hay veces en las que sin darnos cuenta ya nos estamos haciendo los desentendidos cuando un par de palabras, por simples o superfluas que sean, nos hacen sonreír estúpidamente o quizás hasta nos ruborizan, y te dices "¡Hey, tranquilo muchacho!" y sacudes ligeramente la cabeza tratando de que así se vaya el pensamiento endemoniado de que tal vez haya alguien enamorado. Puede ser el caso de muchos, en cambio yo, cuando un par de palabras simples o superfluas logran hacerme sonreír estúpidamente me limito a reír malévolamente.



And now, Paco smiles. y no Pepe.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Usdii.

Son como las 10 y algo, siento los ojos secos, podría ponerme mis gotitas lubricantes de ojos pero no quiero levantarme y perderme de esta incomodidad que brinda la silla que me soporta, pobre, no le queda de otra.

Casi me terminaba el café de mi taza feliz y me pregunté "¿Lista?", y claro que soy lista, bueno, no mucho, si de la clase de astucia mañosa se trata porque no se me da mucho. Copiar en exámenes nunca se me ha dado, y no por ese golpe del actuar conforme al deber ser que se me ha ido encajando en las ideas como un poema de Benedetti, o peor como una canción de Nacho Vegas, recientemente, si no porque no sé cómo se hace, carezco de la técnica; o como el juego de manos necesario para cambiar el papelito del tema que te tocó del que también carezco, o como el mentirle a tu madre para conseguir permisos o misericordia que tampoco se me da. Pero, cambiando de concepto, sí, estaba lista. Mi libro de fisiología estaba justo frente a mi con plena disposición a ser leido. Había estado leyendo blogcitos, y me dije "hace mucho que no escribo", sí estaba lista para empezar a leer, pero estaba. Hay prioridades en esta vida, pero las prioridades de la vida no son las prioridades del momento, por eso mismo hoy, siendo pasadas las diez y algo de hace un rato, con la canción de "You are my sunshine" recorriendo un maratón por mi corteza, declaro que estoy lista para estudiar después de haber escrito algo.

:D




The other night dear, as I lay sleeping
I dreamed I held you in my arms
But when I awoke, dear, I was mistaken
So I hung my head and I cried.

You are my sunshine, my only sunshine
You make me happy when skies are gray
You'll never know dear, how much I love you
Please don't take my sunshine away

I'll always love you and make you happy,
If you will only say the same.
But if you leave me and love another,
You'll regret it all some day:

You are my sunshine, my only sunshine
You make me happy when skies are gray
You'll never know dear, how much I love you
Please don't take my sunshine away

You told me once, dear, you really loved me
And no one else could come between.
But not you've left me and love another;
You have shattered all of my dreams:

You are my sunshine, my only sunshine
You make me happy when skies are gray
You'll never know dear, how much I love you
Please don't take my sunshine away

In all my dreams, dear, you seem to leave me
When I awake my poor heart pains.
So when you come back and make me happy
I'll forgive you dear, I'll take all the blame.

You are my sunshine, my only sunshine
You make me happy when skies are gray
You'll never know dear, how much I love you
Please don't take my sunshine away

jueves, 29 de octubre de 2009

La catedral del mar (fragmento).


Dicen que es el fin del mundo —se lamentó un día Arnau al entrar en su casa—. Barcelona entera ha enloquecido. Los flagelantes, se hacen llamar. —Maria estaba de espaldas a él. Arnau se sentó a la espera de que su mujer lo descalzase y continuó hablando—:Van por las calles a cientos, con el torso descubierto, gritan que se acerca el día del juicio final, confiesan sus pecados a los cuatro vientos y se flagelan la espalda con látigos. Algunos la tienen en carne viva y continúan...—
Arnau acarició la cabeza de Maria, arrodillada frente a él. Ardía—. ¿Qué...?
Buscó la barbilla de su mujer con la mano. No podía ser. Ella no.
Maria levantó unos ojos vidriosos hacia él. Sudaba y tenía el rostro congestionado. Arnau intentó levantarle más la cabeza para verle el cuello, pero ella hizo un gesto de dolor.
—¡Tú no! —exclamó Arnau.
Maria, arrodillada, con las manos en las esparteñas de su esposo, miró fijamente a Arnau mientras las lágrimas empezaban a caer por sus mejillas.
—Dios, tú no. ¡Dios! —Arnau se arrodilló junto a ella.
—Vete, Arnau —balbuceó Maria—. No te quedes junto a mí.
Arnau intentó abrazarla, pero al cogerla por los hombros, Maria volvió a hacer una mueca de dolor.
—Ven —le dijo alzándola lo más suavemente que pudo. Maria, sollozando, volvió a insistir
en que se fuera—. ¿Cómo voy a dejarte? Eres todo lo que tengo... ¡lo único que tengo! ¿Qué haría yo sin ti? Algunos se curan, Maria. Tú te curarás. Tú te curarás. —Intentando consolarla la llevó hasta la alcoba y la tumbó sobre la cama. Allí pudo ver su cuello, un cuello que recordó precioso y que ahora empezaba a ennegrecer—. ¡Un médico! —gritó abriendo la ventana y asomándose al balcón. Nadie pareció oírle. Sin embargo, aquella misma noche, cuando las bubas empezaban a adueñarse del cuello de Maria, alguien marcó su puerta con una cruz de cal.
Arnau sólo pudo poner paños de agua fría sobre la frente de Maria. Tumbada en la cama, la mujer tiritaba. Incapaz de moverse sin sufrir terribles dolores, sus sordos quejidos erizaban el vello de Arnau. Maria tenía la vista perdida en el techo. Arnau vio cómo crecían las bubas del cuello y la piel se volvía negra.
«Te quiero, Maria. ¿Cuántas veces habría querido decírtelo?» Le cogió la mano y se arrodilló junto a la cama. Así pasó la noche, agarrado a la mano de su mujer, tiritando y sudando con ella, clamando al cielo con cada espasmo que sufría Maria.
La amortajó con la mejor de las sábanas que tenían y esperó a que pasara el carro de los muertos. No la dejaría en la calle. Él mismo la entregaría a los funcionarios. Así lo hizo. Cuando oyó el cansino repiquetear de los cascos del caballo, cogió el cadáver de Maria y lo bajó hasta la calle.
—Adiós —le dijo besándola en la frente.
Los dos funcionarios, enguantados y con los rostros tapados con paños gruesos, miraron sorprendidos cómo Arnau destapaba la cara de Maria y la besaba. Nadie quería acercarse a los apestados, ni siquiera sus seres queridos, que los abandonaban en la calle o, como mucho, los llamaban a ellos para que los recogiesen en los lechos en que habían encontrado la muerte. Arnau
entregó su esposa a los funcionarios, que, impresionados, intentaron dejarla con cuidado sobre la decena de cadáveres que portaban.
Con lágrimas en los ojos, Arnau miró cómo se alejaba el carro hasta que se perdió en las calles de Barcelona.
Él sería el siguiente: entró en su casa y se sentó a esperar la muerte, deseoso de reunirse con Maria. Tres días enteros estuvo Arnau aguardando la llegada de la peste, palpándose constantemente el cuello en busca de una hinchazón que no llegaba. Las bubas no aparecieron y Arnau acabó convenciéndose de que, de momento, el Señor no lo llamaba a su lado, junto a su esposa.


-Ildefonso Falcones.

martes, 13 de octubre de 2009

A pesar dos.

Y sin embargo, al final, voy ganando… a pesar de tus palabras sin rumbo, de tus esfuerzos por humedecer los ojos, mis inundaciones y huracanes traicioneros, a pesar de mis tardes en deambule, de haberme roto las tripas para sacar desde el fondo mis ansias para hacer un coctail con tus dudas para verte a tí beber ese martini, a pesar de ser el de los detalles a tiempo, el de las palabras rítmicas y pausadas, el de los futuros a dosis lógicas, con todo y que fui el que muere de ganas y no de miedo, aún cuando soy el de los post its de frases inquietas, el de los brazos extendidos hasta la fe, el que te timbra cuando quieres y te suelta a tu antojo, el que pone en perspectiva el tiempo y te lo dibuja de cumpleaños, el que se escabulle en tu vida para dejarte sorpresas de sonrisa, el que se desentiende y clama por paz, el que emancipa y el que juega a ser aeropuerto, a pesar de ser el que enferma luego y se emborracha antes, el que vomita sobre tu recuerdo, a pesar de ser el que muerde la almohada para no llamarte, el que se saca del cajón de los recuerdos la capacidad de entendimiento en retaguardia, el que pregunta lo que no quiere saber y el que te odia en silencio, el que borra tu número finalmente, el que se aburre con esto, el que no encuentra en ningún escaparate una foto más linda que tu olor, a pesar de ser el desenterrado y el occiso y timado, el que se quedó con la versión de la soledad para luego chocar con tus dilatadas ganas en otro vaho, a pesar de ser el suscrito, el burlado y el finado, el que descree de todo y se diluye de a poco en otro lado, a pesar de más y todo esto, al final yo me voy ganando.


viernes, 9 de octubre de 2009

he sido moderadamente infeliz...





Como los erizos, ya sabeis, los hombres un dia sintieron sufrir y quisieron compartirlo.
Entonces se inventaron el amor.
El resultado fue, ya sabeis, como en los erizos.



Vivi, sufrí y amé, y todo para qué...

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Soy mi cuerpo.


Soy mi cuerpo. Y mi cuerpo está triste, está cansado.
Me dispongo a dormir una semana, un mes; no me hablen.

Que cuando abra los ojos hayan crecido los niños y todas las cosas sonrían.
Quiero dejar de pisar con los pies desnudos el frío.
Échenme encima todo lo que tenga calor, las sábanas, las mantas, algunos papeles y recuerdos, y cierren todas las puertas para que no se vaya mi soledad.

Quiero dormir un mes, un año, dormirme.
Y si hablo dormido no me hagan caso, si digo algún nombre, si me quejo.
Quiero que hagan de cuenta que estoy enterrado, y que ustedes no pueden hacer nada hasta el día de la resurrección.

Ahora quiero dormir un año, nada más dormir.


-Jaime Sabines.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Para mis septiembres y los de los demás.


[...]
cuidado que me estoy despertando
yo compatriota de ocho años
comienzo a joderme desde infante
a consolarme como si vivir mereciera consuelo

sé que estoy lleno de parientes
de primos segundos
padres equidistantes
grandes trinchantes y roperos
y cómodas sillas con abuelos
monopatines
hermanita
etcétera

tengo en la mano un naipesueño
no está mal pero sobre todo no está bien
debo acostumbrarme de una vez por todas al vacío
y asimismo a la desbordante plenitud

cuidado mundo gente cosas cuidadito
que me estoy despertando
los hermosos tucanes se balancean aún
pero en su inminente desequilibrio
ya no me miran con su ojo lateral y admonitorio

yo compatriota de ocho años
traigo una serie completa de intenciones
que incluye las celestiales y las aviesas
un estuche de intenciones
que todavía no he abierto
porque entiéndanme apenas tengo ocho años
y eso significa caramelos de mentabochones
de colores en maraña
gaudeamus varios de dulce de leche
y maestras de guardapolvo blanco
de las que estoy condenado a enamorarme
nada más que para no defraudar a freud
un baúl de propósitos que aún desconozco
pero que están seguramente en mí
como la pupila el bazo la vejiga

justamente me estoy despertando
y tengo tantas ganas de orinar
como en cualquier día que no sea mi cumpleaños

hola digo con la voz de ayer
corregida por el moho de hoy
que los cumplas muy feliz dice mamá flamenco
poniendo en la sonrisa toda su elegancia
queno es mucha
por qué será que el cariño se rodea de fluoresencias
sin embargo hay que admitir que estos besos me hacen justicia
tiernos y discontinuos besos con gusto a tanjarina
en cierto modo me siento como un precoz profesional de la dicha
aprovechate osvaldo
que el rencor se acerca como un oleaje
la tristeza como una nube de mejillas negras
la hipocresía como una campana venenosa
la soledad como la soledad
y basta.




Feliz cumpleaños.



-Mario Benedetti.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Mucho gusto.


Se habían encontrado en la barra de un bar, cada uno frente a una jarra de cerveza, y habían empezado a conversar al principio, como es lo normal, sobre el tiempo y la crisis, luego, de temas varios, y no siempre racionalmente encadenados. Al parecer, el flaco era escritor, el otro, un señor cualquiera. No bien supo que el flaco era literato, el señor cualquiera, empezó a elogiar la condición de artista, eso que llamaba el sencillo privilegio de poder escribir.
- No crea que es algo tan estupendo -dijo el Flaco-, también hay momentos de profundo desamparo en lo que se llega a la conclusión de que todo lo que se ha escrito es una basura; probablemente no lo sea, pero uno así lo cree. Sin ir más lejos, no hace mucho, junté todos mis inéditos, o sea un trabajo de varios años, llamé a mi mejor y le dije: Mira, esto no sirve, pero comprenderás que para mi es demasiado doloroso destruirlo, así que hazme un favor; quémalos; júrame que lo vas a quemar y me lo juró.
El señor cualquiera quedó muy impresionado ante aquel gesto autocrítico, pero no se atrevió a hacer ningún comentario. Tras un buen rato de silencio, se rascó la nuca y empinó la jarra de cerveza.
- Oiga, don -dijo sin pestañear-, hace rato que hemos hablado y ni siquiera nos hemos presentado, mi nombre es Ernesto Chavez, viajante de comercio y le tendío la mano.
- Mucho gusto -dijo el otro, oprimiéndola con sus dedos huesudos-, Franz Kafka para servirle.

-Mario Benedetti.

domingo, 13 de septiembre de 2009




La famosa Helen Gwynn, al salir cierto día de una casa donde había realizado una breve visita, y al disponerse a subir a su coche, vio congregado en torno al vehículo un grupo de gente, y a su lacayo todo ensangrentado y sucio. Al preguntarle Helen a qué se debía el estado en que se encontraba, el criado repuso:

―He estado luchando, señora, con un villano deslenguado que ha dicho que la señora era una ramera.

―¡Qué estúpido eres! ―respondió Mrs. Gwynn―. Por ese motivo tendrás que pelearte todos los días de tu vida, pues todo el mundo sabe que lo soy.

―¿Que lo saben? ―murmuró el hombre entre dientes, luego de haber cerrado la puerta del coche―. Muy bien, pero a pesar de ello yo no permitiré que nadie me llame el criado de una ramera.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Pausa



De vez en cuando hay que hacer
una pausa
contemplarse a sí mismo
sin la fruición cotidiana
examinar el pasado
rubro por rubro
etapa por etapa
baldosa por baldosa

y no llorarse las mentiras
sino cantarse las verdades.


-Mario Benedetti.

miércoles, 2 de septiembre de 2009





"Yo no sé, mirá, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana, se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes mientras le crece la barriga, ya es una gotaza que cuelga majestuosa y de pronto zup ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol. Pero las hay que se suicidan y se entregan en seguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran, me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós."

-El aplastamiento de las gotas, Julio Cortázar.



lunes, 24 de agosto de 2009


Luego de 50 años trabajando de sol a sol, era lógico que cuando mi abuela se jubilara perdería la razón. Antes de tres meses la pobre Tere ya no tenía memoria. Nos desconocía a todos, hasta a su cuerpo, ahora llagado y de esfínteres rebeldes.

Lo que sigue es lógico: la abuela en estado vegetal, a cuidados intermitentes de sus hijas. El departamento de Eugenia se volvió gris, en la espera lenta de una muerte en silencio.

Hasta que un día el vecino de arriba salió con demasiada prisa y dejó abierto el grifo. El techo no soportó el peso del agua y se desplomó sobre la anciana, que manchaba el último pañal de su vida. La lógica, a veces, también pierde la memoria.

Ruy Feben

miércoles, 19 de agosto de 2009

viernes, 14 de agosto de 2009


Pasarás por mi vida sin saber que pasaste.
Pasarás en silencio por mi amor, y, al pasar,
fingiré una sonrisa, como un dulce contraste
del dolor de quererte... y jamás lo sabrás.

Soñaré con el nácar virginal de tu frente;
soñaré con tus ojos de esmeralda de mar;
soñaré con tus labios desesperadamente;
soñaré con tus besos... y jamás lo sabrás.

Quizás pases con otro que te diga al oído
esas frases que nadie como yo te dirá;
y, ahogando para siempre mi amor inadvertido,
te amaré más que nunca... y jamás lo sabrás.

Yo te amaré en silencio, como algo inaccesible,
como un sueño que nunca lograré realizar,
y el lejano perfume de mi amor imposible
rozará tus cabellos... y jamás lo sabrás.

Y si un día una lágrima denuncia mi tormento,
-el tormento infinito que te debo ocultar-,
te diré sonriente: "No es nada... Ha sido el viento".
Me enjugaré la lágrima... y jamás lo sabrás.


-José Ángel Buesa.

jueves, 13 de agosto de 2009

La era digital.



En el siglo 31, un antropólogo hallará en este blog una frase que demostrará que el DF del siglo 21 no era tan salvaje. El estudioso, que ganará el honoris causa, pronunciará solemnemente el enunciado:

“El DF es el clímax de la era digital”.

Todos aplaudirán, sin saber que, igual que Lascaux, y eso del “puto el que lo lea”, y las artimañas de Tito y su dinosaurio (que todos dicen entender a cabalidad), esa frase es un trabalenguas.

Y mientras los del futuro nos imaginan con wi-fi genital y blackberrys del IMSS, no sabrán de nuestra auténtica habilidad digital: el levantamiento del dedo medio (en horas pico), que en esta ciudad logra más que el GPS más avanzado.


Ruy Feben.


martes, 11 de agosto de 2009

Uno no sabe qué puede suceder mañana y estoy más cerca de la muerte que de volver a nacer.




Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la naríz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando Corriente en todo menos en una cosa: tenía Otro Yo.

El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente , se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse imcómodo frente a sus amigos. Por otra parte el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo.

Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó el Otro Yo lloraba con desconsuelo. En el primer momento, el muchacho no supo que hacer, pero después se rehizo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero a la mañama siguiente se habia suicidado.

Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre Armando, pero enseguida pensó que ahora sí podría ser enteramente vulgar. Ese pensamiento lo reconfortó.

Sólo llevaba cinco días de luto, cuando salió la calle con el proposito de lucir su nueva y completa vulgaridad. Desde lejos vio que se acercaban sus amigos. Eso le lleno de felicidad e inmediatamente estalló en risotadas . Sin embargo, cuando pasaron junto a él, ellos no notaron su presencia. Para peor de males, el muchacho alcanzó a escuchar que comentaban: «Pobre Armando.Y pensar que parecía tan fuerte y saludable».

El muchacho no tuvo más remedio que dejar de reír y, al mismo tiempo, sintió a la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia. Pero no pudo sentir auténtica melancolía, porque toda la melancolía se la había llevado el Otro Yo.

El Otro Yo-Mario Benedetti

viernes, 7 de agosto de 2009

Canción de la lluvia.


Acaso está lloviendo también en tu ventana;
acaso esté lloviendo calladamente, así.
Y mientras anochece de pronto la mañana,
yo sé que, aunque no quieras, vas a pensar en mí.



Y tendrá un sobresalto tu corazón tranquilo,
sintiendo que despierta tu ternura de ayer.
Y, si estabas cosiendo, se hará un nudo en el hilo,
y aún lloverá en tus ojos, al dejar de llover.

José Ángel Buesa.

...


Lo planea con precisión de cirujano: se verán a las 17hrs en el restaurante, pedirán pasta y vino. Festejarán su ascenso: será caballeroso con su mujer, fraternal con su amigo. Su gesto no dejará entrever un solo rencor. Sin que nadie lo sepa, la mesa estará a nombre de Edmundo Dantés. Sonrisas, las sonrisas de siempre. Tocará en secreto la pierna de su esposa. Luego, el brindis:

- Quiero agradecerles por el apoyo, en especial a mi esposa y a mi gran amigo, por traicionarme juntos durante años.

Vendrá entonces el estupor colectivo en la mesa del señor Dantés, el silencio sorpresivo, otra sonrisa de despedida, media vuelta y un cigarrillo a la salud del olvido.

Ruy Feben


While you are away
My heart comes undone
Slowly unravels
In a ball of yarn
The devil collects it
With a grin
Our love
In a ball of yarn

He'll never return it

So when you come back
We'll have to make new love

He'll never return it

When you come back
We'll have to make new love

While you are away
My heart comes undone
Slowly unravels
In a ball of yarn
The devil collects it
With a grin
Our love, our love,
In a ball of yarn

He'll never return it

When you come back
We'll have to make new love

He'll never return it

When you come back
We'll have to make new love

He'll never return it

When you come back
We'll have to make new love

miércoles, 5 de agosto de 2009


Dios dijo:
Ama a tu prójimo como a ti mismo.
En mi país
el que ama a su prójimo
se juega la vida.


Download-Radiohead.

http://www.mediafire.com/file/jmjzzudioyj/Amnesiac.rar Amnesiac!
http://www.mediafire.com/?m2dvmjkmjvy Kid A!
http://www.mediafire.com/?qmz4kkket24 Ok Computer.
http://www.mediafire.com/?z2qoi3ntjyb Pablo Honey.

Links feos por causas desconocidas (: