miércoles, 30 de septiembre de 2009

Soy mi cuerpo.


Soy mi cuerpo. Y mi cuerpo está triste, está cansado.
Me dispongo a dormir una semana, un mes; no me hablen.

Que cuando abra los ojos hayan crecido los niños y todas las cosas sonrían.
Quiero dejar de pisar con los pies desnudos el frío.
Échenme encima todo lo que tenga calor, las sábanas, las mantas, algunos papeles y recuerdos, y cierren todas las puertas para que no se vaya mi soledad.

Quiero dormir un mes, un año, dormirme.
Y si hablo dormido no me hagan caso, si digo algún nombre, si me quejo.
Quiero que hagan de cuenta que estoy enterrado, y que ustedes no pueden hacer nada hasta el día de la resurrección.

Ahora quiero dormir un año, nada más dormir.


-Jaime Sabines.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Para mis septiembres y los de los demás.


[...]
cuidado que me estoy despertando
yo compatriota de ocho años
comienzo a joderme desde infante
a consolarme como si vivir mereciera consuelo

sé que estoy lleno de parientes
de primos segundos
padres equidistantes
grandes trinchantes y roperos
y cómodas sillas con abuelos
monopatines
hermanita
etcétera

tengo en la mano un naipesueño
no está mal pero sobre todo no está bien
debo acostumbrarme de una vez por todas al vacío
y asimismo a la desbordante plenitud

cuidado mundo gente cosas cuidadito
que me estoy despertando
los hermosos tucanes se balancean aún
pero en su inminente desequilibrio
ya no me miran con su ojo lateral y admonitorio

yo compatriota de ocho años
traigo una serie completa de intenciones
que incluye las celestiales y las aviesas
un estuche de intenciones
que todavía no he abierto
porque entiéndanme apenas tengo ocho años
y eso significa caramelos de mentabochones
de colores en maraña
gaudeamus varios de dulce de leche
y maestras de guardapolvo blanco
de las que estoy condenado a enamorarme
nada más que para no defraudar a freud
un baúl de propósitos que aún desconozco
pero que están seguramente en mí
como la pupila el bazo la vejiga

justamente me estoy despertando
y tengo tantas ganas de orinar
como en cualquier día que no sea mi cumpleaños

hola digo con la voz de ayer
corregida por el moho de hoy
que los cumplas muy feliz dice mamá flamenco
poniendo en la sonrisa toda su elegancia
queno es mucha
por qué será que el cariño se rodea de fluoresencias
sin embargo hay que admitir que estos besos me hacen justicia
tiernos y discontinuos besos con gusto a tanjarina
en cierto modo me siento como un precoz profesional de la dicha
aprovechate osvaldo
que el rencor se acerca como un oleaje
la tristeza como una nube de mejillas negras
la hipocresía como una campana venenosa
la soledad como la soledad
y basta.




Feliz cumpleaños.



-Mario Benedetti.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Mucho gusto.


Se habían encontrado en la barra de un bar, cada uno frente a una jarra de cerveza, y habían empezado a conversar al principio, como es lo normal, sobre el tiempo y la crisis, luego, de temas varios, y no siempre racionalmente encadenados. Al parecer, el flaco era escritor, el otro, un señor cualquiera. No bien supo que el flaco era literato, el señor cualquiera, empezó a elogiar la condición de artista, eso que llamaba el sencillo privilegio de poder escribir.
- No crea que es algo tan estupendo -dijo el Flaco-, también hay momentos de profundo desamparo en lo que se llega a la conclusión de que todo lo que se ha escrito es una basura; probablemente no lo sea, pero uno así lo cree. Sin ir más lejos, no hace mucho, junté todos mis inéditos, o sea un trabajo de varios años, llamé a mi mejor y le dije: Mira, esto no sirve, pero comprenderás que para mi es demasiado doloroso destruirlo, así que hazme un favor; quémalos; júrame que lo vas a quemar y me lo juró.
El señor cualquiera quedó muy impresionado ante aquel gesto autocrítico, pero no se atrevió a hacer ningún comentario. Tras un buen rato de silencio, se rascó la nuca y empinó la jarra de cerveza.
- Oiga, don -dijo sin pestañear-, hace rato que hemos hablado y ni siquiera nos hemos presentado, mi nombre es Ernesto Chavez, viajante de comercio y le tendío la mano.
- Mucho gusto -dijo el otro, oprimiéndola con sus dedos huesudos-, Franz Kafka para servirle.

-Mario Benedetti.

domingo, 13 de septiembre de 2009




La famosa Helen Gwynn, al salir cierto día de una casa donde había realizado una breve visita, y al disponerse a subir a su coche, vio congregado en torno al vehículo un grupo de gente, y a su lacayo todo ensangrentado y sucio. Al preguntarle Helen a qué se debía el estado en que se encontraba, el criado repuso:

―He estado luchando, señora, con un villano deslenguado que ha dicho que la señora era una ramera.

―¡Qué estúpido eres! ―respondió Mrs. Gwynn―. Por ese motivo tendrás que pelearte todos los días de tu vida, pues todo el mundo sabe que lo soy.

―¿Que lo saben? ―murmuró el hombre entre dientes, luego de haber cerrado la puerta del coche―. Muy bien, pero a pesar de ello yo no permitiré que nadie me llame el criado de una ramera.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Pausa



De vez en cuando hay que hacer
una pausa
contemplarse a sí mismo
sin la fruición cotidiana
examinar el pasado
rubro por rubro
etapa por etapa
baldosa por baldosa

y no llorarse las mentiras
sino cantarse las verdades.


-Mario Benedetti.

miércoles, 2 de septiembre de 2009





"Yo no sé, mirá, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana, se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes mientras le crece la barriga, ya es una gotaza que cuelga majestuosa y de pronto zup ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol. Pero las hay que se suicidan y se entregan en seguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran, me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós."

-El aplastamiento de las gotas, Julio Cortázar.



lunes, 24 de agosto de 2009


Luego de 50 años trabajando de sol a sol, era lógico que cuando mi abuela se jubilara perdería la razón. Antes de tres meses la pobre Tere ya no tenía memoria. Nos desconocía a todos, hasta a su cuerpo, ahora llagado y de esfínteres rebeldes.

Lo que sigue es lógico: la abuela en estado vegetal, a cuidados intermitentes de sus hijas. El departamento de Eugenia se volvió gris, en la espera lenta de una muerte en silencio.

Hasta que un día el vecino de arriba salió con demasiada prisa y dejó abierto el grifo. El techo no soportó el peso del agua y se desplomó sobre la anciana, que manchaba el último pañal de su vida. La lógica, a veces, también pierde la memoria.

Ruy Feben

miércoles, 19 de agosto de 2009

viernes, 14 de agosto de 2009


Pasarás por mi vida sin saber que pasaste.
Pasarás en silencio por mi amor, y, al pasar,
fingiré una sonrisa, como un dulce contraste
del dolor de quererte... y jamás lo sabrás.

Soñaré con el nácar virginal de tu frente;
soñaré con tus ojos de esmeralda de mar;
soñaré con tus labios desesperadamente;
soñaré con tus besos... y jamás lo sabrás.

Quizás pases con otro que te diga al oído
esas frases que nadie como yo te dirá;
y, ahogando para siempre mi amor inadvertido,
te amaré más que nunca... y jamás lo sabrás.

Yo te amaré en silencio, como algo inaccesible,
como un sueño que nunca lograré realizar,
y el lejano perfume de mi amor imposible
rozará tus cabellos... y jamás lo sabrás.

Y si un día una lágrima denuncia mi tormento,
-el tormento infinito que te debo ocultar-,
te diré sonriente: "No es nada... Ha sido el viento".
Me enjugaré la lágrima... y jamás lo sabrás.


-José Ángel Buesa.

jueves, 13 de agosto de 2009

La era digital.



En el siglo 31, un antropólogo hallará en este blog una frase que demostrará que el DF del siglo 21 no era tan salvaje. El estudioso, que ganará el honoris causa, pronunciará solemnemente el enunciado:

“El DF es el clímax de la era digital”.

Todos aplaudirán, sin saber que, igual que Lascaux, y eso del “puto el que lo lea”, y las artimañas de Tito y su dinosaurio (que todos dicen entender a cabalidad), esa frase es un trabalenguas.

Y mientras los del futuro nos imaginan con wi-fi genital y blackberrys del IMSS, no sabrán de nuestra auténtica habilidad digital: el levantamiento del dedo medio (en horas pico), que en esta ciudad logra más que el GPS más avanzado.


Ruy Feben.


martes, 11 de agosto de 2009

Uno no sabe qué puede suceder mañana y estoy más cerca de la muerte que de volver a nacer.




Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la naríz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando Corriente en todo menos en una cosa: tenía Otro Yo.

El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente , se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse imcómodo frente a sus amigos. Por otra parte el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo.

Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó el Otro Yo lloraba con desconsuelo. En el primer momento, el muchacho no supo que hacer, pero después se rehizo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero a la mañama siguiente se habia suicidado.

Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre Armando, pero enseguida pensó que ahora sí podría ser enteramente vulgar. Ese pensamiento lo reconfortó.

Sólo llevaba cinco días de luto, cuando salió la calle con el proposito de lucir su nueva y completa vulgaridad. Desde lejos vio que se acercaban sus amigos. Eso le lleno de felicidad e inmediatamente estalló en risotadas . Sin embargo, cuando pasaron junto a él, ellos no notaron su presencia. Para peor de males, el muchacho alcanzó a escuchar que comentaban: «Pobre Armando.Y pensar que parecía tan fuerte y saludable».

El muchacho no tuvo más remedio que dejar de reír y, al mismo tiempo, sintió a la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia. Pero no pudo sentir auténtica melancolía, porque toda la melancolía se la había llevado el Otro Yo.

El Otro Yo-Mario Benedetti

viernes, 7 de agosto de 2009

Canción de la lluvia.


Acaso está lloviendo también en tu ventana;
acaso esté lloviendo calladamente, así.
Y mientras anochece de pronto la mañana,
yo sé que, aunque no quieras, vas a pensar en mí.



Y tendrá un sobresalto tu corazón tranquilo,
sintiendo que despierta tu ternura de ayer.
Y, si estabas cosiendo, se hará un nudo en el hilo,
y aún lloverá en tus ojos, al dejar de llover.

José Ángel Buesa.

...


Lo planea con precisión de cirujano: se verán a las 17hrs en el restaurante, pedirán pasta y vino. Festejarán su ascenso: será caballeroso con su mujer, fraternal con su amigo. Su gesto no dejará entrever un solo rencor. Sin que nadie lo sepa, la mesa estará a nombre de Edmundo Dantés. Sonrisas, las sonrisas de siempre. Tocará en secreto la pierna de su esposa. Luego, el brindis:

- Quiero agradecerles por el apoyo, en especial a mi esposa y a mi gran amigo, por traicionarme juntos durante años.

Vendrá entonces el estupor colectivo en la mesa del señor Dantés, el silencio sorpresivo, otra sonrisa de despedida, media vuelta y un cigarrillo a la salud del olvido.

Ruy Feben


While you are away
My heart comes undone
Slowly unravels
In a ball of yarn
The devil collects it
With a grin
Our love
In a ball of yarn

He'll never return it

So when you come back
We'll have to make new love

He'll never return it

When you come back
We'll have to make new love

While you are away
My heart comes undone
Slowly unravels
In a ball of yarn
The devil collects it
With a grin
Our love, our love,
In a ball of yarn

He'll never return it

When you come back
We'll have to make new love

He'll never return it

When you come back
We'll have to make new love

He'll never return it

When you come back
We'll have to make new love

miércoles, 5 de agosto de 2009


Dios dijo:
Ama a tu prójimo como a ti mismo.
En mi país
el que ama a su prójimo
se juega la vida.


Download-Radiohead.

http://www.mediafire.com/file/jmjzzudioyj/Amnesiac.rar Amnesiac!
http://www.mediafire.com/?m2dvmjkmjvy Kid A!
http://www.mediafire.com/?qmz4kkket24 Ok Computer.
http://www.mediafire.com/?z2qoi3ntjyb Pablo Honey.

Links feos por causas desconocidas (:

jueves, 30 de julio de 2009

Ruta interior.


Hay momentos en que nuestras acciones -el ir de aquí para allá, el hacer esto o aquello- se desenvuelven de modo tan fácil y libre que nos parece como si todo pudiera ser de otro modo. En otros momentos, en cambio, todo aparece como rígido e inmutable, como si nada fuera libre o fácil y hasta nuestra respiración parece determinada por poderes extraños y por un destino fatal.



Las acciones llamadas "buenas" y de las cuales hablamos con placer, corresponden en general a ese tipo "fácil" y son las que olvidamos rápidamente. En cambio, los actos cuya evocación nos molesta, nunca llegamos a olvidarlos. En cierto sentido, son más nuestros que los otros, y llegan a proyectar sombras que se prolongan sobre todos los días de nuestra vida.


-Hermann Hesse.

sábado, 25 de julio de 2009

Instrucciones. Ejemplos sobre la forma de tener miedo.



En un pueblo de Escocia venden libros con una página en blanco perdida en algún lugar del volumen.
Si un lector desemboca en esa página al dar las tres de la tarde, muere.
En la plaza del Quirinal, en Roma, hay un punto que conocían los iniciados hasta el siglo XIX, y desde el cual, con luna llena, se ven moverse lentamente las estatuas de los Dióscuros que luchan con sus caballos encabritados.
En Amalfí, al terminar la zona costanera, hay un malecón que entra en el mar y la noche. Se oye ladrar a un perro más allá de la última farola.
Un señor está extendiendo pasta dentrífica en el cepillo. De pronto ve, acostada de espaldas, una diminuta imagen de mujer, de coral o quizá de miga de pan pintada.
Al abrir el ropero para sacar una camisa, cae un viejo almanaque que se deshace, se deshoja, cubre la ropa blanca con miles de sucias mariposas de papel.
Se sabe de un viajante de comercio a quien le empezó a doler la muñeca izquierda, justamente debajo del reloj de pulsera. Al arrancarse el reloj, saltó la sangre: la herida mostraba la huella de unos dientes muy finos.
El médico termina de examinarnos y nos tranquiliza. Su voz grave y cordial precede los medicamentos cuya receta escribe ahora, sentado ante su mesa. De cuando en cuando alza la cabeza y sonríe, alentándonos. No es de cuidado, en una semana estaremos bien. Nos arrellanamos en nuestro sillón, felices, y miramos distraídamente en torno. De pronto, en la penumbra debajo de la mesa vemos las piernas del médico. Se ha subido los pantalones hasta los muslos, y tiene medias de mujer.

Julio Cortázar.

jueves, 23 de julio de 2009

La calle de la gran ocasión (fragmento)

Listening to the Earth
ParkeHarrison, Robert and Shana, b.1968/64
21st Journal of Contemporary Photography Vol. II, 1999
21.6 x 16.5 cm


DRAGÓN: No puedo ni siquiera imaginar cómo te has atrevido a entrar en este bosque. No sé qué decirte porque sin duda ya estás enterada del destino que corren todos los que se atreven. O no aprecias la vida o eres el descuido mismo. ¿Nadie te advirtió lo que podía sucederte?
MARTA: Algo me dijeron.
DRAGÓN: Sin embargo, aquí estás. Prepárate. Piensa tu último pensamiento y procura que valga la pena, así tal vez te reconcilies con la idea de lo que te sucederá.
MARTA: Estoy pensándolo.
DRAGÓN: Supongo que sabes que voy a devorarte.
MARTA: ¿Te gusta devorar?
DRAGÓN: Me es indiferente, pero así vivo. Me gusta vivir.
MARTA: A mí también me gusta vivir.
DRAGÓN: No lo parece. ¿Ya estás lista?
MARTA: Sí.
DRAGÓN: ¡Con qué tranquilidad lo dices!
MARTA: ¿Qué esperas?
DRAGÓN: Nada. No sé. Dime, qué pensaste.
MARTA: En ti. Intensamente.
DRAGÓN:¡En mí! ¿Qué pensaste en mí?
MARTA: Que al fin te había encontrado.
Llevo muchos años de pensar. Primero, pensé que lo mejor que podía sucederme era hallar un pastor; uno que se tendiera al sol sobre la hierba y tuviera los cabellos enmarañados y olorosos a campo. Luego, un tiempo después, pensé en un príncipe con los ojos como dos violetas y los cabellos negros... y una espada que brillara con relámpagos deslumbradores. Pero cuando supe que en el bosque había un dragón, mitad hombre, mitad pez, con las alas relucientes y una lengua de fuego, no pude pensar más que en él. Hace noches y noches que pienso en ti. Hasta que hoy al atardecer, decidí venir en tu busca. Te he visto y estoy satisfecha... eres más hermoso de lo que pensaba.
DRAGÓN: Y estás dispuesta a dejarte devorar. ¿No sientes miedo? MARTA: Mucho miedo. Pero como tú dijiste antes, en el fondo me es indiferente. Lo hice para vivir. Tus alas son tornasoladas y el fuego de tu lengua es azul.
DRAGÓN: Me espantas. Por las noches apenas puedo descansar pensando que pronto vendrá una escuadra de jóvenes armados dispuestos a despedazarme. Vivo en acecho... y ahora se presenta una joven envuelta en una túnica que sostiene con un cinturón hecho de cuerdas... ¿No habré sido para ti el monstruo que aparentemente vive en todos los sueños?
MARTA: Eres un sueño. Un sueño muy hermoso. Y tú, ¿no pensabas en nadie?
DRAGÓN: Los seres como yo tenemos alucinaciones. Veo sirenas verdes y gaviotas y mujeres con caudas. A veces una reina con una alta corona bárbara y enjoyada.
MARTA: ¡Qué lástima que no soy una reina!
DRAGÓN: Tú no eres una alucinación.
MARTA: Es lástima. Devórame.
DRAGÓN: No tengas prisa. Esos cabellos rubios tan largos son... ¿son suaves?
MARTA: Tócalos.
DRAGÓN: Te quemaría. Mi fuego azul consume todo lo que toca.
MARTA: Así son las cosas extraordinarias: pueden poseerse pero nunca nos tocan. Un día, va a venir a buscarte una escuadra de jóvenes armados y...
DRAGÓN: Acabaré con ellos. No está escrito que nadie me destruya a parte de mí mismo. ¿Sabes una cosa? Yo conozco el sabor de la carne, pero no el tacto.
MARTA: La carne es suave, dulce, tibia. Imagínatela, es como el viento a las doce de la noche. Es como cuando tu bosque cae en silencio, pero tú sabes que vive y te acaricia. Devórame.
DRAGÓN: No.
MARTA: No podré regresar a mi casa. Me habían prohibido entrar al bosque y al hacerlo me lancé a una gran aventura. ¿Cómo volver?
DRAGÓN: Comerías nueces y hongos. El bosque es como dices, tibio y acogedor. En algunos lugares crecen flores amarillas. Te bañarías en el arroyo... Quisiera tocarte y no puedo.
MARTA: Devórame.
DRAGÓN:
No. No.
MARTA: ¿Qué te sucede?
DRAGÓN: Mi destino se cumple y yo me alegro.
MARTA: No sé qué dices.
DRAGÓN: Digo lo mismo que pensaste tú antes de entrar al bosque. Lo mismo que has repetido tantas veces. Destrúyeme, lo hago para vivir. Obedéceme.
MARTA: ¿Qué quieres que yo haga?
DRAGÓN: Desata la cuerda que llevas a la cintura, átala alrededor de mi cuello y llévame contigo a donde vayas.
MARTA: Obedezco.

-Luisa Josefina Hernández.

lunes, 20 de julio de 2009

Conciliar el sueño.


Lo que ocurre, doctor, es que en mi caso, los sueños vienen por ciclos temáticos. Hubo una época en la que soñaba con inundaciones. De pronto los ríos se desbordaban y anegaban los campos, las calles, las casas y hasta mi propia cama. Fíjense que en mis sueños aprendía a nadar y gracias a eso sobreviví a las catástrofes naturales. Lamentablemente, esa habilidad tuvo una vigencia sólo onírica, ya que un tiempo después pretendí ejercerla, totalmente despierto, en la piscina de un hotel y estuve a punto de ahogarme.
Luego vino un periódo en que soñé con aviones. Más bien, con un solo avión, porque siempre era el mismo. La azafata era feúcha y me trataba mal. A todos les daba champan, menos a mí. Le pregunté por qué y ella me miró con un rencor largamente prolongado y me contestó: «Vos sabés bien por qué». Me sorprendió tanto aquel tuteo que casi me despierto. Además, no imaginaba a qué podía referirse. En esa duda estaba cuando el avión cayó en un pozo de aire y la azafata feúcha se desparramó en el pasillo, de tal manera que la minifalda se le subió y pude comprobar que abajo no llevaba nada. Fue precisamente ahí cuando me desperté, y, para mi sorpresa, no estaba en mi cama de siempre sino en un avión, fila 7 asiento D, y una azafata con rostro de Gioconda me ofrecía en inglés básico una copa de champán. Como ve, doctor, a veces los sueños son mejores que la realidad y también viceversa. ¿Recuerda lo que dijo Kant? «El sueño es un arte poético involuntario.»
En otra etapa soñé reiteradamente con hijos. Hijos que eran míos. Yo que soy soltero y no los tengo ni siquiera naturales. Con el mundo como está. Me parece un acto irresponsable concebir nuevos seres. ¿Usted tiene hijos? ¿Cinco? Excuse me. A veces digo cada pavada.
Los niños de mis sueños eran bastante pequeños. Algunos gateaban y otros se pasaban la vida en el baño. Al parecer, eran huérfanos de madre, ya que ella jamás aparecía y los niños no habían aprendido a decir mamá. En realidad, tampoco me decían papá, sino que en su media lengua me decían «turco». Tan luego a mí, que vengo de abuelos coruñeses y bisabuelos lucenses. «Turco vení», «Turco, quero la papa», «Turco, me hice pipí». En uno de esos sueños, bajaba yo por una escalera medio rota, y zas, me caí. Entonces el mayorcito de mis nenes me miró sin piedad y dijo: «Turco, jodete». Ya era demasiado, así que desperté de apuro a mi realidad sin angelitos.
En un ciclo posterior de fútbol soñado, siempre jugué de guardameta o golero o portero o goalkeeper o arquero. Cuántos nombres para una sola calamidad. Siempre había llovido antes del partido, así que las canchas estaban húmedas y era inevitable que frente a la portería se formara un laguito. Entonces aparecía algún delantero que me fusilaba con ganas y en primera instancia yo atajaba, pero en segunda instancia la pelota mojada se escabullía de mis guantes y pasaba muy oronda la línea de gol. A esa altura del partido (nunca mejor dicho), yo anhelaba con fervor despertarme, pero todavía me faltaba escuchar cómo la tribuna a mis espaldas me gritaba unánimemente: traidor, vendido, cuánto te pagaron y otras menudencias.
En los últimos tiempos mis aventuras nocturnas han siso invadidas por el cine. No por el cine de ahora, tan venido a menos, sino por el de antes, aquél que nos conmovía y se afincaba en nuestras vidas con rostros y actitudes que eran paradigmas. Yo me dedico a soñar con actrices. Y qué actrices: digamos Marilyn Monroe, Claudia Cardinale, Harriet Anderson, Sonia Braga, Catherine Deneuve, Anouk Aimée, Liv Ullmann, Glenda Jackson y otras maravillas. (A los actores, mi Morfeo no les otorga visa.) Como ve, doctor, la mayoría son veteranas o ya no están, pero yo las sueño como aparecían en las películas de entonces. Verbigracia, cuando le digo a Claudia Cardinale, no se trata de la de ahora (que no está mal) sino la de La ragazza con la valiglia, cuando tenía 21. Marilyn, por ejemplo, se me acerca y me dice en un tono tiernamente confidencial: «I don't love Kennedy. I love you. Only you». Sepa usted que en mis sueños las actrices hablan a veces en versión subtitulada y otras veces dobladas al castellano. Yo prefiero los subtítulos, ya que una voz como la de Glenda Jackson o la de Catherine Deneuve son insustituibles.
Bueno, en realidad vine a consultarle porque anoche soñé con Anouk Aimée, no la de ahora (que tampoco está mal) sino la de Montparnasse 19, cuando tenía unos fabulosos 26 años. No piense mal. No la toqué ni me tocó. Simplemente se asomó por una ventana de mi estudio y sólo dijo (versión doblada): «Mañana de noche vendré a verte, pero no a tu estudio sino a tu cama. No lo olvides». Como voy a olvidarlo. Lo que yo quisiera saber, doctor, es si los preservativos que compro en la farmacia me servirán en sueños. Porque ¿sabe? no quisiera dejarla embarazada.

-Mario Benedetti.

domingo, 19 de julio de 2009

Instrucciones para llorar.

Instrucciones para llorar. Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.

-Julio Cortázar